Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

27 nov. 2013

El retal azul



En el momento menos pensado, de la forma más inocente posible, la vida cambia... da un vuelco... un tirabuzón invertido que nos voltea del revés, sacudiéndonos como a míseros peleles. Es ahí, mientras nuestro cuerpo es sacudido por las fuerzas invisibles de la Providencia, cuando lo que se es varía... muta... y la senda recorrida queda borrada, deshaciéndose el pasado y enturbiándose el futuro.

Así sucedió con Natasha, la vecina de Stalingrado.

Con apenas 22 años, recién obtenido el título de Secretariado, la joven Natasha fue requerida en la Oficina del Comisariado del Pueblo en el Distrito Sur 21 de Agosto, donde la aguardaba un buen puesto a las órdenes del Sr. Gorki, el jerifalte del Partido que, recordando la infantil amistad con el padre de la joven, compensó los favores de antaño dando la oportunidad del trabajo a la hija del viejo camarada.

Fue entonces cuando, pasada una semana, hizo acto de presencia la Providencia... disfrazada de café... y la vida de la chica rusa de largas piernas y profundos ojos azules se tornó distinta.

Mientras contemplaba el retal de tela floreada que guardaba como oro en paño, sus ojos se llenaban de lágrimas. Yo no las vi, pero su historia es de las que hacen llorar. No puede ser de otro modo. No queda cabida para nada que no sea la derrota o la locura. Ese retal... ese desgarrón de tela... es el único recuerdo de aquello que fue, antes, cuando la profundidad de sus ojos todavía era finita. De seda azul era la tela, como de seda azul era el vestido de Natasha aquella mañana, fría, en la que la rata del Sr. Gorki le pidió un café "bien cargadito".

Ella, inocente cantaba la "Svyashchénnaya Voyá" mientras el negro líquido perfumaba la estancia, transportándola al Teatro Rojo donde, aquella misma tarde, se estrenaba una obra sobre Vasili Záitsev. ¡Oh, el Ejército Rojo! ¡Quién pudiera casarse con un héroe de la Gran Guerra!, soñaba Natasha...

... pero al abrir la puerta del despacho, ante sus ojos magnéticos, se mostró otra clase de héroe... paladín de la Gran Obra... barrigudo de vergonzosa papada que, de un trago, dio cuenta del caliente café al tiempo que invitaba a la chica, sin pizca alguna de recato, a desnudarse. Túmbate ahí, muchacha, sobre la mesa. La Semilla de los Pueblos esté contigo.

Natasha, orgullosa hija de un capitán del RKKA, no cedió, mostrándose firme en su pureza. Craso error que quizá podría valer ante el mozalbete ese que la cortejaba los sábados en el parque pero que, ante el Sr. Gorki y su hedionda panza de despotismo dictatorial, de nada sirvió. Agarrada por el brazo, empujada al desnudo, las siguientes negativas y la refriega, aderezada con insultos y bofetones de damisela por desasirse de la garra criminal, terminaron en una llamada de teléfono, una pareja de guardias del NKVD, un veloz cuervo en dirección a la Lubianka y un pasaje gratuito en tren rumbo a Oziorlag.

Todo en menos de veinticinco minutos.

Todo bajo la atenta mirada de la humeante taza de café.

Todo en un chasquido... un parpadeo... un capricho del destino...

En el tren rumbo al helado norte, Natasha compartió pocilga con reos... zeks... de toda clase y condición: vulgares criminales, criminales elitistas, presos políticos, amigos purgados... mujeres desconsoladas... niños asustados... ancianos del Octubre del 17 acusados de contrarrevolucionarios...

Siete veces fue violada durante el trayecto.

Cuando llegó, Natasha sólo conservaba un pedazo de tela azul de lo que, hasta hacía poco, había sido su mejor vestido. El resto le había sido arrancado de la piel por decenas de manos callosas de sucia mirada, o por las antaño finas manos de una legión de mujeres corroídas por el odio que les infundía Natasha... reflejo virginal e inocente de lo que fueron tiempo atrás... tan lejano ahora, en esos pestilentes vagones rumo al Gran Norte... donde con cada traviesa se va borrando el recuerdo, los nombres, la condición humana.

