Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

31 may. 2014

La puta no tiene quien le escriba


Lupita es su nombre de guerra, de calle, por el que la conocen todos los chulapos de la Tercera, en el barrio del Rosal, acá en la capital del Reino, villa de Madrid. Cuando empezó en este negocio antiquísimo, tuvo que cambiárselo por motivos de marketing comercial: a nadie le gusta encamarse con una lumi llamada Josefa. Suena a hombre, a vicio, produce escalofríos... así que, ni corta ni perezosa, optó por un nuevo baptismo que le abriera las puertas del gremio.

Su vida, como la de cualquier otro perdedor profesional, ha sido dura. No entraré aquí a desmenuzar cada una de sus miserias. No es necesario. Como reza el refrán, a buen entendedor pocas palabras bastan. Todos conocemos a almas como Lupita, o hemos oído hablar de personas que viven en el último de los escalones, abajo junto a la portería, desde donde sube ese agrio olor a pescado en descomposición, algo nauseabundo. Vejaciones, palizas, impagos... algo común en la vida de cualquier mujer de la calle.

Conocí a Lupita una noche, a la salida de un garito del centro. Era tarde, hacía frío y, mientras esperaba en la parada del taxi, ella se acercó para pedirme fuego. Un rápido vistazo a esas botas altas, la falda corta y la mirada triste me permitieron deducir que, esa noche, también iba a dormir sólo... a no ser que quisiera pagar. Lo siento, no, le dije con un movimiento de mis ojos. Ella hizo ademán de entenderlo a la primera, aunque, según me dijo después, en el autobús que nos llevaba al Rosal, donde también vivía un servidor... vivía, y vive... su turno ya había acabado. Según qué noches, prefería volverse pronto para casa. Hay días en los que el destino te aguarda para jugarte una mala pasada, me confesó.

Era muy guapa, Lupita. Mucho. El viaje duró apenas veinte minutos, desde la parada de El Greco hasta la Avenida del General Silvestre, pero fueron suficientes para que, incomprensiblemente e inevitablemente, me enamorara perdidamente de ella. Una vez despojada de su careta de mujer de todos, Josefa se convertía en una persona dócil, noble, dicharachera... y un poco resignada, todo hay que decirlo. Pero era lista, sabía de libros, de cine y, si el trayecto hubiese durado un poco más, habríamos acabado hablando de música y bailes, lo sé.

Nos hicimos una autofoto de esas... un "selfie", creo que dicen los modernillos... y, ahora que he descubierto que se marchó a otras tierras, la guardo como oro en paño. Esos veinte minutos, su brazo rozando mi brazo mientras iban sucediéndose las calles y las luces de neón, aquella sonrisa que tintinea en mis recuerdos, fogonazos que bastaron para caer preso de su embrujo... bastaron para que, desde aquel funesto día hasta esta mortecina mañana, mi mente no pudiera pensar en otra cosa, buscándola, buscándola por las calles desiertas o en las paradas de autobús de toda la ciudad.

Lupita se marchó uno o dos días después de nuestro encuentro. Ahora lo sé. Me lo dijeron unos obreros de la ampliación del metropolitano. Ni cartas, ni palabras, ni nada. Madrid, su Madrid, la había condenado al hambre. Desde hacía tiempo venía anunciándose en la prensa un gran proyecto que había colmado de ilusión a muchas personas que, por aquellas fechas, malvivían por la capital. Hoteles, casinos, salas de convenciones.... dinero, fichas, drogas, putas de alta costura esperando clientes en las barras de los bares de vanguardia, donde sirven excelentes cócteles paridos allá, en la otra ribera del Atlántico...

... EuroVegas, dirección Madrid...

Al fin, Lupita, un golpe de maldita suerte, amor mío.

Pero, ¡ah, desgraciada, qué ilusiones más efímeras las tuyas! El vaso de agua fresca, en un santiamén, quedó vacío, y esa ensoñación de trabajo pasó como se esfuma el recuerdo de tu feliz infancia. Al poco de conocerse el proyecto, legiones de estómagos agradecidos salieron a la palestra, alzando sus voces al cielo maldiciendo aquel sucio dinero que estaba por venir, manchado de sangre y polvo blanco. Al alba, un ejército enfrente, formado por beatos, envidiosos, egoístas y demás moralistas del tres al cuatro, Lupita, agarraron ese futuro incierto que se abría ante tus pies y, de una apuñalada de demagogia barata, lo arrojaron al más profundo de los abismos.

Triste suerte la tuya, amor, que siempre has tenido que sufrir los golpes bajos de un pueblo desagradecido que, como el maricón que te abofetea tras un canje carnal que se torna suplicio y tortura, siempre te ve como un trapo sucio, una colilla tirada en la acera, un gato espatarrado en el arcén de la autopista. Moralina de bestias que, tras dejar a la esposa y a los hijos en la misa de tarde, se acercan a ese barrio donde campean las putas y menudean los camellos, a 60€ el gramo, señor... y disfrutan de sus vicios, que para eso son suyos, y de nadie más.

No tengo ni idea de si leerás estas líneas, pero esta mañana me he despertado contemplando aquella foto que nos hicimos juntos. Me gustaría romperla para que también ahí dejaras de estar apresada y pudieras volar libre, pero no puedo. Es el único recuerdo que tengo de ti. Además, sonríes... y yo también sonrío. Supongo que habrás ido a Tarragona, donde se anuncia un proyecto similar al que acabó en ruina aquí. BCNWorld, se llama ahora el invento. También allí dicen que se construirán mil hoteles, dos mil casinos, otros tantos centros de convenciones e incontables puestos de trabajo donde tú, y muchas como tú, podrán ganarse la vida sin temer que la cacería de brujas las conduzca de cabeza a la hoguera. Las hordas de la demagogia populista, esta vez, se han abstenido de pregonar los favores políticos para que la Ley se amolde a los empresarios mafiosos de anteayer, hoy convertidos en santificados mecenas... y allí, en las tierras mediterráneas, los gurús de la corrección política no hablan de la droga que vendrá, las venéreas que se cultivarán al por mayor o el hedor a podredumbre de los billetes verdes... y también es lógico, sí, pues en la tierra del oasis y el Mátrix virtual de la excelencia y la raza superior, nada es lo que parece y lo que es... la droga, las putas, la depravación, el vicio, el delito y los pecados capitales... ya pertenece a la realidad cotidiana... ya son, por así decirlo, de la familia.

Que tengas suerte, Josefa.

Que tengamos suerte todos.

4 comentarios:

Old Nick dijo...

Nada Salvo Un Enorme APLAUSO, Querido HEREP. TÚ YA LO HAS DICHO TODO.
Un Abrazo.
Un Brindis Por La VERDAD QUE LIBERA.
Y
¡¡RIAU RIAU!!

Jordi Bridge dijo...

Con "selfie" o sin, tu pasaje también es de muchos...

Herep dijo...

Lo he dicho todo, pero aún no se ha dicho la última palabra, Old. Verás como acabarán sorprendiéndonos, y ahí estaremos.

Un abrazo, y otro brindis por la verdad liberadora. ¡Riau!¡Riau!

Herep dijo...

Si vieras el "selfie" cambiarías de opinión, Jordi ;P

Un saludo.