Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

23 may. 2013

Mirando el dedo



Ayer, en la capital de ese futurible “nuevo Estado de Uropa”, se produjo otro de esos episodios tan típicos de la zona… incomprensibles a los ojos del forastero ibérico… alucinógeno a la mirada de todo aquel que no haya nacido en las hispanas tierras…

A primera hora, mientras los autóctonos se desayunaban un buen pan con tomate y butifarra de payés, un grito estrepitoso subía Ramblas arriba, dirección Plaza del Imperio. Las sopranos… los tenores… los solistas todos no eran otros que las legiones de franceses, ingleses, alemanes, japoneses… que, a tan fresca hora de la mañana, se paseaban por las limpias calles de la Villa haciendo fotos y doblando, o desdoblando, mapas regalados en cualquier oficina turística de esas que, como sucede con las setas, crecen por doquier en un abrir y cerrar de ojos una vez llegada la época correspondiente.

Demasiado paro… demasiada familia por colocar…

Los pakis también… también gritaron, los pakistaníes, también… a pleno pulmón… aunque como no hacían fotos no se sabe muy bien el porqué de esos gritos. No sé. Ellos están bien afincados en este “nuevo Estado” de pandereta gracias a los apartamentos en primera línea de mar que, allá en su asiático país, regalan en la TV pública. Shahid… ¡te tocó un adosado en Barcelona, primera línea de mar! ¡Ale, ale… tira para allá, y procrea, eh! Chusca, chusca… tú chusca y reza. Quiero creer que sus alaridos se debían a alguna técnica ancestral de venta minorista, pero no lo puedo asegurar. No entiendo el pakistaní, ni ganas. Cuando la normalización lingüística lo imponga contrariando cualquier Tribunal viviente, vale… pero ahora, mientras tanto…

A lo que íbamos, que me voy por las ramas del multiculturalismo… amanecía en la Capital del Imperio cuando, de repente, llegó el grito. ¿Qué pasaba? ¿Qué alteró de tal manera la Pax Catalana… el Oasis de Mátrix…? ¿La vuelta de Banca Catalana? ¿El paso, fugaz, de algún Ferrari del clan Pujol-Ferrusola? ¿Otro socavón en el Carmelo?

Naaaa…. pecata minuta…

Lo que pasaba, lo que pasa y lo que pasará durante un mes es que Colón… el Descubridor rebautizado como catalán de pro… se levantó con la camiseta del F.C. Barcelona. Barça para los amigos. Para los no amigos, Farsa, directamente.

Y se levantó así porque, el pobre, debió sentir vergüenza al saberse desnudo, dicen las malas lenguas de siempre, expertas en relativizar hasta la más descomunal de las horteradas y/o dislates. Maestros en quitarle hierro al asunto, decidieron tapar el cobre, la chapa, el metal… mediante tela Nike azul y grana. Todo previo pago de 100.000 euracos del ala de los que, puede estar usted seguro, el modelo no va a ver ni un centavo.

Así que imaginaos, Monos, el grito ultrasónico que agujereó los tímpanos de los súbditos de este “nuevo Estado de Uropa”. Imaginaos el espanto de ese japonés de metro y medio que, atravesando los mares y las tierras a lomos de un Airbus, se presenta en la Capital del Reino con la ilusión de un niño y… ¡pam!... Colón se ha vuelto forofo… hincha… ultra enfundado en su camiseta. Se le jodió el invento al japo. Maldita sea su suerte…

… esperemos que en Florencia, la próxima escala del trayecto cultural, no se encuentre al David de Michelangelo ataviado con un calzoncillo slip color rojo fin de año.


Debido a mi manía de caminar con la cabeza gacha, atento a no tropezar con cualquier línea dibujada en el suelo, no atendí al acontecimiento hasta que una de esas japonesas… no, no, no se parecía a Lucy Liu… lanzó su alarido a escasos centímetros de mis pabellones auditivos. Sobresaltado, alcé la vista, nervioso… y lo vi… a él…

… a nuestro Cristóbal Colón, el Conquistador del Nuevo Mundo, vestido con la camiseta del Farsa. Rápidamente aparté la vista temiendo que, como cualquier vulgar Medusa mitológica, su mirada me convirtiera en un monolito de dura piedra. Dura roca de cemento armado, modelo politicastro autóctono español… o del “nuevo Estado Uropeo”.

Seguí mi camino, un paso delante de otro… sin girar la vista hacia atrás… hacia la aberración… la Sodoma y Gomorra del arte conceptual de vanguardia.

El convertirme en piedra vino luego… cuando me acomodé en el butacón de la Sala X, aquí en el Cuartel General de El Ejército de los 12 Monos… donde pensé…

… pensé en lo pueblerinos y provincianos que son algunos, capaces de llegar hasta el más vergonzoso de los ridículos, por mucho que lo revistan de originalidad o negocio. Ingresamos un pastizal, dice, tartamudeando, el alcalde de la Capital, quedándose tan ancho. Un desahogo para las arcas municipales, corean los limpiabotas que le siguen. Pero, como decíamos ayer, de ese parné ni usted ni yo vamos a ver el brillo. Y tú, Colón… vamos… ni por asomo.

Uno de los “hechos diferenciales” del “nuevo Estado” es ese… el verde papel moneda… el dinero fresco y sectario directo a los bolsillos adecuados, que son los de siempre, y servidor del fin último: la construcción nacional. ¿Alguien se imagina a Colón con la camiseta del RCD Español? ¿O con la rojigualda de la Selección? ¿La blanca merengue? Ja. Ni pagando todo el supuesto “expolio fiscal”, más un euro.

Quieren ser Nación y no pasan de cuchitril.

Pienso en Cristóbal… él, que surcó el charco bajo pabellón español, empujado por Isabel la Católica, Reina entre Reinas, a bordo de la Pinta, la Niña y la Santamaría… bautizando la nueva tierra con nombres castizamente españoles, tras penas, miserias, escorbuto y sacrificios varios.

¡Mírate ahora, Cristóbal!

Obsérvate ataviado con esa camiseta de un club de futbol… ¡de fútbol! ¡Oh, triste final que te encama con el supino arte de darle patadas a un balón!... que abomina de la Nación más antigua de Europa en pro del “nuevo Estado de la nueva Uropa”, patrocinada, como bien indica la camiseta de marras, por esa “Qatar Fundation”, ducha en la sharia y la yihad… tanto monta, monta tanto, lapidar que degollando… mientras una legión de señoritos hace carrera desprestigiando cualquier símbolo que haga referencia a ese pasado abominable… esa lacra de la que deben desprenderse en pro del progreso pueblerino que traerá el maná sobre la catalana tierra, haciendo brotar miel de sus fuentes, viviendas de protección oficial de los huertos y neonatos con cheques regalo del Caprabo…


... y a quien no le guste, ya sabe… tu dedo les indica el camino.



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