Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

23 abr. 2012

La Mar es salada



Hoy es San Jorge… y, con tiempo libre, se sumergió en el paseo Rambla de Tarragona arriba… presto a “tocar ferro” y mirar, con infinitos ojos, el azul del mar que se presentaba bajo sus pies.

Las paradas, a derecha e izquierda, le encerraban en una ratonera física de colores, perfumes y rostros. Como llegado al final de un embudo metropolitano, las paredes de plástico iban cerrándose más y más en una trampa de sensaciones… dulces, como la miel… apetitosas como el blanco tacto de las mujeres, culpables… descubiertas entre cientos de lujosos escaparates en rebajas.

E, imperceptible de inicio, brotaba una suave música que anunciaba el deshielo de los acordes, las tonadas… la rápida y fuerte prosa de una voz rasgada por la experiencia. Mezcladas, batidas, agitadas entre la multitud de abejas, cientos de sopranos de garaje van recitando sus versos, abriendo mis ojos… durmiéndome con nanas que hablan de un mundo feliz, pleno... perfumado…

Yo las miro… corcheas y semicorcheas… recorriendo el pentagrama que dibujan los suspensos cables del teléfono… donde circulaban los telegramas que aquella mañana te envió un corazón que no conocía de embudos, ni de estrecheces. Pip-Pip… Bom-Bom, Bom-Bom… Código Morse tecleado por rojo músculo de piel… Pip-Pip… Cambio y corto.

Dos diablos le detienen, armados con puñales de papel.

Tras ellos, dos más.

Y otros dos.

Presa de dolor y tristeza, se abre el escaparate que guardan sus párpados y contempla… rojo amanecer… las puñaladas que ostenta su regazo. Unas, en forma de fanzine. Otras, revolucionario prospecto sin receta… pisos en construcción… Las más, facturas sin servicio.

Y sangran… y el cuerpo se queda sólo de sangre… solitario… como una carretera de cien carriles o un túnel en una playa paradisiaca.

El dragón, de verde escamas, rodaba acera abajo… herido de vida… muerto de miserias y maldiciones vertidas por una aldea perdida en la inmensidad de un cuento de hadas.

Mil doncellas, como salmones a contracorriente, vienen a su encuentro, desenfundadas sus mejores armas, prestas para la ocasión. Un arsenal de gafas, pegadizos carmines y finas armaduras de torneo amistoso, danzan ante unos asombrados ojos, verde esmeralda… meciendo un cuerpo entre torbellinos suaves e hipnóticos… cantando… Como la mielDulce como la miel, que brota en mis labios…

… al tiempo, unos aldeanos… hijos de la ira… guardan sus hoces rociadas de agria sangre y presentan presentes de oro, incienso y mirra… ¡Alabado el hijo pródigo! ¡Alabado el que marcho para regresar!... agarrados, fundidos, soldados… en una orgía de bailes en pausa, sin fuelle a causa de la innata energía.

Hoy es San Jorge… o Sant Jordi…

… y, al cerrar los ojos, la Rambla queda desierta.

El pueblo, asustadizo y traidor, no es más que una negra mancha en la eterna oscuridad… invisible. La doncella, pintada con inmensa paleta de colores, va encogiéndose a ráfagas… transformándose en el curioso insecto-bola de mi infancia… donde toda ella es igual y similar… sea guapa, fea o de saldo… redonda… pequeña… como una piedra que cae a un pozo.

Hoy es San Jorge… y el dragón, frenado por la caricia del frio hierro del balcón, siente como las heridas sangrantes son cosidas a fuerza y estoque de espada… pues no hay puntada sin hilo, ni cicatriz sin herida.

Las cantoras sirenas de Ulises quedaron atrás, como telas de araña a la espera de una nueva presa. Un nuevo juguete de plástico que rellene el hueco de la estantería. Otra muesca pudriéndose en una bota de caña, puntera afilada. Carnaza enfundada en rojo picardías con liguero. Sueño de una noche loca de un tormentoso verano.

Sus heridas, pasadas, serán cosidas, de nuevo, en este San Jorge… o Sant Jordi… con presteza, con mano ágil, limpia… novata en cien lides semejantes… bordando la carne con el dorado hilo de cien pañuelos tejidos por las prometidas princesas de los torreones.

Como la miel…

El dragón, batiendo sus alas, de un salto, se arroja al vacio que se abre a sus pies… balcón abajo… en busca de la Mar salada… ajeno al aquelarre celebrado en honor a su muerte… dentro, en el embudo, parte estrecha, paredes que se encogen… cada vez más, cada vez más… sobre el pueblo siervo del mito y el vino dulce.

Vino dulce… como la miel.

Hoy es San Jorge, o Sant Jordi, y el dragón, libre y victorioso, vuela libre. El caballero de blanco fondo y roja cruz monta sobre su lomo, y todo se torna áspero, luminoso… cicatrizante.

Y tanto vuela que, de un salto, escapa del cuento de hadas.

2 comentarios:

Candela dijo...

Adivino una cierta nostalgia.

Siempre es igual cuando lo que toca no es soñar sino luchar cara a cara contra el dragón..

Herep dijo...

Un poco, quizá.
Siempre que veo Lost in Traslation, me asalta la duda de si no me estaré perdiendo algo por el camino.
Luego, ya en frío, me convenzo de no mirar más hacia atrás.

Un saludo, Candela.