Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

23 ene. 2014

Sueños de ceniza


De pie, con la mirada baja, su figura impone cierto respeto. Alto, robusto, con su corte de pelo característico, esa anilla anudada al óvulo de la oreja... siempre vestido de negro riguroso... Amedrenta, su figura, sí... recortada por el cielo gris tristón que amenaza con una lluvia fina, temerosa ante la posibilidad de romper la estampa que, al filo del acantilado, dibujamos un puñado de personas, no más.

La nota que recibiste en tu correo electrónico hará un par de días lo dejaba claro: el lunes, a las 18:35h. en el Mirador de Llenguadets... sí, sí, hombre... las Dos Tetas de toda la vida. Lo enviaba Paco, con copia para los cuatro monos que, a tu alrededor, asisten, como tú... como yo... al acontecimiento. No hubo más palabras. No hacían falta.

En verdad os digo que jamás han hecho falta.

Ni ahora, aquí reunidos, se rompe el silencio de la mar rompiendo contra el saliente rocoso, ahí abajo, donde el azul pierde su fuerza desbancado por el blanco de la espuma rabiosa. Está Raúl, el maestro sin nivel C... y Sofía, la camarera del bar reconvertido en prostíbulo... amén de Paco, el escritor de... de... bueno, no recuerdo de dónde vino Paco, sólo sé que es escritor y que, cuando hay algo que decir, él es quien, de forma harto sorprendente para mí, mero idiota, junta tres o cuatro letras de la forma más armoniosa que hayan escuchado jamás mis oídos.

Y Gloria... Daniel... el viejo Tomás...

De lejos, quien nos viera, pensaría que no somos más que una panda de colgados... o brujos, bajo la lluvia, haciendo ofrendas a los dioses paganos en un aquelarre incomprensible para cualquier mente dominada por la farándula, el cotilleo televisado o la ideología políticamente correcta. ¡Loco!, me llaman no pocas veces, bien lo sabes. Incluso con la mirada, cuando algún tipo de amistad impide la sinceridad que otorga la confianza. Con el tiempo hemos aprendido a distinguir ese brillo de miedo en el rostro, no os preocupéis. De igual forma, también hemos aprendido a inmunizarnos ante las afrentas...

... aunque dudo que estas pudieran habernos hecho daño alguna vez. Quizá de niños, cuando nos sabíamos diferentes pero no alcanzábamos a comprender el por qué de la diferencia. Quizá durante aquellos años, nuestros sentimientos, fueron más vulnerables.

Sonríes. ¿Te divierte recordarlo, verdad? Ha pasado mucho tiempo desde aquello. Demasiado tiempo, preciosa.

Entonces, aún llorábamos. Nos quedaban lágrimas guardadas en la recámara, como balas anónimas que un vaquero solitario, de improvisto, dispara hacia el entrecejo del forajido del pueblo, terror de prostitutas y viudas alegres. Con el tiempo, pero, aprendimos que nosotros no éramos los más rápidos de la ciudad, se nos atragantaba el tabaco mascado y las botas, de duras, nos sembraban de callos los pies.

Jamás salvamos a nadie, fuera puta o doncella.

Tiramos nuestro revolver una noche larga, negra y fría... y la recámara quedó libre de lágrimas.

Me miras, te miro. Me murmuras algo con un pestañeo, y te contesto con un ligero movimiento que tensa mis labios. Un soplo de aire mesa mis cabellos, desarrapados, y experimento cómo se hiela hasta el tuétano de mis huesos.

Pssss... Héteme aquí, en un entierro... y lo único que siento es frío.

La negra figura cuya sombra eclipsa el brillo de las incipientes estrellas, sin previo aviso, parece ladear la cabeza, buscando los ojos azules de Paco. Querría deciros que, al encontrarse, saltaron esas chispas que tanto caracterizan las novelas románticas que ocupan las cabeceras de los grandes almacenes... pero no. Ni chispas, ni celestiales trompetas tocadas por querubines alados, ni una mariposa descarriada... Nada. Una pausa ligera, una mirada sostenida, y un abrazo que fina como se acaba el efecto de toda droga habida y por haber.

Paco no ha preparado letra alguna...

... y el silencio, otro más entre nosotros, vuelve a tomar voz.

