Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

4 jul. 2015

Orgullo


Esta es la historia de Víctor, Paco y Manuel.
Tres hombres, tres homosexuales, tres para hoy.

El uno, Víctor, forma parte de la cabalgada de las calles madrileñas, todo flores, todo colores, todo papelitos que caen del cielo azul, el aire trae perfumes de cerveza espumosa y resuena la música disco -de los "In the Navy"- mientras el inmenso cortejo desfila ataviado con todo tipo de plumas, disfraces y carrozas decoradas al estilo de la Semana Santa cristiana. Alzado sobre sus zuecos contempla la boa rosa que se desliza sobre el asfalto, eufórico. Saluda a las multitudes que se agolpan tras las vallas, bailando detrás de sus gafas de sol y sus sombreros de paja veraniega, tinto de verano en mano. Cuatro lágrimas escapan de sus ojos, emocionado... y se siente realizado paseando el modelito que compró expresamente para la ocasión. Está orgulloso; jamás pensaría que no es más que un eslabón.

El segundo es Paco, que también contempla el festejo de las calles madrileñas. A diferencia del vulgo a pie de pista, él está en un balcón de autoridades, degustando champán francés y picando olivas rellenas. Su sonrisa no es menor que la de quienes se amontonan abajo, en la rúe: viendo las banderas que cuelgan de los ayuntamientos, las comisarías, el ático del nuncio y los ventanales del jardín de infancia, se siente realizado y feliz. Desde balcones como el que hoy preside, ha pronunciado innumerables apologías en favor de la "liberación" que promueve su lobby, ideología que ha de erradicar las rémoras de un pasado oscurantista y cavernario cuyos ídolos y reliquias están siendo vejados en nombre de la fiesta del respeto. Está orgulloso; jamás pensó que fuera tan fácil ver al vulgo impregnado de odio y venganza.

Manuel, el tercero, está sudando la gota gorda mientras pone cañas en un puto chiringuito de playa a 35º Celsius. A intervalos, en la TV de media pulgada que tiene en una esquina, aparecen imágenes del jolgorio de las calles madrileñas, pero ni las mira. No tiene tiempo que perder con tanto cambio de barril y tanta bolsa de patatas fritas. No hay disfraces, apenas baile y, por descontado, sobre su cabeza no se observan los hilos con los que el lobby rosa maneja los quehaceres de sus marionetas y los demás peones de la sociedad del futuro neutro.

Su vida no es un carnaval, y las penas no se van cantando.
Eso sí, también él está orgulloso. 

4 comentarios:

Javier Tellagorri dijo...

Es lo que suele suceder : por muy maricón o muy de Logia Masónica que seas, unos tienen cargos y dinero y otros NO. Y al final el "orgullo", modo de decir el complejo que tienen,lo disfrutan los pocos de siempre.
Habrá que hacer un estricto listado de quienes aún no somos ni maricones ni tortilleras a los efectos oportunos de organizar nuestro DESFILE de sguir siendo seres normales. Con más o menos taras, pero normales.

Agustin dijo...

Un tema algo delicado para hincarle el diente.Yo siempre soy de la opinion que en el asunto de la sexualidad,ni Dios ni el Estado

Herep dijo...

Pasa con este tema lo mismo que sucede en todos los campos que la vida abarca: si eres del rebaño, todo te está permitido (y justificado). Si, por contra, no comulgas con las ruedas de molino que impone la corrección política del lobby, puedes darte por colgado de la más alta grúa.

Un saludo, don Javier.

Herep dijo...

Pocas veces sucede lo que apuntas en tu comentario, Agustín.
El caramelo, pero, es demasiado goloso como para dejarlo pasar, amigo.

Un abrazo.