Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

29 abr. 2015

Suspense


- ¿Dónde va usted? ¿No ha visto los negros nubarrones anunciando tormenta?

Jean Paul Gaultier... Juanpa es tan sólo para los amigos más allegados... se sobresalta al escuchar la voz gruesa, gira la cabeza a su izquierda, levanta la mirada perdida del suelo y repara en la presencia del propietario de la misma, un señor de unos cincuenta años, metro sesenta y cinco, aproximadamente, de abultado sobrepeso y calvicie galopante.

- ¿Me ha oído, joven? -vuelve a rugir la garganta-. No debería estar aquí, y menos ha descubierto.

Otra cabezada sirve para comprender dónde se encuentra después de una caminata de unas tres horas por las calles de la ciudad. Apenas eran las cuatro de la tarde cuando, acabado el café y el cigarro de la sobremesa, decidió salir a pasear, deseoso por sentir el espléndido sol que anuncia verano a la vista. Recorre las calles anchas franqueadas por palmeras mustias del marítimo -con sus tiendas abiertas de par en par a la espera de la presa incauta que ha de caer hipnotizada ante tan bellos colores-, tuerce por la calle Mayor y los cien afluentes que vierten en ella sus aguas, sin apenas tráfico, y el silencio se apodera de la senda, más fúnebre con cada paso, iniciada la cuesta del calvario, adentrándose después de varios recodos en las callejuelas añejas de historias y leyendas, donde el aire hierve a orines de más allá del Siglo de Oro, asidos por la fuerza de los siglos a los muros de piedra que observan el huir de los días, las olvidadas fuentes vertiendo agua que nadie osa ya beber, la Plaza del Rey y doña Urraca al fondo del retablo, sentada en su banco de piedra justo al lado de los altos cipreses, aguardando la liquidación mientras murmura plegarias que tan solo ella conoce.

Sí, Juanpa, estás deambulando entre las tumbas del cementerio.

- ¿Qué dice usted, buen hombre? -contesta Jean Paul Gaultier después de un breve silencio en el que ha estado reajustando la sinfonía entre su cuerpo físico y la mente volátil-. ¿Acaso me atacarán los muertos? ¿Me darán caza si no llevo sombrero? No hay lugar más seguro que este, viejo sepulturero.

Como la tarde soleada había sucumbido al fresco del atardecer, cualquier alma caritativa habría prestado una chaqueta fina al chico atendiendo al temblor de sus hombros, pero Juanpa no tiene frío, ¡qué va! Es el miedo la causa de que castañeteen sus dientes. Sus buenos pensamientos han quedado atrás, hipnotizados entre las garras de los bellos colores de las tiendas de primavera-verano, y el hueco resultante, amenizado por el silencio de la reflexión del estoico casco histórico, ha sido rellenado por las aguas desesperanzadas de una alma atormentada que, como un fantasma enloquecido, recorre las viejas calles de la ciudad mientras su espíritu vaga perdido entre el mar de contradicciones de un mundo ajeno a toda razón. 

- No te salvará el sombrero -contesta el grueso señor mientras intenta revivir un puro mediante cortas caladas. Levantó sus ojos hacia Juanpa, clavó sus pupilas en sus pupilas, transmitió una sensación de calidez y serenidad al atemorizado joven y, suavizando la gravedad que anteriormente había mostrado su voz, carga con su pala al hombro... Jean Paul Gaultier acierta: es sepulturero... y dice:

- No te salvará casco de soldado ni yelmo de caballero, chico. Han sido ellos quienes te han traído hasta este funesto paraje, y, visto tu rostro, lo han hecho por la vía rápida. Ya ves lo inmenso de su poder. Obsérvate, comprueba cómo han truncado tu felicidad convirtiéndola en pesadumbre y congoja... y no actuando a tus espaldas, sin que tú supieras nada de lo que ocurría, no... Ha plena luz, mientras vives, eres embadurnado con sus problemas imaginarios, inyectado por enfermedades ajenas a tu salud de hierro, movido por un maestro de marionetas que, acabada la función, te guarda en un cajón junto al resto, bajo llave, ajeno al mundo que se abre justo cuando terminan los sueños. Ajeno a la vida, a la libertad, al inmenso goce de vencer al miedo real, no ese impostado en el que os refugiáis para permitiros el lujo de creeros capaces de darle esquinazo a eso de ahí abajo, chico... este hueco... el agujero de la fosa.


- ¿Qué haces, muchacho? ¿No has entendido nada de lo que te he dicho? -espetó apenas se había alejado un par de metros de un Juanpa que reflexionaba, excitado como un jovenzuelo, acerca del sentido de las palabras dichas por el sepulturero-. ¡Esfúmate! ¡Corre! Están al caer. ¡Míralos, ahí vienen... y disfrazados de pájaros! Hazme caso, chaval... ¡corre!... que no te atrapen sus picotazos, impide que te apiolen en un fatal golpe de gracia, despójate de esa bastarda sombra que ha estado apesadumbrándote durante el camino hasta traerte a esta lúgubre tierra de muerte y derrota. Ponte a cubierto, resguárdate de ellos, mañana será otro día de lucha. No le pongas las cosas fáciles. Hagamos que se miren al espejo. Devolvamos la contradicción. Sembremos la duda. 


Creemos suspense.

---
El Sepulturero es Alfred Hitchcock, de cuya muerte se cumplen hoy 35 años.
Juanpa... bueno... él es uno que pasaba por ahí.

2 comentarios:

Old Nick dijo...

¡Magnífica Entrada Querido HEREP!¡Hacía Tiempo Que No Me REÍA TANTO, Ni Tan A Gusto!
Como Bien Dices, EL TERROR Es La Mejor ARMA Y Siempre Acaba POr Volver Como El Péndulo INEXORABLE, Contra Quien Lo Maneja Y Lanza...
¡Sigamos Pues Sembrando El MIEDO AL FUTURO, Pero ADECUADO A LOS CANALLAS QUE DEBERÁN PAGARLO!
Un Abrazo GENIO.
Un Brindis Por La JUSTICIA VERDADERA.
Y Que "LIMPIEZAS ASMODEO SA", ATERRORICE Y SE LLEVE A SUS DESHECHOS Y ESCORIAS A DONDE DEBEN ESTAR.
Mientras Tanto, NOSOTROS "A VERLAS VENIR" YPREPARADOS PARA LO QUE SUCEDA.
¡GOLFOS Y TRAIDORES FUERA!
Y
¡¡RIAU RIAU!!

Herep dijo...

Se atisba una terrorífica formación de aves de rapiña acercándose por el horizonte, Old, y vienen todas a degustar la carne putrefacta de lo que queda de España. La valentía de los años pasados ha dejado paso a la cobardía del bienestar, el "bienpensar" y el "bienaplaudir" las gracias del amo de turno.
¡Que venga Asmodeo, vea y juzgue!

Un abrazo, querido Old.
Brindemos por la limpieza en seco y la refundación de España.
¡Riau!¡Riau!