Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

27 oct. 2016

En llamas


Tal día como hoy, era incinerada la teología y ciencia de Miguel Servet allende los Pirineos... esa fantástica barrera...
Baste recordar sus últimos momentos, y el postrero de sus pensamientos...


... este español, contagiado por las doctrinas del libre examen, se entregó al estudio de las cuestiones teológicas más arduas y discutió con los reformadores más eminentes, no estando jamás de acuerdo con ninguno. A los luteranos les asustó con el anuncio de un libro en que negaba ser Cristo verdaderamente Hijo de Dios; a los calvinistas les ofendió con sus discusiones y censuras; a los católicos franceses les molestó con sus apologías de la Astrología... 
Calvino terminó denunciándole a la Inquisición francesa, que ordenó quemar el libro objeto de la denuncia, Restitución del Cristianismo, dejando escapar al autor, que se refugió en Ginebra. Allí, Calvino le hizo prender, envió a su cocinero para que lo delatara y se inició un largo proceso en el que el español creyó varias veces que sería absuelto por sus jueces. Sin embargo, era Calvino tan perseverante en sus venganzas como terco él, y no queriendo éste retractarse de los errores que le imputaban, fue condenado «a ser quemado vivo juntamente con sus libros, así de mano como impresos, hasta que su cuerpo fuese totalmente reducido a cenizas...». «Oída la sentencia terrible -escribe el señor Menéndez Pelayo-, el ánimo le flaqueó un momento y cayendo de rodillas, gritaba: «¡El hacha, el hacha y no el fuego! Si he errado ha sido por ignorancia... No me arrastréis a la desesperación». 
Caminaban al lugar del suplicio, los ministros ginebrinos le rodeaban procurando convencerle y el pueblo seguía con horror mezclado de conmiseración a aquel cadáver vivo, alto, moreno, sombrío y con la barba blanca hasta la cintura. Allí había una columna hincada profundamente en la tierra y en torno muchos haces de leña, verdes todavía, como si hubieran querido sus verdugos hacer más lenta y dolorosa la agonía del desdichado. «¿Cuál es la última voluntad? ¿Tienes mujer e hijos?». El reo movió desdeñosamente la cabeza. Entonces el ministro ginebrino dirigió al pueblo estas palabras: «Ya veis cuán gran poder ejerce satanás sobre las almas de que toma posesión. este hombre es un sabio, y pensó sin duda enseñar la verdad, pero cayó en poder del demonio, que ya no le soltará. Tened cuidado no os suceda a vosotros lo mismo».
Era mediodía. Miguel Servet yacía con la cara en el pilar, lanzando espantosos aullidos. Después se arrodilló, pidió a los circunstantes que rogasen por él, y sordo a las últimas exhortaciones, se puso en manos del verdugo, que lo amorro a la picota con cuatro o cinco vueltas de cuerda y una cadena de hierro; le puso en la cabeza una corona de paja untada de azufre y al lado un ejemplar del Christianismi Restitutio. Enseguida con una rea, prendió fuego en los haces de leña y la llama comenzó a levantarse y a envolver a Miguel Servet. Pero la leña, húmeda por el rocío de aquella mañana, ardía mal y se había levantado además un impetuoso viento que apartaba de aquella dirección las llamas. 
El suplicio fue horrible; duró dos horas, y por largo espacio se oyeron los desgarradores gritos de Miguel Servet: «¡Infeliz de mí! ¿Por qué no acabo de morir? Las doscientas coronas de oro y el collar que me robasteis, ¿no os bastaban para comprar la leña necesaria para consumirme? ¡Eterno Dios, recibe mi alma! ¡Jesucristo, hijo de Dios Eterno, ten compasión de mí!»
Algunos de los que oían, movidos a compasión, echaron a la hoguera leña seca para abreviar su martirio.
Al cabo, no quedó de Miguel Servet y de su libro más que un montón de cenizas, que fueron esparcidas al viento...

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Textos extraídos de La Leyenda Negra de España, de Julián Juderías.

4 comentarios:

Javier Tellagorri dijo...

Excelente ENTRADA- Y muy aleccionadora.

Maribeluca dijo...

Y sin embargo, la mala fama y la leyenda negra todita para nosotros, algo no estamos haciendo bien cuando son españoles los que más la propagan...

Saludos.

Herep dijo...

La curiosidad de la leña fresca se me quedó grabado en la cabeza al leerlo. Decidí compartirlo -para quien no conociese el episodio- para reflexionar acerca de las maldades de la santa compañía de los ilustrados europeos.
Un saludo, don Javier.

Herep dijo...

No estamos haciendo nada bien. Muchos te podrían decir la alineación completa del equipo de sus amores, Maribeluca, pero de aprender, instruirse, conocer... poco, ¿para qué?
La leyenda negra sigue viva porque muchos la propagan, y otros tantos la creen con la intención de expiar sus complejos.
Un saludo.