Natasha conservó el retal y al poco, parió un hijo... Iván... que, apenas finado el primer lloro, quedó huérfano. Los ojos de su madre, tras la hecatombe, se hundieron del todo en las profundidades del abismo. Jamás volvieron a la superficie, de tan cansados.

Anatevka, la vieja ciega que encontré en el asilo de Agdam hace más de tres décadas, me explicó la historia de la joven rusa. La pequeña Natasha, decía la vieja, aferrada al pedazo de tela azul heredado cual tesoro divino, reliquia de una vida que fue... mejor, digna... de otra persona, sí... pero que bien podría también ser la de aquella abuela de nietos desconocidos... La pequeña Natasha, siempre enferma y triste, que murió apenas vista la cara de su bastardo ruso concebido en un tren-prisión. ¿Qué será de aquel niño blanco, sin apenas vello, carne que se congela en la inmensidad del Gran Norte?

¿Qué habrá sido de mi hijo, carne de mi carne, arrancado por las fauces del Gulag?

Han pasado incontables años desde aquel día y aquella conversación, pero dichas palabras son difíciles de olvidar. Retumban en mi mollera como el eco en el verde valle. Van y vienen, como la resaca en la mar... asediando la rudeza del callo que tengo donde antes latía un corazón... antes... antes de un café cualquiera...

Ayer vi, asaltándome desde el otro lado del espejo del aparato de TV, una "niña del Gulag". En sus ojos, después del amargo trago de la pérdida, bien podía observarse el resplandor del miedo, la incomprensión y la culpa. ¿Quién fue mi madre? ¿Cuál es mi patria? ¿Me quiso alguien, alguna vez? Pasaban fotos en blanco y negro de niños en formación. Altos, bajos, rubios todos, delgadas marionetas con el pelo afeitado... olvidados allá donde la nieve y el hielo son perpetuos... olvidado, Iván... sin comida, sin afecto, sin alguien que les enseñara a hablar... sin una miserable nota en los inmensos cementerios donde descansan los innumerables ángeles sin alas...

Ayer vi el horror del Gulag, otra vez, en forma de fotografía...


... y entre el blanco y el negro me fue imposible distinguir el retal azul.


6 comentarios:

José Luis de Valero dijo...

Estremecedor relato, estimado Herep.
Lo he leído de cabo a rabo y no deja de sorprenderme la similitud, salvando el tiempo y las circunstancias, que existen entre alguna de tus frases con el tiempo presente.
"Siete veces fue violada durante el trayecto." dices en tu post, escribiendo en pasado...
"¿Quién fue mi madre? ¿Cuál es mi patria? ¿Me quiso alguien, alguna vez?", continúas....
Y finalizas:
"Ayer vi el horror del Gulag, otra vez, en forma de fotografía..."

Quizá la similitud exista si sumando las tres frases las aplicamos a "Los Sin Techo" en España. Porque ellos han sido y continúan siendo violados en sus derechos constitucionales.

Quizá toda esa pobre gente continúe preguntándose ¿Cuál es mi patria? ¿Me quiso alguien, alguna vez?,... y no obtenga respuesta alguna.

Lo que sí es cierto, que tanto ayer como hoy y como también mañana, yo he visto en Madrid algo similar al horror de un Gulag: Los sin Techo. De eso hablo precisamente en mi último post mediante un vídeo. Vídeo en el que por cierto te cito tanto a ti como a tus 12.
Felicidades por tu post, estimado Herep.

Javier Tellagorri dijo...

Excelente relato, Don Herep. Tienes una inmensa habilidad para este tipo de relato corto y son una gozada leerlos. Cultiva tu arte. Eres muy bueno.

Old Nick dijo...

