Estos días pasados se está sobando y manoseando la idea de
que la Iglesia… ese ente… rebusque algunas monedillas en los bolsillos de sus
pantalones para satisfacer el pago del Impuesto
de Bienes e Inmuebles (vulgarmente conocido como IBI).
Nada… cuatro monedas de Euro… miseria… Según tengo
entendido, tal limosna representaría tanto como la propina con la que nuestra
casta política obsequia a la escotada camarera del día tras la ingesta de los
correspondientes cafés matutinos. Pecata Minuta. Calderilla depositada en el cepillo
dominical. Monedas de cobre que, tras caer al suelo, no encuentran a nadie que
quiera realizar el esfuerzo de recogerlas.
Nosotros, en El
Ejército de los 12 Monos, no estamos a favor de pagar impuestos.
Pero claro, como el Mundo en el que vivimos es el que es,
debemos cumplir con el fisco porque, como sabéis, “Hacienda somos todos”… de la misma forma que “la Ley es igual para todos”.
Y como somos todos, la progrez… ese invento… ha puesto el
grito en el cielo, como cada primero de mes. Aferrado a su innato anticlericalismo,
han iniciado una ofensiva para que la Iglesia pague impuestos por sus inmuebles.
Para ellos será el Reino de los Cielos,
pero aquí, en la Tierra del Progreso, toca pagar, coño.
Los bastardos de la Viuda son así.
Cuando su voz es más insignificante que el suspiro de una
rata, esgrimen la bandera de la Nueva Fe, renegando y maldiciendo aquella que
ha imperado en España desde el mediodía de los Tiempos. Ellos son quienes
profanaron las sepulturas de desconocidas monjas, quemaron iglesias y monasterios
e hicieron que España se alzase al Top 5 de los países con más mártires
católicos de la Historia. Los mismos son. Y en lo mismo están.
Con ese rostro maquiavélico del que disfrutan, se ponen
estupendos hablando del dinero que “no
aporta la Iglesia” debido a sus privilegios de clase. Ante la ciudadanía,
hipnotizada por La Noria o el rescate a Bankia, se muestran como los paladines
de la igualdad impositiva… garantes de los más oprimidos… justicieros en este
lejano Oeste en el que se ha transformado la Península Ibérica.
Ja.
No quiero extenderme en el tema, pues está muy trillado.
Existen cientos de Monos que han colocado los puntos sobre las íes… explicando
quién, además de la Iglesia, no paga el maldito IBI… y, mira tú por dónde, son
muchas los sujetos pasivos que no aflojan la mosca contributiva. Partidos
políticos, sindicatos, ONG’s, Federaciones Deportivas, Ministerios… una lista
interminable en la que, como siempre, no aparece ningún ciudadano de a pie.
Hacienda somos todos…
los pringados, añadiría yo.
Ayer tarde, anunciando malos augurios, se presentaron las
nubes negras con un presente para El
Ejército de los 12 Monos… tarará…
tarará… tarará, tachán… ¿Qué será? ¿Alguna buena noticia? ¿Un aviso de
ajusticiamiento al amanecer? ¿La pastilla roja que nos liberará del Mátrix
hispano? ¿La Libertad divina?....
No.
La gaviota portaba, en su pico, ¡el IBI del Cuartel General!
Y, como no podía ser de otra forma, los Monos, más monos que nunca, se subieron
inmediatamente por las paredes del inmueble.
Aún ahora siguen desgarrando las cortinas.
Porque, amigos, en papel cartón con el logotipo del
Ayuntamiento, venía enfundada una daga de afilado filo y reluciente acero, bien
dispuesta a hundirse en los lomos del contribuyente… eterno contribuyente… y no
es una contribución cuyas monedas quepan en el bolsillo de un pantalón, no… ni
en los cepillos que Domingo sí y Domingo también se pasean por las iglesias,
no…
La nuestra, Monos, es una contribución como Dios manda. El
Dios Estado, aclaremos. Ése que, sentado a la derecha, en el centro y a la
izquierda, en tan particular Olimpo, no desiste en su empeño de enviarnos mortales
rayos tormentosos con membrete y número de cuenta oficial.
