Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

28 sept. 2013

Crimen de amor *


- Ella decía... decía... decía que no me quería. ¿Qué quería que hiciera, comisario?

- Levántese y calle, mala bestia -contesta el policía, chusquero, bien entrado en años, con la cabeza abonada por el blanco de las canas, nariz roja de incontables noches en vela sujeto a la barra del Bar Gloria, ahogando en ginebra la foto que la Polaroid de su sesera tiró mientras su idealizada esposa subía en aquel maldito taxi-. No quiero volverte a oír en toda la noche, maricón.

- Ven, camina... entra, va -dice el otro policía abriendo la puerta de la Comisaría... el novato, con su leve pelusa en las mejillas y esa mirada cristalina, vidriosa, espeluznada ante la escena que contempló no hace ni media hora, en la parte alta de la ciudad-. Siéntate ahí... y chitón.

- Yo... pero... yo... ¡Yo no he hecho nada, Comisario! -repite, como haría el viejo loro de un mugriento capitán pirata, una y otra vez-. Yo no he hecho... yo soy... soy inocente...

- ¿Inocente? ¡Hay que tenerlos cuadrados! Si los tuvieras, claro... porque tú... una rata como tú... tú no tienes nada, cobarde. No tienes nombre, no tienes valor, no tienes sangre... Sólo odio, odio y resentimiento. Un veneno que te corre por las venas, nada más. Una ponzoña que todo lo pudre y corrompe.

- Se equivoca, comisario. Se equivoca. ¿Odio? No... nada más alejado de la realidad. Yo lo que emano es todo lo contrario... Yo sudo amor por todos y cada uno de los poros de mi piel. Amo, amo, amo. No he hecho otra cosa en todos los años de mi vida.

- ¿Amar, tú? -grita el anciano policía en el recibidor de la Comisaría Central, en el barrio de Sants, atrayendo hacia su figura todas las miradas de quienes pululan por la estancia-. ¿Esto es amor, para ti? ¿Esto? ¿Estas manos manchadas de sangre? ¿Este uniforme y su hedor a sangre caliente? ¿Así amas tú, sanguijuela? ¿Qué era esto, tu regalo de aniversario? ¿Esas apuñaladas qué eran? ¿Eran besos, tus manos aferradas a su cuello?

- ¡Ella decía que no me quería, señor policía! ¿Qué quería que hiciera? Ella se dejaba sobar por todos menos por mi... los pechos... las nalgas... besos en la oscuridad de los portales... ¿Qué quería que hiciera, comisario? ¡Yo la amaba! Siempre la he amado... desde niño... desde que la vi por primera vez allá en el mercado, contorneándose por el pasillo de las pescaderías, y mi padre me explicó quién es... me dijo su nombre... ¡Me volví loco por ella, Comisario!

- Eso ni que lo jures...

- ¡Calla, novato! Vete adentro y trae al Sargento Guillén. Hay que fichar a esta escoria ipso facto. Su toxicidad se contagia, se transmite por el aire, se respira como un suave perfume. Hay que ficharlo y meterlo en alguna celda... la más profunda y negra que tengamos, si es posible.

- Como usted ordene, comisario -dice el verde, desapareciendo por una puerta de la que cuelga un cartel en el que se prohíbe el paso al personal no autorizado.

- Y tú, deja de llorar, asesino.

- Tengo miedo, Comisario. Me asusta la oscuridad. Me aterroriza estar sólo. No quiero...

- ¿No quieres? No, si encima te creerás en posición de decir qué quieres o pedir qué no quieres. Eres un asesino, chaval. Quizá todavía no te han puesto ante el juez y este ha dictado sentencia pero, pase lo que pase, eres un criminal de mierda... escoria, bazofia, una piltrafa de hombre, es lo que eres. Pero, tranquilo, en el fondo tendrás suerte y no te pudrirás en un zulo negro y húmedo como bien te estaría merecido, no. Tendrás tu celda iluminada, con TV y sábanas limpias todos los lunes del mes... y compañía, sí. Verás como no estás sólo por las noches, miseria... alguien te abrazará, verás...

- Usted se burla de mí, comisario. No lo entiende y se ríe de mi desgracia. ¡Yo la amaba, comprende! Esto ha sido... esto ha sido un error... un crimen de... ¡un crimen de amor! No ha existido ni pizca de mala intención, comisario.

- Serás... serás... serás...

- ¡No, no, no! ¡No me pegue, comisario! No me pegue. ¡Socorro! Yo no quería... Yo la amaba, pero ella se reía de mi... Me humillaba, me robaba, me señalaba con el dedo delante de los míos, burlándose de mi dependencia, de mi sumisión, de mi... ¡No, no, comisario, en el estómago no! Ahhhh... Ahhhh... Arggg... ¡Socorro! ¿Es que no va a ayudarme nadie? ¿No me protegerá la policía? ¡No me pegue más, que no podré confesar sin dientes, comisario! ¿No me auxiliará ninguno de los que aquí trabajan?

