Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

19 dic. 2013

Caverna (revisada)

Cuenta la historia que hace mucho, mucho, mucho tiempo, en un lejano país de un extraño continente a la deriva en un mundo raro, los hombres que por allí pacían, en eterna paz y armonía vivían, disfrutando de los dones que brotaban del fértil sustrato hercúleo.

Alimentos, materias primas, manufacturados, sentimientos ...

No bien llegaba la época de las lluvias, el trigo rompía la superficie de las tierras emergiendo verde, puro, con ese áspero olor que caracterizaba los kilómetros y kilómetros de hectáreas del mar dorado. No bien seco estaba el cáñamo en las factorías humanas, una interminable hilera de productos iba siendo empaquetada para distribuirse entre la ciudadanía, expectante, que utilizarían los artefactos varios para uso y disfrute personal.

Así las tiendas rebosaban de panes elaborados con toda clase de cereales, las estanterías repletas de bebidas de todos los sabores, eternas colas en los comercios... y las ciudades crecían, tornándose peatonales los centros urbanos, destinados al comercio de fin de semana... tranquilo, en familia, mirando escaparates, comparando precios mientras se degustaba un batido en el puerto, atracado en el océano virtual de la Red, que todo lo engloba y bendice...

La vida se engalanaba de luces en Navidades... de luces durante la fiesta del santo patrón local... de luces de artificio en tu mirada...

Era costumbre, al caer un diente, intercambiar el caduco marfil primerizo con un espectro del mundo de la fantasía: el archifamoso Ratoncito Pérez. El aprendiz de dentista, a cambio, nos dejaba una gominola... un coche... un "pinta y colorea"... y todo se volvía magia, riendo los infantes e instaurándose, en los padres, esa mirada bobalicona... "¡Oh!"... Melosa, pringosa de dulce, confitura inyectada en vena, parecía la escena...

Otro episodio más en un mundo pintado con óleos de miel.

No el único, ¡faltaría más! Los Reyes Magos del Oriente, el Papa Noel del Polo, el hombre del saco que te perseguirá si no te portas bien, la Lotería de Navidad... ¡qué sueño, el de aquella noche de invierno!... alguna herencia, el golpe de suerte que nos debe la Providencia, una carambola galáctica que nos honre... un don guardado en el baúl de la familia...

Sueños. Felicidad. El mundo en calma, los pájaros piando sobre las ramas, niños riendo, jóvenes magreándose en el asiento de atrás de un Ford, degustando el placer de la vida que sigue plácida.

Todo emanaba armónicamente sin cesar tras cobrarse el precio... su precio... escaso... pagado mediante la fuerza del brazo y el ingenio de la mente. Así, armado con tales herramientas, el hombre creaba, plantaba, encontraba la música soplando caracolas, volaba a lomos de dragones de aluminio inoxidable... y todo era posible, inclusive la magia del aprendiz de padre, de mirada bobalicona.

La Energía no se crea ni se destruye. Se transforma

De aquel Mundo raro, pero, hace mucho, mucho, mucho tiempo.

El tiempo pasó y el impulso se perdió, allí fuera, cruzado el umbral de la cueva.

La cartera se secó, exprimida por la tarifa en aumento, y las fuentes se fueron secando. Desapareció el músculo del brazo y el entramado gris de la mollera, reseco, volvióse espongiforme, huyendo el filtro de la originalidad y la evolución. Se secó la miel en las patas de las abejas, mientras nosotros, apicultores, asistíamos incrédulos al borrado tristón del capricho en la lista de la compra, ahora rápida y de supervivencia, ahogada por la escasez de proteína monetaria y nutricional.

El mundo raro nos robó la Energía, relegándonos a pellejo cosido a los huesos. No desapareció, ni quebró la fábrica que le daba forma, no... y perdónenme la risa al imaginarme esto último. La Energía, fue, simplemente, acaparada... expropiada... en oligopolio de aristócratas cambia-capas, maestros en el arte de la demagogia filosófica de la democracia moderna y el chantaje sentimental a costa de una ciudadanía aniñada que espera, nerviosa, que se le caiga pronto otro diente de leche.

Robaron la savia, la fuerza, el pensamiento crítico... y le pusieron el precio del escándalo, de la servidumbre... el precio de la esclavitud.

De aquello hace mucho tiempo. Mucho. Demasiado.

Fue cuando decidimos no pagar el precio, y volvernos para adentro...


... a la realidad de la oscura cueva.


4 comentarios:

Javier Tellagorri dijo...

Lo único que cura el tiempo es el jamón.

José Luis de Valero dijo...

Sin duda tu relato es el sueño habido en una noche de crudo invierno, aunque en realidad todos los que hemos soñado algo semejante,al despertar nos encontramos con la más cruda realidad que describes.

Por eso alguno de nosotros preferimos regresar a nuestra respectiva caverna mental, lugar en el cual se forjan los sueños que nos impulsan a vivir con un mínimo de esperanza y un máximo de dignidad.
Feliz Navidad para ti y tus 12.

Herep dijo...

... y el jamón todo lo cura, Javier.

Un saludo.

Herep dijo...

Decía Orwell que la ignorancia es la fuerza, José Luís, y todos sabemos cuánto de bien se vive en la ignorancia... sin preocuparse por el por qué de las cosas, sin dudas existenciales, sin ese rum-rum-rum del cerebelo...
Sí. Hay veces en las que envidio a los ermitaños, allá en sus montes perdidos.

Un saludo, y Feliz Navidad.