Venga a ti el pan
nuestro de cada día… Oh, mi Señor y Amo…
Nuestro Cuartel General… de apenas 120m2, situado
en una localidad tarraconense cercana al Mare
Nostrum que no alcanza los 20.000 habitantes… contribuye a las arcas
municipales con una dádiva de 631€ anuales… por cuatro paredes casi vacías de muebles,
sin jardín botánico exterior… rodeado de calles, locutorios de inmigrantes,
viejos pisos realquilados a cien inquilinos, doce bares, la mitad de papeleras...
sin fuentes… ¡Bien limpio de privilegios
o lujos de barrio residencial, oigan!
La verdad, no he
querido ni compararlo con los diezmos que, en otros similares municipios, se
estarán aportando en nombre de esa Hacienda común e igualitaria… y Divina.
Pero lo que sí pude hacer, a pesar del temblor que se
apoderó de mis piernas, fue comprobar qué se había pagado el año anterior. Mi
sorpresa, reconozcámoslo, no fue tal. Aunque la baba espumosa se amontonaba en
la comisura de mis labios y mis venas se hinchaban hasta igualarse en tamaño a
las que, subterráneamente, surcan mediante corriente eléctrica las entrañas de
las grandes ciudades… no me sentía para nada sorprendido.
España… nuestra España… ya no puede sorprenderme. Al igual
que los humoristas de la tercera edad, su repertorio de chismes y chistes está
más que quemado. La risa, con la edad, se torna llanto y silencio.
2011. 554,39€
2012. 631,32€… (me dejaba 32 céntimos. Perdón, inspectores. Fue sin querer)
Un suculento aumento del 14%.
Una canallada… una puñalada trapera… una jugada maestra de
un Ayuntamiento miserable e infectado de ratas. Otra Administración de nuestra
querida España infectada por el virus de la Peste Negra… Negra Parca a lomos de
las más grandes ratas de la alcantarilla… las locales, a la vista de todos…
vecinas de panadería y fonda.
Corruptas hasta la médula, las Administraciones Locales…
corruptas.
Así que, Monos, aquí estamos… Con una contribución abusiva,
hija del más miserable y rastrero bastardo municipal, incrementando en un 14%
nuestra aportación al ente público… fantasmagórico ente… cuando, de media, el
valor de las viviendas ha decrecido un 30% en la provincia. Aquí estamos,
Monos, pagando más por aquello que hoy vale menos… por mucho que, recordando y
rememorando viejos tiempos no tan lejanos, se nos aparezca ante los ojos el
tuerto rostro del Ministro Solbes, apremiándonos a comprar… con su estribillo “la vivienda es una inversión segura… de
futuro… siempre sube la puja… ¡Especulemos!”
Para más inri, la madriguera apellidada Ayuntamiento Municipal sito en un pueblo cercano a la costa del Mare
Nostrum, más coqueta que nadie… antes muerta que sin silla… se vanagloria de
ser la “única Administración del los
Reinos de las Españas (gobierna CiU, faltaría) que no tiene Contribuciones
Especiales”. Así. Tan pancho. Cuando se arregla una calle, todo el pueblo
paga. Cuando se peatonaliza el centro, las afueras pagan. Cuando se arregla la
acera del militante, toda la oposición paga. Y, aunque no se haga nada, aquí
paga todo el mundo.
Socializando, que es gerundio.
De tal guisa, con un café frío y un panfleto municipal en la
mano, me veo esta mañana de martes. A mi alrededor, todo son gritos y exabruptos…
platos rotos, cortinas hechas harapos, globos de agua disparados desde las
ventanas… ¡Ladrones!, gritan algunos
aferrados con fuerza a las lámparas del techo. ¡Miserables!, gritan otros.
¡Ratas!... gritan
12… al unísono.
Al fondo, en una copia barata del famoso crucificado de Dalí,
un hombre con la cabeza gacha sigue sumido en su eterna pena. No sé si será el
café, el incipiente dolor en el bajo vientre o la atmósfera alucinógena que
puebla el Cuartel General… pero hoy… no sé… quizá hoy comprenda, y comparta, el
dolor que transpira su figura.
Hoy, quizá, también a Él le llegó una carta, daga afilada, pidiéndole
cuentas por sus Bienes Inmuebles…
… y agacha la cabeza para que, educadamente, no le veamos
escupir blasfemias.



