Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

25 oct. 2016

La tercera vía


Ha vuelto a salir el Sol después de la tormenta de los días pasados.
Era tarde cuando me decidí a salir del Cuartel General para hacer un café en el local del pirata. Sentado en la terraza, olía el perfume de las flores preguntándome aún cómo había resultado triunfante tanto dulzor frente al embriagador aroma del tabaco cuando, dos mesas más allá, un rostro conocido hacía el gesto de tomar asiento. Fuera gafas y... esos ojos... si, es él.
El tío levanta el mentón, se fija en mí y, sonriendo y haciendo aspavientos, se acerca a mi mesa.
¡Hombre, X!
¿Y? Sí, Y, eres tú. ¡Qué cambiado estás, macho!
Bufff, ¡no lo sabes tú bien!
Los sesenta y cuatro minutos y doce segundos siguientes Y los emplea detallando todos y cada uno de ellos. Me cuenta cosas del nuevo trabajo que tiene a cuenta de la ubre pública -buen sueldo, de ocho a tres, toneladas de moscosos-; lo mucho que tira subiendo las cuestas de Prades el bólido que se ha comprado de segunda mano en una web que él conoce -y sólo él, apostilla, vanidoso-, los grandes viajes que se pega por el globo terráqueo, lo fuerte que se siente, la felicidad que irradia, el día espléndido que se ha levantado hoy y, y, y.... y, abrumado ante tanta palabrería, mi imaginación cree escuchar in crescendo...flojito al principio, cada vez más perceptible, apoteosis final... una orquesta clásica de querubines tocando fanfarrias en su inconmensurable honor...
¿Y la mujer, conocido Y? ¿Y los niños?
Cuando quieres marcarte un solo, artista, tienes que estar convencido de lo que haces, o correrás el riesgo de terminar metiendo la pata. Si apreciara los tratados modernos del saber estar protocolario, me sentiría compungido por mi desliz, pero como no tengo ninguna estima por la falsedad de la moralina social tan al uso en estos tiempos, he permanecido impasible ante el gesto torvo de mi interlocutor.
¿Sabes que tuve cáncer en un huevo, verdad?
Sí.
Estuve cerca de la muerte, X. Fueron muchísimos días malos, pensando, dándole vueltas a la cabeza, viéndome en el hoyo, pero cuando me curé supe que tenía que sacar una lección de todo esto, cambiar. Lo pensé mucho, créeme, y al final le dije a Z que la vida me daba una segunda oportunidad, y que quería vivirla al máximo. Al día siguiente, me iba de casa. Los críos, para ella, no hay por qué preocuparse. No quiero custodias, no quiero casas, no quiero nada. Sólo vivir. Vivir, y reír, y disfrutar, y, y, y...
... y de nuevo las fanfarrias de los ángeles caídos, ahora representados por el rostro de sus hijos, retumbando en mi interior en alabanza del inconmensurable honor del conocido Y, valiente iluso que, entre el compromiso y el hoyo, eligió soñar con el bollo.