Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

26 abr. 2018

No hay futuro


De la pérfida albión llegan malas nuevas para Occidente...
... sí, sí, de la pérfida, ese conglomerado Commonwealth que tanta filia despierta entre los mismos españoletes que se sienten acomplejados por todo lo que sea propio, español, idioma y costumbres; pobres de espíritu que se admiran del imperio bueno -el pirata- con sus gibraltares, sus corsarios de su ilustrísima majestad, la salvación de los aborígenes del mundo y el conglomerado lennonista que cantan a coro en el gran mercado de la logia unión jack los lores y los sires y la gran ramera que los parió mientras se mofan de la gloriosa y jamás igualada historia de España -luz, martillo y espada.
Como no podía ser de otra forma, el cuento viene de la mano de una pequeña criatura indefensa. Un niño, blanco y occidental, por supuesto, ya que si de otro se tratare, si en vez de ser hijo de la Europa raptada por los mercaderes fuera de la etnia de los minoritarios -todo aquel ajeno a la tradición del viejo continente- nada se hablaría y el debate, infructuoso, quedaría relegado a un pequeño recuadro en la sección de contactos de la magnífica -e independiente- prensa inglesa, ejemplo de profesionalidad, otro más, para los españoletes anglófilos, o se resolvería de un plumazo... o salivado... de la casta infame que capitanea, cuales piratas modernos, las vidas de los ridículos británicos, de los cuales el mejor ejemplo es el mustafá de Londres, ciudad abierta a las no-go-zones y la ley de la sharia, tal y como sucedió con las mafias de muyahidines del profeta farsante y sus aquelarres con niñas menores de edad violadas a medio penique la jornada a lo largo de un puñado de lustros.
En este caso, pero, la criatura es occidental y está aquejada por una enfermedad terminal. Diagnosticado de un mal incurable, la ley inglesa... también codiciada por su ecuanimidad y tradición a pesar de que jamás entenderemos cómo puede despertar tales sentimientos un puñado de jueces que se cascan una peluca más propia de las chirigotas gaditanas que no de personas encargadas de dictar sentencias de cualquier índole... ha decidido que el pequeño debe ser desconectado de las máquinas haciendo caso omiso de la voluntad de unos desdichados padres para los que se agotaron las lágrimas.
Cincuenta policías han tomado el hospital custodiando los pasillos, las letrinas de su excelentísima majestad, las máquinas dispensadoras de cuscús para la espera de los burkas parturientos. Los médicos y enfermeros observan el despliegue admirados. Cincuenta ridículos bombines para custodiar la muerte de un niño, acompañarla, certificarla...
... porque el pequeño Alfie Evans debe morir a pesar de empeñarse, el pobre diablo, contrariando las indicaciones de los excelentes matasanos de la encandiladora moralina inglesa, en seguir respirando una vez la desconexión fue practicada hará un par de días. ¡Incluso abre los ojos, el desagradecido! Pero no, tranquilos pérfidos, es un anuncio indigesto porque Alfie debe fenecer, sea por asfixia, inanición o, hete aquí el despliegue policial, de un tiro en la sien o una degollina leguleya con cuchillo halal. Es sentencia firme de la jurisprudencia de su majestad, y ante ella no cabe recurso.
En nada quedará la concesión de la nacionalidad italiana al pequeño, la invitación a recibir los paliativos en un hospital vaticano o el avión militar que aguarda para el traslado enviado por el ministerio de defensa del país transalpino.
La Reina y su corte de piratas no moverá un dedo por el niño.
A lo sumo dos para taparle sus pequeñas, inocentes e indefensas fosas nasales.
Tristes nuevas traes para Europa, pérfida.
Tristes nuevas de Resistencia.

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Dios salve a la reina, y su puto nuevo orden.


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