- ¿Auxiliar? ¡Perro, rata... maldita sanguijuela...! Toma, toma bastardo, toma... -repite una y otra vez el comisario, porra en mano, mientras reblandece a palos el lomo... el cuello, la sesera... del reo llorón, encogido en el suelo como un feto de cuarenta años y un centenar de kilos de peso.

- ¡Socorro! ¿Por qué a mí? ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Soy un alma débil, lo confieso, pero no un criminal. ¿Qué he hecho yo, sino amar? Amar con pasión, amar con locura, amar con saña... incondicionalmente, hasta el fin, como buen hombre en decadencia, bestia herida... sin recibir nada a cambio. Aahhh... No me pegue, comisario. Entiéndalo, policía. ¡Ha sido un crimen de amor!... 


... si decía que no me amaba, ¿qué iba a hacer yo, comisario?... si no me amaba... si no me correspondía con idéntica pasión... si no es mía... No, comisario... si no es para mí, no será para nadie.  



No bien acabada la frase, el policía verde apareció en el recibidor de la Comisaría Central seguido por el Sargento Guillén. A sus espaldas, la puerta con el cartel de acceso autorizado se había cerrado con un sonido grave y seco... aunque ahora, ante el interrogatorio de Asuntos Internos, el novato no puede asegurar si ese sonido lo produjo dicha puerta, o la cabeza del detenido... el cráneo del amante... cuando se abrió como un coco.


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* Entrada inspirada en una canción de Albert Plà, ese esquizofrénico... otro más... que viene a confirmar aquello de que, incluso los locos, pueden tener momentos de lucidez.

10 comentarios:

Javier Tellagorri dijo...

Muy bien relatado el cuento y perfectamente sincronizado el suspense.

Buen escrito, Don Herep. Muy creativo y ameno.

C S Peinado dijo...

Es muy paradójico pero ciertamente es real. No puedo creer que el máximo dirigente de ERC se declare acérrimo amante de España y se justifique diciendo que quien a él le maltrata es el Estado del que, por otro lado, está cobrando dos sueldos, cómo alcalde y parlamentario.

Excelente exposición, hermano.

Un saludazo.

Agustin dijo...

Como siempre un relato con un perfil entre politico, y unas gotas de un buen thriller,saludos,

Old Nick dijo...

Juajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuaaaa
Y
Plasplasplasplasplasplasplasplasplasplasplasplasplasplasplasplas
¡MUY BUEN RELATO DE "AMOR NO CORRESPONDIDO", GENIO!
¿Se Admiten Voluntarios Para INFLAR A HOSTIAS A DESCEREBRADOS Y OTROS EJEMPLARES DE PARANÓICOS Y PELIGROSOS "ASESINOS PASIONALES"?
¡PORQUE YO ME APUNTO, PARA RELEVAR AL COMISARIO Y LOA AGENTES SI SE CANSAN DE "ESPABILAR A ESE GENTUZO ASESINO Y ROBABOLSAS"!
Asmodeo Estaría Partiendose De RISA, SEGURO.
Un Abrazo Camarada.
Un Brindis Por "LA HOSTIA PURIFICADORA"
Y
¡¡RIAU RIAU!!

Herep dijo...

Gracias, Javier... pero reconozcamos que, para creativo, el Sr. Junqueras, protagonista del relato cuya imaginación no conoce límites.

Un saludo.

Herep dijo...

¿Qué será lo próximo con lo que nos sorprendan, CS? ¿Una posesión infernal? ¿Una invasión de ultracuerpos? ¿Pueden sorprendernos con algo, cuando estamos más que curados de espantos?

Lo dudo, aunque no me verás poner la mano en el fuego, por si las moscas.

Un saludo, campeón.

Herep dijo...

La política ha acabado convirtiéndose en eso, Agustín: un thriller macabro de final incierto.

Un abrazo.

Herep dijo...

Los voluntarios para repartir palos siempre son bienvenidos, Old. Cuantos más seamos mejor, aunque luego, si por culpa de las aglomeraciones sólo puede ver el espectáculo y no participar en él... Mala suerte.
Piense que, en ocasiones anteriores, todos esos que alzaban la voz y se las daban de valerosos en los balcones de la Generalitat, acabaron escondidos o fugados por las alcantarillas.
Mucho será que nos pongamos el traje de faena para nada.

Un saludo, camarada, y un brindis por la colleja redentora.
¡Riau!¡Riau!

Camino a Gaia dijo...

Cuando del amor solo hablan las crónicas de sucesos, es que todos quieren recibirlo pero nadie se atreve a darlo.

Herep dijo...

Ese es el sino de los hombres, Gaia. Recibir sin esforzarse en dar.

Un saludo y bienvenida.