Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

19 nov. 2017

Posado mágico


Rebuscando entre los armarios del Cuartel General los trajes mimetizados de invierno, el tres-cuartos y esa boina de felpa que nos enroscamos los monos de esta milicia clandestina cuando arrecian los fríos, he encontrado una vieja fotografía de los fundadores del club hipster del proletariado, esa camada financiada por unos con la oscura intención de sembrar el terror en la propiedad de los otros y poner fin a un frente de guerra allá lejos, hacia el este europeo.
Estaba envuelta entre viejos pañuelos bordados, escondida.
Verla me ha retrotraído a mi niñez, junto a mi tatarabuelo -él fue quien me la mostró una noche borracho de vodka-, pero, a medida que la observaba y los remotos días acudían a mi mente, algo extraño iba alimentando mi suspicacia. Todos serios, todos hipertricosos, pero... ¿todos? Conté cuatro, conté cinco... seis... ¿no faltará nadie, monos? Diría que mi tatarabuelo señaló siete cabezas con su dedo grueso y rugoso. El jeta, el sátrapa, el sádico, el compañero de viaje...
... pero, ¿y Alexader Malchenko? ¿Dónde está? ¿Qué fue de su linda estampa? ¿Cayó?
Exacto. Cayó. Fue borrado. Eliminado. Extinguido. Nunca fue, nunca es y, merced a los prodigios de la psique ideológica de la ciencia muerta, nunca volverá a ser.
Hete aquí el fundamento del cientificismo histórico, y sus riesgos. Moverse es salirse de la foto.
Mucho se habla del pedigrí nacional-socialista de la cantinela con la que nos amodorran, día sí y día también, las sirenas de la Esquerra Republicana, de Junts pel 3%, los flautistas cupaires y demás morralla supremacista que capitanea el nauseabundo prusés golpista. Las madrasas en las que se arenga el espíritu de Ítaca son comparadas con las Hitlerjugend; los simposios de genética estructural y medición de cráneos entre infrahumanos españolazos y el Memo-Sapiens-Sapiens-Sapiens-Catalanensis de los aprendices del Dr. Mengele alcanzan cotas próximas a tan admirado maestro, y la Ley... el Derecho... a semejanza de las doctrinas impartidas durante años en el Liceo Alemán barcelonés donde estudiaron varios de los padres fundadores del seny catalán, son meros castillos de naipes que deben sucumbir ante el empuje de la voluntad del populacho... la mancha humana... auténtico cajón de marionetas al servicio de la mano que mece la cuna.
Muchas veces se obvia, sin embargo, la apisonadora ideológica del otro lado del telón de acero en una muestra más del sutil acto de diferenciación entre morir por gas y hacerlo devorado por ratas, como si las atrocidades perpetradas por el padrecito de los pueblos hubiesen servido al interés público general y los millones de muertes causados en su nombre... y en el nombre de tantos otros que, como en la fotografía que guardaba mi tatarabuelo, posaron para ser aclamados durante los siglos venideros... hubiesen sido el módico peaje a pagar por la emancipación de la Humanidad del universo universal en su trayecto al Reino de (H)Oz (y Coz) o, en su versión modernilla (de mierda) separata, la republiqueta de pin y pon.
Sendas misteriosas de mesianismo identitario. Camino del sectarismo. Blanqueado de sepulcros, borrado mágico-científico de la Historia y alpiste para los pollos descabezados que corretean a los pies de sus amos durante los dos minutos de odio diario que indica el manual -sagrado- del Totalitarismo.
Así que, ya sabéis... ¡posad, posad, malditos!

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