¡APLAUSO HERMANO HEREP!
La Hisstoria Que Se OLVIDA, SE REPITE.
Y Las Circunstancias, Siempre Vuelven Por Sus FUEROS...
Hace Años, Hicieron Una Película De Dibujos Animados De REBELIÓN EN LA GRANJA, De ORWELL Y Los "PRODUCTORES" Hábilmente, Le Dieron La VUELTA AL TEMA Y Presentaron Al CERDO NAPOLEÓN, Como Si Fuera HITLER, En Lugar De STALIN... ¿Hay Quien Mienta Mejor Que La INDUSTRIA DE "IMÁGENES"?
Pues Recuerdo Que Cuando Los ANIMALES Se Enfrenta Y Echan Al GRANJERO, Los CERDOS, "RECOGEN Y CRÍAN" A UNOS CUANTOS PERRITOS HUÉRFANOS, HIJOS De Una Heróica Perra LOBA...
Así "TODO QUEDA EN CASA" Y Los HUÉRFANOS DE LAS INJUSTICIAS, "APOYAN SIN DUDAR A QUIENES SE LO DEBEN TODO", Los Mismos CANALLAS QUE ABUSARON DE SUS MADRES...
¡Estremecedor RELATO Y Tan REAL COMO LA VIDA MISMA!
¿GULAG? ¿Y Cuándo a Sido CLAUSURADO?
Las SIGLAS CAMBIAN, GENIO. Pero MIentras No Lo Haga La MENTALIDAD DE "AMOS Y ESCLAVOS", NO HABRÁ VERDADERA JUSTICIA NI RETRIBUCIÓN...
NISIQUIERA AMOR O SENTIDO DE FAMILIA O PERTENENCIA A UNA PATRIA.
Se Empeza Por SALTARSE NORMAS Y LEYES Y SE ACABA LIQUIDANDO O ESCLAVIZANDO A LOS MÁS DÉBILES Y A LOS "DESARMADOS MORAL Y MATERIALMENTE"...
SIC TRANSIT GLORIA MUNDI.
Un Abrazo CAMARADA-
UN Brindis POr LA DIVINA "VENGANZA"
¡ Que Asmodeo Se Los Lleve A Todos De Una Vez!
Y
¡¡RIAU RIAU!!

Herep dijo...

Vi el vídeo en el que nos citabas, José Luís, y te estamos agradecidos por ello...
Son muchos los horrores que nos envuelven en nuestro día a día, y el de los "sin techo", como bien apuntas, es una vergüenza.
Pero hay casos y casos, amigo mío.
Algún día os contaré una historia sobre uno de ellos que, a diferencia de esos que aparecen en tu vídeo, vivió una experiencia vital algo diferente.

Un abrazo y que pase un feliz fin de semana.

Herep dijo...

Gracias, Don Javier.
La pasada noche, sucumbí al vicio del zapping y, ¡oh, sorpresa!, tropecé con el documental con el que enlazo al final de la entrada.
Lo demás, las letras, vinieron rodadas.

Un abrazo. Feliz fin de semana.

Herep dijo...

Tienes razón, Old, en eso de que los verdugos aprovechan toda la sangre de las víctimas... como si estas últimas fueran cerdos prestos al matadero y la butifarra negra.
En el documental, tras helarte la sangre con las peripecias de las madres y los niños en el Gulag, se veían también las fiestas y las conmemoraciones en las que, bajo la presidencia del Padre de los Pueblos, aparecían los "niños del Gulag" cantando y llevándole ramos de flores... en un figurado agradecimiento que la rata de Stalin mostraba al mundo como ejemplo de las bondades de su sistema.
El Sistema del Gulag... la Cheka... la habitación 101... las ratas... la mugre...

La Historia que se olvida vuelve a repetirse amplificada y aumentada.
Vos lo habéis dicho, Old, y yo lo secundo. Quien lo olvide, que apechugue.

Nosotros estaremos preparados.

Un abrazo, feliz fin de semana... y, a falta de algo mejor, brindemos.
¡Riau!¡Riau!, camarada.