Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

22 jun. 2013

Catarsis


Hace años, demasiados años, el pueblo... ese ente fantasmagórico al que siempre preferí llamar ciudadanía... era dominado por las bajas pasiones incontrolables del espíritu. Bajas no por hallarse entre la cintura y las rodillas, sino por lo bruto y rudimentario de las mismas. Las voces, los improperios, el "váyase usted a la mierda"...

En los cines, en los teatros, en todos y cada uno de los espectáculos en los que el populacho, haciendo un esfuerzo enorme, se gastaba las cinco perras de rigor... cuando el artista no convencía, la obra no gustaba o la compañía resultaba un pufo maloliente, uno... después otro... al fondo, cinco... todos se alzaban, cargaban el brazo y, de un fuerte latigazo, arrojaban al rostro del idiota disfrazado un enorme tomate podrido... una lechuga repleta de gusanos... un huevo en loable estado de descomposición...

Y la basura volaba, Monos... y la estancia se llenaba de proyectiles alimenticios, primero, y piedras, maderas, incluso monedas de latón con muescas hechas por los dientes de algún infeliz, después... y todos corrían: los actores, el dueño de la Itinerante de Trileros, las mulas que tiraban del carro-escenario-Congreso, las fulanas que, apoltronadas en primera fila, se las daban de damas de la alta sociedad de la barriada...

Todo era una fiesta. Caótica, depravada, cáustica, anárquica... pero, al fin y al cabo, una tradición en esta España nuestra que tan lejos queda hoy, al recordarla.

O tempora, o mores...

Si por alguno de esos casuales, la profesión de reportero callejero hubiese existido por aquel entonces, a la pregunta lógica tras la salida de la marabunta, la multitud de respuestas habría sido digna de sesudo estudio por los cientos de miles de organismos creados para tal fin... "No me gustó la trama", "él es un petardo", "ella tenía cara de haber comido limones"... "no se escuchaban las voces al fondo, en el gallinero"... "el argumento iba contra la parroquia", "Herejía, herejía"... y así hasta mil razones vacuas que no son excusas, pero que justificarían el ataque de la artillería de campaña del populacho... sin más.

Pero en aquellos tiempos no existían los reporteros de guerra, Monos. Los entuertos no sucedían con el pensamiento del protagonista predispuesto al foco de TV. Ocurrían porque sí. Porque el panadero había tenido un mal día amasando harina, el pescador había vuelto de vacío, la ama de casa no conseguía que su marido estuviera más en casa y menos en la cantina... y se les hinchaban los huevos mientras asistían a la función, se acordaban del cabrón del trigo, del maldito viento, de la pechugona esposa del tabernero... y fogaban... libres de cadenas... y agarraban una banqueta, una piedra, la única boina que tenían para cubrir sus cabezas y lo tiraban todo con un odio impersonal contra aquel idiota que pretendía hacerles reír, llorar, pensar, llorar, cantar, llorar... llorar, llorar, llorar...

Ahora sal de tu casa, va. Ves a una función de teatro, al cine, a una reunión cualquiera... allí donde se junten más de tres para hablar de algo que importe a más de cuatro. Atrévete. Siéntate un rato. Te propongo un plan, si no tienes ninguno: asiste a un mitin político... aquí, en breve, el ilustrísimo Arturo Mas nos deleitará con su presencia; allí, a la vuelta de la esquina, sucederá idéntico acontecimiento con Mariano, o Rubalcaba, la Diez... Cayo, el comunista de salón (punto com)... o cualquiera de los aquelarres sindicalistas, o de los patronalistos... atiende a la horda de ministros, misterios sagrados del más allá... Cualquiera vale. Todos sirven. Va, ves. Elige uno. Acércate. Escucha. Absorbe la obra de teatro. Imprégnate de ella.

Verás qué asco... qué mugre... qué halitosis...

Pero, por encima de todo, comprobarás cómo los proyectiles han dejado de volar y el cielo, puro, permanece vacío de quejas y reivindicaciones, pues hoy, a los ciudadanos que asistimos a la gran tragedia, se nos olvidó nuestro derecho a la pataleta. Sí, tienes razón... algunos se arrojan a las calles, sí... pero no se violentan contra la estafa, sino que demandan poder participar de ella... que la Compañía del Hechizo Eterno los contrate, les de un papel secundario, aunque sea... un pequeño diálogo de bufón, de montador de escenarios tras la platea, de domador de pulgas... algo... algo con lo que poder vivir del teatro... más hipnosis... más, más, más...

Y los periodistas de guerra sin guerra que tanto abundan hoy, esperarán a la puerta de la sala... o multisala... con la alcachofa en la mano prestos a preguntar y responder, pues la parroquia ya no habla, ya no lanza huevos, ya no conspira para, en un acto de rebeldía supremo, rendir cuentas a ese echo diferencial español... esa anarquía española... y, en acto purificador, prenderle fuego al edificio entero.

No.

Hoy la ramera que se creía dama de la alta sociedad sabe que se juega su ilusión, su traje caro pagado con la prestación miserable que recibe por su silencio... y el carnicero, ¡ah, el carnicero!, acribillado a tasas, letras, deudas... ¡Cómo gritar, carnicero, cuando tu vida está en manos de otro!... ¿eh, pescador? ¿Quién te da el permiso para salir a faenar, marinero de agua dulce? ¿Dónde ondea la bandera pirata, pescador?

Todos asisten a la función, mala malísima... plagada de estafa, manipulación, mentira, sacrilegio, crimen... impasible el ademán mientras una panda de actores del tres al cuatro se ríen ante nuestros infelices rostros contándonos chistes de reformas, recortes, igualdades ante la ley, errores inexplicables... "lo siento, me he equivocado"... y demás mierdas pinchadas en un palo.

Una mueca, un gesto, el amargor de aquel que se comió un limón... y todos para casa, a agriarnos la leche que nos corre por las venas, conocedores de aquello que podemos perder... eso que nos pueden quitar... eso que, aún siendo poco, es tan importante para nuestras míseras vidas de súbditos.

O tempora, o amores...


Pero existe algo que nadie nos puede arrebatar. Nuestra tarea, Monos, es encontrarlo, cada uno el suyo... encontrarlo, guardarlo como oro en paño...

... y tener fe. 



2 comentarios:

Old Nick dijo...

¡¡FUERAAAAAA!!¡¡PAYASOOOOOOOOS!!
¡¡MALAJEEEEEEEEEEES!!¡¡TOMAD TOMATES, HUEVOS Y VERDURAS PODRIDAS!!
¡¡NISIQUIERA SABÉIS HACER TEATRO!!
¡BUUUUUUUUUUUUUUUUUU!
Un Abrazo GENIO.
A Ver Si ASMODEO Cierra De Una Vez, Este Mal Teatrillo De Títeres Y Empezamos A Ver LA LUZ...
Un Brindis Por La CATÁRSIS TOTAL.
Y
¡¡RIAU RIAU!!

Herep dijo...

No estoy muy seguro de que vaya a acabar la función, querido Old, más viendo como, día tras día, la cosa va pasando del marrón clarito al oscuro mojón.
Hoy es Hacienda, ayer Educación, mañana Defensa... Todo aquello que toca el Gobierno de Mariano, el nuevo Rey Midas posmoderno, se convierte en bazofia y miseria.

Aunque, tarde o temprano, el castillo de naipes caerá...y puedo asegurarle, amigo, que siempre tengo a mi vera un cesto bien cargado de tomates.
Tomates podridos.

Un abrazo y brindemos para que el día del "lanzamiento" no quede demasiado lejos.
¡Riau!¡Riau!