Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

9 abr. 2017

El niño torero


Ayer murió Adrián, el niño que quería ser torero.
Un 8 de Abril, como haría el maestro Belmonte cincuenta y cinco años antes.
Dicen que fue a causa de un cáncer, y no está mi domingo para discernir en golferías de médicos y demás liturgia científica, pero como se leía en los cuentos que de joven copaban todo el piso de mi primera habitación, cuando un niño muere, una nueva estrella brilla en el cielo.
Y está bien que así sea, y es bueno que los inocentes tengan un lugar privilegiado en el reino de los cielos... lejos, muy lejos de la mugre progresista que rota diariamente en este planeta nuestro, rincón Chirigota Española, s.l., pródigo en claudicar ante los crímenes más horrendos y orgulloso del empoderamiento democrático que, vómito a vómito, va modelando el sentir de la piara de cerdos soberanos que ha ocupado este secarral de piel de toro, antaño honorable, y que hoy, empujado por el relativismo moral y la reciclada argamasa gramsciana que sobrevivió aferrada a los raídos cascotes del muro antifascista derribado en Berlín, va degenerando, día tras día, paso a paso, en su impertérrito camino por alcanzar la más materialista de las vilezas y la más absoluta de las nadas.
Ahora podrás descansar en paz, chaval.
Y reírte, mucho, de quienes seguimos aquí abajo, chapoteando en la ciénaga.

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Cada niño que viene al mundo parece querer decirnos que Dios aún tiene esperanzas en el hombre.
Rabindranath Tagore

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