El hombre de negro se mueve, descubriéndose eso que abraza sobre su pecho. Geométrico, grande, de heladas paredes, bien podría decirse que se trata de una urna fúnebre... pero no. Muchos la conocen así... urna... pero esta, a diferencia de las biodegradables al contacto con la mar, o esas que bien parecen ánforas revestidas con mil colores y que descansan sobre el poyete de la chimenea mientras unos familiares... tristes... las contemplan con la vana esperanza de que la ceniza no esté muerta, sino de parranda... no son opacas, más bien transparentes de metacrilato puro y duro, con vértice afilado... y no van repletas de polvo gris... polvo sois, y en polvo os convertiréis...

Con gesto brusco, el hombre de negro rompe el sello, abriendo la urna. Se hace tarde, murmura su voz dentro de mi cabeza. Imponente, alza sus largos brazos hacia el flujo de la brisa del Norte, lanzando al Cielo su regalo... y algo que no es gris pero que bien podría parecerlo, echa a volar de manera torpe, entre tirabuzones y volteretas dignas del mejor de los aviones de papel.

Y de papel son estas cenizas... o papeletas. Papeletas dobladas e introducidas en sobres anónimos. Papeletas electorales que, mecidas por el viento que todo lo puede, desaparecen justo llegada la noche, igual que hacen los sueños que soñamos despiertos antes de irnos a la cama, vencidos por la realidad del subconsciente.

Sueños de paja. Sueños que no valen nada.

Sueños de ceniza.

Todos miramos cómo se alejan esos papeles hacia el infinito de la ignominia, última parada. En el lecho rocoso del acantilado ya descansa, vencida por la gravedad, una urna cuadrada, transparente, con una rajita en el lomo superior... al igual que una hucha infantil... al igual que una hucha infantil donde el inocente rapaz de turno deposita esos anhelos futuros.

Poco a poco, mientras la bandada de pájaros de papel transita hacia su reposo de invierno... largo y duro Invierno, este que nos traen los Años Oscuros... vas quedándote sólo en el Mirador de Llenguadets. No hay despedidas, como tampoco hubo bienvenidas. Uno a uno, los fieles, van desfilando hacia la tenue luz de la farola que ilumina el aparcamiento. Ella, él, el viejo... el hombre de negro, interminable ceño fruncido...

... tú también te vas...

... mientras yo sigo al último de esos fúnebres pájaros de alas cenicientas, intentando averiguar cuál era su canto. ¿Dignidad? ¿Honor? ¿Justicia, quizá? ¿Qué prometiste, moribundo? ¿Qué dejaste atrás, miserable? ¿Cuántos te llorarán contemplándote ahí, en tu urna, deseando que no estés muerto... que sea un espejismo... que la Democracia de la que tanto hablan no sucumba como el más paupérrimo de los mortales?

No seré yo quien te llore en este gélido Noviembre del 2015, mala pécora. Nosotros ya no lloramos. No hay revolver, no quedan balas... no hay vírgenes a las que salvar.

Ja... Héteme aquí, de entierro... y sólo siento frío... aunque cada vez menos. 


4 comentarios:

C S Peinado dijo...

Ya lo digo yo y nunca me cansaré de repetirlo. Pasamos de una dictadura sin votaciones a votar una dictadura... No es algo baladí pues si fuésemos inteligentes, ya haría tiempo que habríamos conjurado en fuerte aquelarre esta Democradura...

Un saludazo.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

Circunstancias familiares me llevan de cráneo pero cuando quiero distraerme leyendo algún blog, no lo dudo: ¡herep de los primeros y nunca - tampoco hoy - me defraudas amigo y camarada mío!
Un abrazo
Asun

Herep dijo...

Todo es un paripé, CS... pero todo proceso revolucionario me da cierto picor, amigo. Las cosas siempre pueden ir a peor y mucho me temo que, de triunfar las corrientes que se entreven por las calles españolas, saldremos del fuego para caer en las ascuas.

Aunque, tarde o temprano, sea para bien o para mal, el vaso acabará rebosando... y por eso rezo.

Un saludo.

Herep dijo...

Asun,
Lo sé.
Y desde aquí te mando un abrazo y mis mejores deseos para vos y para los suyos.

Un abrazo, tarraconense.