Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

24 feb. 2015

Amo, ama


Al igual que las mujeres prefieren someterse al fuerte antes que seguir al débil, la masa se inclina más fácilmente hacia el que domina que hacia el que implora, y se siente interiormente satisfecha con una doctrina intransigente que no admita dudas, que con el goce de una libertad que generalmente de poco sirve. La masa no sabe que hacer con la libertad, sintiéndose abandonada. Adolf Hitler.


Mientras en los cines ruge Grey, sus 50 sombras cojoneras y una inmensa legión de féminas con espasmódicos temblores de piernas, no cesan de llegar nuevas noticias de Chirigota Española, s.l., terreno fértil para la cosecha de toda clase de miserias y desvergüenzas. Parece imposible que en tierra tan áspera y estéril agarre la mala hierba, pero sucede, sucede. Por muy bastardo que sea el terruño, siempre crece en él la ortiga y el matojo.

Matojo, ortigas, urticaria... sombras de Grey... sumisión... y la hiena que ríe, porque divago imaginando correas, fustas, bofetones y humillación y, ¿por qué será?, me viene a la mente la cara de la Excelentísima, toda decrépita y cansada durante la jarana pachanguera disfrazada de comisión de investigación, lamentándose del mal que están haciendo al país con tanta inquina judicial desagradecida. Cataluña no se merece esto, dice la Ferrusola -aquella bruja que menospreciaba a los simiescos españoles tildándolos de eslabón perdido entre el homo habilis y el superhomo catalanis-, en un burdo y patético intento por esconder el bulto que presenta en el lomo, y que no es chepa, más bien fardos de billetes con los que pretende tomar rumbo -otro viaje más, Júnior- a Andorra o Panamá.

Como los muros del Cuartel General son muy anchos, no nos llegan los rumores que corren por las calles, pero según cuenta el SI, la moda del día es que un julandrón rasurado reparta, a las amantes utópicas, hostias como panes en cuartos secretos con las paredes acolchadas en rojo pasión. Cruza el aire una zarpa de jornalero jienense, tintinea una argolla que atenaza un cuello, algo se desgarra por dentro. No sé, Monos. Eso dicen, eso nos cuentan que triunfa por las calles de esta Nación siempre envidiada, y he de zambullirme cinco veces seguidas en agua helada para certificar que no es esto un mal sueño, convencerme que son reales las inmensas colas generadas por el espectáculo de la voz del Amo que ordena y juzga, látigo por lengua, desde el altar que sostienen los esclavos.

Los politicuchos tenían los ojos abiertos como platos, embelesados, degustando las magistrales lecciones del pater familias del Clan de Clanes, Clan de Catalanes, don Pujolone y familia, quien con verbo gracioso y cotidiano repasaba, con gestos y miradas de reojo, el inmenso repertorio de naderías con las que el farsante vende miseria a los miserables. Uno a uno, los tópicos... y los aplausos, la baba caliente escurriéndose, el clímax del que se sabe fustigado y disfruta con ello, creyéndose importante porque comparte el lecho con los elegidos. En silencio, se someten a la burla y la vileza de las frases vacías y el victimismo nacionalista...

... o populista, que también, cautivados por un moderno refrito de las nefastas soluciones del pasado comunero, donde todo son asambleas, soviets y democracia a mano alzada... como si los hombres no tuvieran dos manos que pudieran intercambiar al mínimo descuido o la democracia fuese la panacea del raciocinio científico, placebo que todo lo cura, incluida la locura. Indagando un poco en el mar de la Historia comprenderemos que ese mal, la locura, viene de fábrica. Una tara ahí arriba, en la mollera, y poco se puede hacer, sólo mitigar el resultado postrero. Tarde o temprano, la misma piedra y un nuevo tropiezo.

Estas colas, las del retorno al jardín prohibido, sí que las vemos desde la ventana de la camareta, Monos. Giran dos veces la calle, para arriba y para abajo, las hileras de feligreses del Jesús de los pajaritos de boina roja. Aguardan el momento de comprar el tiquete del próximo estreno que amenaza ruina, Yes we can, subtitulado en español de la Complutense. Grandes críticos cinematográficos como Monedero lo avalan, y el público... que es sumiso... no dejará pasar la ocasión y dejará que el Estado meta más la mano, hasta las bragas, Grey, hasta las entrañas, entregando el amor puramente infinito de los años en que la Sra. von Trapp era novicia a una sombra imaginaria, una ficción cualquiera, que le ahorre la terrible sensación que provoca la duda, el temor, el fracaso de saberse humano, efímero, ridículo en un mundo raro en el que todo gira en dirección contraria a las agujas del reloj. A la vera del todopoderoso, pero, toda niebla se disipa y el aura purificadora de su ser nos embriaga liberándonos... chistosa liberación... de todo pecado habido y por haber. Ya sea escuchando el oráculo del Excelentísimo (e hiena), la monserga del Iluminado monclovita y su complejo mal disimulado o el vodevil estalinista de la izquierda española... discursos todos ellos próximos al Grey y su tropa de julais... el individuo deja de sentirse incomprendido, desilusionado... deja de sentirse resignado frente al desamor...

... y aparecerá ese príncipe azul que aguarda en algún lugar... ese príncipe azul que llega, míralo qué porte, oh, míralo qué labia, qué pelo, todo bondad, todo solidaridad, todo igualdad... ¿que pega? Bueno. ¿Delinque sin castigo? ¿Detiene sin juicio? Yo no sé, algo habrá... pero él sabe, el Amo sí sabe. Estudió en la Complu. Fue Presidente de la Generalidad. Además, es por nuestro bien. Él...

... nos ama.

2 comentarios:

Agustin dijo...

Hay que tener ganas de tirar ocho euros para ver,una pelicula que es un canto al sadomasoquismo.Aunque viendo su exito en taquilla,lo que algunas feminas les va la marcha no es una exageracion,jejeje,saludos,

Herep dijo...

Es un Mundo raro, Agustín. Cada día que pasa, más. He llegado a la conclusión que, al igual que sucede con la política, es mejor no hablar de Grey con los amigos, por si las moscas.

Un saludo, neozelandés.