Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

21 may. 2013

El plasmarote


La cosa se está poniendo tensa.
Muy tensa.

Desde el anuncio, la paranoia y la manía persecutoria se habían apoderado de toda la ciudadanía, y Winston no era una excepción. Aquella tarde, al poco de acabar su jornada en el Ministerio de la Verdad, un destello intermitente color ámbar y una alarma estridente habían dado paso a la noticia: las telepantallas iban a ser sustituidas. Todas. Inclusive las que se apostaban en los salones de las viviendas. Las que se habían estado utilizando hasta ahora presentaban fallos derivados de la antigüedad de los sistemas, por lo que el Partido iba a acometer un dispendio descomunal para modernizarlas.

Rápidamente los rumores empezaron a correr como la pólvora. Rumores con cuerpo de murmullo, por supuesto, pues nadie quería arriesgarse a desaparecer del escenario común o, en el peor de los casos, visitar la Habitación 101. Pero corrían, escurridizos, haciendo referencia a telepantallas con Inteligencia Artificial… que te ven, que te oyen, que te leen el pensamiento…  imposibles de engañar, siempre presentes, observándote incluso en lo más profundo de tus sueños.
Winston sintió miedo.

Bajo su cama, a buen recaudo, conservaba El Libro de Goldstein. Si caía en sus manos… si lo mentaba en sueños… si la mirada de la nueva telepantalla contaba con algún tipo de rayos X, infrarrojos, algo… Vendrían. La Policía del Pensamiento se plantaría en su casa en un santiamén.

Podía darse por muerto, sí.

Las semanas que siguieron al anuncio, Winston las pasó sumido en terribles sufrimientos. Sufría ante las conversaciones que mantenía con sus compañeros de trabajo, en las visitas al doctor, mientras contemplaba la rúe a través de la ventada de su apartamento… Julia y él decidieron no verse más hasta que se hubiera aclarado el asunto, pero notaba en exceso su falta. Añoraba sus caricias, sus silencios… esa sensación que le hacía sentir cierto grado de libertad, no mucha, pero suficiente… el aroma a sudor, el tacto de su pelo…

¡Joder! Otra vez… ¡Debo controlar lo que pienso! Me va la vida en ello.

Una tarde, mientras era cacheado antes de salir del Ministerio, escuchó cómo uno de sus compañeros le comentaba a otro que el Distrito 13 ya había sido “modernizado”. ¡El Distrito 13! ¡El suyo! Inmediatamente empezó la sudoración en las manos, en las axilas, el bigote… Los técnicos de la Policía del Pensamiento habían estado en su casa. Tres, cuatro… cinco sabuesos habrían instalado la nueva telepantalla, a sus anchas, sin nadie que les molestara en su registro pormenorizado… y habrán encontrado El Libro… y estarán esperándome, comiéndose mi última pieza de chocolate y bebiéndose ese aguachirri al que intentan hacer pasar por café…

No pienses, Winston. No te delates. Espera, a ver.
El apartamento B-9, sito en el Distrito 13, tenía la puerta cerrada. No estaba forzada, ni abierta, ni nada que pudiera hacer pensar en algo fuera de la rutina común. Winston introdujo el código y esta se abrió con el “clic” habitual. Asomó la cabeza con los ojos entrecerrados, esperando un garrotazo a traición, pero nada de eso tuvo lugar. Dentro no había nadie. Una mesa, una silla, la cama al fondo, la ventana con las cortinas descorridas…

Nada.

Pero en la pared de la derecha… ya de perfil… a ver, a ver… dijo Winston mientras se colocaba de frente a la nueva “telepantalla”, esperando el más supino de los terrores… el rostro del miedo, del terror… la mirada inquisitorial del Gran Hermano Todopoderoso, ojo que todo lo ve, todo lo sabe, todo lo intuye…


 
Una monstruosa carcajada retumbó por todo el Distrito 13. La tensión acumulada, el pánico, la añoranza de Julia… Todo se conjuró alrededor de Winston en un momento de descuido. Se rindió a la risa, al cachondeo, a la burla desesperanzada…

  y ahí, entre risas, mientras fuera sonaban las sirenas de una policía que se acerca, Winston se sabe condenado... aunque, bien mirado, todos estamos ya condenados.


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En irónico homenaje a George Orwell y su 1984... obra profética.

4 comentarios:

Old Nick dijo...

¡Juajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuaaaaaa!
¡HERMANO HEREP!¡SIMPLEMENTE SUBLIME TU PARODIA DE 1984!
CON UN "GRAN HERMANO" TAN RIDÍCULO Y "PLASMAROTE", ¿QUIÉN NO SE DESCOJONARÍA SIN PODERLO EVITAR?
¡Pues ESO!
El SISTEMA, SE PUDRE Y DESINTEGRA A SÍ MÍSMO, SIN REMEDIO.
Toda Esta MIERDA, DEBE,-De HECHO, La TIENE-,TENER CADUCIDAD...
¡Ya Verás CUANDO "LA BRUJA ROJA DE GERMANIA" Esté "A PUNTO DE PERDER LAS ELECCIONES", COMO TODO "SE SUPEDITA A TAL EVENTO"!
Que El N.O.M., SABE MUY BIEN LO QUE ESTÁ HACIENDO Y "NO SUELE DEJAR EL ESCENARIO SIN MARIONETAS FIABLES"...
Un Abrazo GENIO.
Un BRINDIS POR LA ESCOBA VENGADORA-
Y
¡¡RIAU RIAU!!

Reinhard dijo...

Esa cara de Mariano será la que ha puesto esta mañana tras enterarse de las declaraciones de Aznar.

Herep dijo...

Todos vamos a ir a parar al mismo sitio, Old. Es cuestión de elegir cómo queremos llegar hasta allí... de rodillas o mirando al frente.
Yo querría hacerlo de esta segunda forma... pero de lo que estoy seguro es que lo haré riéndome como loco, a carcajadas, mientras observo las caras de "plasmarotes" de mis vecinos.

¡Oh, qué espectáculo nos depara el futuro, amigo!

Un brindis por esa escoba vengadora, Old.
¡Riau!¡Riau!

Herep dijo...

ES posible, Reinhard... y lógico. EStá tan acostumbrado a la oposición de pandereta que, cuando alguien le dice algo fuera de lo cumún, se alela.