Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

12 ene. 2014

Cosas del amor

Gabriela vive en Mollerusa y, como toda persona octogenaria, su cerebelo tiene, a lo largo de la semana, apenas un día bueno. Esa enfermedad degenerativa ha hecho mella en ella, mujer trabajadora y luchadora que, allá por sus años mozos, se vio obligada a abandonar su pueblecito de la Almería hollywoodiense, harta de polvo, desierto y pobreza.

Agarrada a su pequeño José Luis, montó en el autobús y se vino para aquí.

De aquello hace muchos años... pero bien podría haber sido ayer, pues para Gabriela, podrida de Alzheimer, el tiempo se ha detenido en una plaza de Benecid, solitaria, donde juega con Urraca, la insolente hija del porquero, a muñecas de trapo.

De aquello habla siempre... y su hijo José Luis, resignado al eterno día de la marmota en el que sobrevive su madre, hace tiempo que dejó la desesperanza a un lado, sustituyéndola por al resignación irónica del que observa a un loco... aunque, muchas veces, una sórdida idea cruza su mente, haciéndole sospechar que quizá, el loco, sea él... que fue abandonado por su esposa y sus hijos cuando les propuso traerse a la abuela a casa. El matrimonio, al contenedor de la basura. Los hijos... su amada esposa... sus proyectos, sus bienes... Gabriela acabó con todo.

El Alzheimer se lo llevó lejos, a la orilla prohibida, donde los cuerdos no son bien recibidos.

No es reprochable, sabiendo esto, el gran error que aquel Lunes por la mañana en el que la enfermedad dio un respiro a la anciana, el querido hijo cometiera el tremendo error de no leer la letra pequeña cuando don Tomás, tras las lógicas muestras de simpatía hacia Gabriela, le colocara ante los ojos aquellos documentos para su sello y firma. Confiado por las décadas de relación comercial, José Luis, atendiendo a unos consejos del director del banco que le prometían el oro y el moro, bendijo la decisión de su madre... anciana... pues aquel Lunes... aquella semana fue el Lunes... su madre sonreía, miraba y veía...

Aquella mañana, mientras le colocaba el refajo y la rebeca, su madre le llamó por su nombre... José Luis, mi pequeño José Luis.

Han pasado varios años desde aquel día. Gabriela, víctima de una enfermedad diabólica, murió una tarde triste. Ese Dios que dicen que pastorea allí arriba, no le permitió ni un instante de lucidez durante aquella jornada en la que emprendió el último viaje. Moribunda, seguía jugando con su vieja amiga, allá en la polvorienta plaza almeriense mientras al pie de su cama, un José Luis derrotado, no encontraba el valor necesario para alzar la vista y agarrar la arrugada mano de su madre.

Aquella noche, el buen hijo, quedó abandonado, solitario, perdido.

Su cabeza, libre de enfermedades degenerativas, no soportó la pérdida... la humillación... la estafa en la que vivió aquellos últimos años. Su madre jamás los supo, pero perdieron su casa, los ahorros, la vida toda... viviendo de prestado, de las ayudas, de las lágrimas vertidas ante la puerta de un supermercado cualquiera...
No. José Luis no lo soportó. Al amanecer, su cadáver, colgaba de la baranda de su piso ocupado, en plena avenida principal de la ciudad, con un cartel que rezaba: Perdonadme. Lo hice por amor, por mamá... por seguir con ella, cuidándola allá donde nos lleve la oscuridad.

Caso curioso este... y más curioso sería si, dejados pasar los días, José Luis hubiese abierto el periódico de la jornada, de tirada nacional, donde se anunciaba el caso de una Infanta de España... señora culta e instruida, sin la rémora de la tierra analfabeta, desértica plaza y muñeca de trapo... sin el bicho que devora la sesera y el entendimiento... servida por ejércitos de asesores... trabajo bien en empresa de números y bienes tangibles e intangibles... esposa fiel, de familia numerosa rubia y azul... que, también por amor, firmó papeles como Gabriela... la loca de Gabriela, enterrada en una fosa común por falta de liquidez... aunque a la Doña de España, sus rúbricas no la abocaron a la vergüenza, la deshonra, la miseria y la muerte.

