Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

2 nov. 2014

Ausencias


¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es sin espíritu,
podredumbre y cieno?
No sé; pero hay algo
que explicar no puedo.,
algo que repugna
aunque es fuerza hacerlo,
el dejar tan tristes,
tan solos los muertos.
                                            G. A. Bécquer


Hoy uno de los pocos días en el que los muertos se sienten, secretamente, apenados. La paz de sus fincas, vencedora de la fría lluvia y el gélido cierzo, se ve truncada por la marabunta de pequeños zagales corriendo por las avenidas del complejo residencial del sepulturero, roto el silencio atronador mediante pequeños aparatejos multimedia mientras unos padres dubitativos contemplan lápida tras lápida esperando encontrar, en una de las inquietantes fotos que observan detrás del cristal, al amigo que el paso del tiempo hizo desaparecer de las tertulias del sábado, durante el vermú, cuando los viejos camaradas rememoran los días de gloria, pocos, que quedaron anclados en la juventud marchita.

¿Vuelve el polvo al polvo? ¿Qué se abre tras las palabras grabadas en el mármol?

Un día curioso, este de difuntos. Los vivos pasean por la parcela de los muertos, contrariados, asustados, compungidos e, incluso, ofendidos por un tránsito que se hace cuesta arriba a pesar de que lo único cierto tras el naces es el morir. Huraño, el mozo rebelde rehúsa "el más allá" aferrado a la tierra igual que las raíces de los árboles milenarios y, renegando entre dientes, maldice la duda y la virtud de quienes superaron el miedo.

Un anciano desdentado y mudo, redonda boina parda y roja nariz, sentado en un banco frente a un puñado de flores frescas, recibe la reprimenda vacía de una hipotética hija sesentona... No debí traerte.... y el anciano llora, y llora, y llora de esa manera que tienen los viejos cuando se escucha al fondo el silbato del tren que llega.

Braulio... suspira el difunto justo al lado del viejo... no llores, amigo. Guarda esas lágrimas para mañana, cuando estés aquí, juntos, y sean vertidas por la alegría suprema del abrazo del reencuentro. En el andén, sonrientes, aguardamos. Lo verás, amigo.

Qué solos, los muertos... qué solos, los vivos...

4 comentarios:

Javier Tellagorri dijo...

Eso de que a los familiares muertos se les recuerde un día al año, ya es una muestra de la simpleza humana.

Old Nick dijo...

Quien No Lleva A Su Estirpe En El Corazón,QUERIDO HEREP, No Merece Ni Un Sólo Día De RECUERDO FUTURO.
Porque Solos Y Desnudos Nacemos Y Nos Iremos De Igual Modo.
Un Cordial Abrazo, GENIO.
¡Un Brindis Por Todos Los Que Nos Precedieron Y Nos Hicieron Como SOMOS!
Y
¡¡RIAU RIAU!!

Herep dijo...

Exacto. No es necesario un día para recordar a quienes ya no están con nosotros. Todos los días son buenos, Javier.

Un abrazo.

Herep dijo...

Mucha razón tienen tus palabras, Old, pero qué difícil es reconocer la trascendencia de los actos en vida, amigo.
Un abrazo, y un fuerte brindis por los difuntos.
¡Riau!¡Riau!