Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

15 dic. 2017

Estares



Así como durante nueve meses nos retiene el claustro materno y nos prepara no para él, sino para aquel lugar al que nos depositará cuando ya le parezcamos aptos para respirar y recibir el aire libre, así durante todo el tiempo que transcurre de la infancia a la vejez vamos madurando para otro alumbramiento.
Séneca


Nunca ha sabido bailar, pero eso da igual. La pista ha quedado vacía y el alba del halógeno inicia la persecución diurna de los rincones oscuros de la discoteca del subsuelo en la que ha acabado la noche. La gran noche. Una para rememorar las pasadas que ya no volverán. Son pocas las que depara el saco de años que va cargándose a la espalda, y en esas contadas ocasiones no hay razón para mirar las manecillas del reloj y sí para permanecer ajeno a la angustia del amanecer.
Y gira, en el centro del universo de multicuerdas, de tal forma que la joven camarera que saca brillo a un vaso de tubo no puede dejar de mirarlo. Su americana descatalogada sobre una camiseta vieja de un último jedi, los tejanos desgastados cubriéndole unas zapatillas sin monopatín, el pelo desgreñado entre el océano seco de gel fijación... el pelotazo en la mano, pegado sin que una sola gota se derrame en tan místico girar, y, sosteniéndose mágicamente entre los dedos, el ilegal e inmoral cigarro rubio, vacilón ante la decadencia de una discoteca que se prepara para acostarse hasta la noche siguiente.
La chica apenas puede apartar el pensamiento de él mientras alinea las botellas de bourbon y los cien mil tipos de tónica que gastan los habituales del local...
... e intenta averiguar qué estará pasando por la cabeza de ese pobre niño grande que gira y gira con los ojos cerrados y los brazos en jarras abrazado a un fantasma invisible al que no es posible pisarle los pies. Quizá divague fantasías de amores antiguos, de tiempos universitarios, como ella, estudiante de último de filosofía, piensa. Quizá sonría por Séneca, comiendo uvas, en un atardecer de postal. Un último vistazo y, cogiendo su chaqueta de la taquilla, ficha, se despide del drogata del jefe y sale por la puerta abierta al amanecer de par en par.
Atrás, en la noche agónica alguien sigue girando.
Difícil saber el porqué.

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