El Amor, como la Justicia, tampoco es igual para todos.



6 comentarios:

Old Nick dijo...

REAL Y CONMOVEDOR ESTE RELARTO QUERIDO HEREP-
¡Y LA GENTUZA ESTAFADORA Y USURERA, EN LA CALLE Y SIN "IMPUTACIÓN"!
¡Y Llegan Los "JUECES"?¿?¿ Y SÓLO "ACUSARÁN A LOS JEFES DE LA SANGRIENTA ESTAFA"!¡Los "DIRECTORES" DE SUCURSALES Y LOS SIMPÁTICOS "EJECUTORES Y EMBAUCADORES,-AUNQUE FUERA BAJO AMENAZAS DE PERDER SUS PUESTOS"-,SON ACTORES Y CÓMPLICES IMPRESCINDIBLES PARA EL SAQUEO DE LAS CUENTAS DE POBRES VIEJOS; "FIELES CLIENTES" DE LIBRETA Y AHORRO...
¿JUSTICIA Y EN ESPAÑA?
¡YA SE VÉ, CUANDO EL AMO DEL DINERO QUE IRÓNICAMENTE SE APELLIDA "BOTÍN", DÁ SU NOMBRE A "TODA UNA DOCTRINA JURINDECENTIAL"...
Y Es Que Ya LO Dijo Mi MAESTRO : "PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO" Y A ÉL SE RINDEN DESDE REYES HASTA SOTAS...
Buena ENTRADA GENIO.
Lo Triste Es Que La Gente, NO HAYA APALEADO Y LINCHADO YA A NINGUNO DE ESTOS HIJOPUTAS ESTAFADORES Y LADRONES...
Y Está POr Ver,-A La VISTA DEL "GÉNERO FAMLIAR"-, Si El "SUICIDIO DEl Pobre Y Estafado POLICÍA, No Ha Sido Un "AJUSTE FINAL" DE LOS MAFIOSOS BANKARIOS"---
Todavía Estoy Esperando VER "LA LISTA FALCIANI, "COMPLETA".
¿A Que Soy Un Modelo DE "FE Y ESPERANZA"?
Pues Eso Camarada.
Un Abrazo Cordial. Un Brindis Por La ESCOBA DE FUEGO
Y
¡¡RIAU RIAU!!

José Luis de Valero dijo...

Mi estimado Herep:

Un post ciertamente conmovedor. Y te lo dice uno que tras unos días de ausencia cibernética, acaba de regresar a Madrid con el alma hecha astillas por haber sido testigo de un caso, si no similar, sí con ribetes de semejanza.

La vejez, la incapacidad y la enfermedad terminal, son dispares en según que casos. Yo vengo de presenciar y asistir impotente a uno de ellos. Y lo que he presenciado lo relataré en un post.
Tienes razón en tu última frase:
"El Amor, como la Justicia, tampoco es igual para todos".

Un abrazo, mi estimado amigo.

Herep dijo...

La lista Falciani quedará como el cuarto misterio de Fátima, Old. Imposible resolver el entuerto y, con el tiempo, su sola mención acarreará una interminable y silenciada estancia en prisión.
Ya se encargarán de ello las élites que mangonean este país antaño conocido como España.
Aunque no hay mal que por bien no venga, amigo. A partir de ahora, cuando la justicia corrupta que padecemos te persiga, bien podremos darle esquinazo diciendo que, nosotros, como la Infanta, somos tontos de haba.

Quizá no nos hagan caso, pero podremos echarnos unas risas en la cara de tales paladines del Estado de Derecho (o Desecho).

Un abrazo y un brindis por tamaña carcajada.
¡Riau!¡Riau!

Herep dijo...

Siento que tengas que vivir una situación así, José Luis.
La vida es así de alucinante.... Alucinas de joven pensando en todo lo que tienes al alcance de la mano, y alucinas de viejo, viendo todo lo que se escapó.

Espero tu entrada, artista.

Un abrazo.

Enrique Tarragó Freixes dijo...

Precioso relato.

Herep dijo...

Gracias, Enrique.

Un abrazo.