Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

27 mar. 2017

Bailando al corro


De nuevo en el cuartel, constato que sigue sonando la misma música.
Ni los barrigazos por el salvaje paisaje del maestrazgo ni las largas marchas cargando el petate han obrado el milagro: la realidad se impone, ruda y acompasada, ritmo tres por cuatro, pam, pam, pam.
Deberían haber sido un par de días, deberíamos haber sufrido -quizá- lo más cerca que estaremos nunca de la alienación del proletariado, el vacío mental, un nirvana rodeado de gallinas, un gato gordo y la mansedumbre -y vejez- hecha perro, porque can era el sanbernardo que paseaba, arriba y abajo, como un sereno mal jubilado, pero... por aquí... por allí... en las descripciones de una Historia revisada, acaudillada de castillos medievales y proezas heroicas... en los museos, las escuelas y el pregón de la casa grande, el anschluss, amenizándolo todo con sus notas, ha borrado de un plumazo las aspiraciones misantrópicas de esta milicia de simios venidos a más.
El anschluss... la infestación... la Administración por entero, como foco irradiador. Sea mediante la cabeza de la normalización lingüística, sea la de la claudicación cultural, la tergiversación historiográfica o la prostitución intelectual, el Poder... esa hidra de siete cabezas, hideputa engendrada por bastardos... campa a sus anchas por las calles de piedra de las ciudades, y ha llegado, también, al valle.
La misma música, idénticas sonrisas, algunos lloran.
Y todos la bailan.

24 mar. 2017

Cine club




22 mar. 2017

El rastrillo



Yo compro ropa, luego la vendo, así consigo este rollo que yo tengo.
Chic para mí, chic para mí, chic, chic...
Hazme una rebajita.
Claro que sí, guapi.
Chic para mí, chic, chic para mí, chic, chic, chic para ti.
Yo compro ropa, luego la vendo, cambiar de armario no me lleva ná de tiempo.
Chic para mí, chic para mi, chic, chic... chic para ti, chic, chic, chic.
Yo compro ropa, luego la vendo, así consigo este rollo que yo tengo.

Y todo, en ambiente disco, se conjura para que el oyente medio, ido detrás del culamen respingón -¡válgame!-, pierda comba del resto de la canción con tanto darle al seso en un debate absurdo por averiguar si podrá hacerse, en las próximas fiestas del barrio, al son de la Orquesta Alaska -que no es el pinchadiscos del Studio54, pero ahí está, andándole a la zaga-, a una rubia tan sabrosona en caso de que una moza así apareciese por lo alto de la calle de la fuente.
La segunda estrofa, que algo de lo que en ella se dice impregne su mente, eso ya es mucho pedir. Del yo compro jueces, luego los vendo, nada. El cambio de armario, el jubileo de togas, bien parece un intercambio de calcetines. Estos perfumados que tanto me adoran, a la saca; los que ya han perdido la ilusión servicial, a las rebajas, llevados al rastro, purgados. Así, los sátrapas que diseñaron la aplicación de uso público, mercadeando con el poder judicial, lucen orgullosos su palmito molón, el rollito guay que los coloca por encima del bien y del mal, su soberbia infinita... chic para mi, chic para mi, chic para mi, chic, chic, chic...
Cuando les pides una rebajita,
.... claro que sí, guapi, y uno o dos, a lo sumo, mientras con la diestra mano salen en el traje de saliva televisado del momento aplicando el atenuante del lo hice por amor, yo no sabía, ¿un qué en la cochera?, el materialismo dialéctico o la Nasió de las mil danzas, con la siniestra, arriba y abajo arriba y abajo, van obsequiando favores, imponiendo medallas y aplicando -dura lex, sed lex- sus bien merecidos descuentos y rebajas.
Por desgracia, amenizando este inútil desenlace, que no falte el ritmo sabrosón del culito respingón... ¡válganme las nalgas del diablo!... con el que los hijos de la Bestia aplacan, tan fácilmente, a los Justos.
Chic, chic, chic.

20 mar. 2017

Fondo sur


El Yoyas baja corriendo las escaleras.
Siempre tarde, abajo espera ya Juanfran con los críos, montados en el coche, refunfuñando, y su Íker, el primero. Virginia tiene el turno de mañana y le ha tocado a él preparar las tostadas con mermelada de ciruela, zumo de naranja natural sin grumos y la mierda del vaso de leche con tres cucharadas soperas de colacao. Las llaves, el móvil, chaquetas para el chaval, su bufanda... un enredo, vamos, pero ahora, el Yoyas, ya baja de tres en tres los escalones del bloque de extrarradio.
Hoy hay partido. Los cuatro, rumbo al estadio. De nuevo, el hormigueo en la sangre, la sed irreductible, el ensanchamiento automático de la garganta que ha de cantar ópera desde las gradas... que si laureles van, que si banderas vuelven... y el Yoyas -padre con hijo y otro en camino-, excitado, revive la placentera sensación de sus años mozos, cuando la liturgia de los días de partido desterraba lejos la congoja de las solitarias tardes de la gran ciudad, derruía los gruesos muros de hormigón y la sangre, en su trote desbocado, hirviente, testimoniaba la vida entera.
Gracias al crío, el estadio consumido por el desuso ha vuelto a erigirse, y aunque el bocata rápido y la cerveza fría en los aledaños han sido sustituidos por la comida familiar de espaguetis con tomate y barritas de merluza rebozadas, la emoción por la vieja afición se ha desperezado y, con ella, arrastrada por la vorágine de la melancolía, el vacío de la existencia, pues es necesario cavar para cubrir un hueco, o conocer la tristeza para disfrutar la felicidad.
Ayer, en sus cánticos, podía entreverse el sacrificio en nombre de la honra y la libertad, y eran acusaciones directas a los hideputas que tejen y tejen, azules y rojos y marrones fucsia carmesí, y quizá se asemejaban a caballeros andantes desconocedores del sino de los tiempos y los gigantes seguirían siendo molinos y los anhelos y utopías, mero encantamiento con el que dioses de carne y hueso adormecen al rebaño balador, pero hoy... o tempora, o mores... el ser nuevo, hombre nihilista moderno, combate los demonios del gran teatro del mundo emprendiéndola a garrotazos con sus semejantes -padres y madres que acuden a ver a sus hijos dar patadas a un balón mientras comen pipas y charlan de la desidia que abotarga su  sistema circulatorio-, y no queda resquicio alguno para la épica.
Todo es vergüenza.
Todo es náusea.

17 mar. 2017

Sucesiones



Recuerdo a los hombres famosos del pasado: Alejandro, Pompeyo, Julio César, Sócrates, y tantos otros; y me pregunto: ¿dónde están? ¿Cuánto han luchado, para luego morir y volverse tierra...! La vida no es sino un río de cosas que pasan y se pierden. Veo una cosa por un instante, y ya pasó; y otras y otras pasarán... Pronto llegará la orden: -Te has embarcado; has navegado; has llegado; desembarca...

Marco Aurelio, el quinto bueno, y último.