Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

29 oct. 2012

Diálogos extraterrestres (III)


La sensación de miedo que Alfredo tuvo mientras su cuerpo se elevaba, ingrávido, envuelto en aquella luz clara, hacia las alturas, desapareció. Ahora estaba sentado en un sillón a modo de diván, negro, que flotaba en lo que no parecía suelo, en una estancia oscura, sin luces, rodeado por otros seres de aspecto parecido al suyo, y en idéntica posición. Los veía aunque tuviera los ojos cerrados.

Ya no era Alfredo. Sus treinta años de humano habían acabado. Su infancia, los años de estudio, el trabajo… Todo había quedado atrás, perdido en la pausada duración del ascenso. Su familia, sus proyectos, sus ideas. Tan sólo conservaba su cuerpo, aunque éste estaba ataviado con una indumentaria diferente: una túnica blanca atada con un cordel dorado y unas alpargatas.

Uno de ellos pensó.

      ·        Bienvenido.

      ·         Es reconfortante estar de nuevo de vuelta. Añoraba la claridad con la que se es aquí.

      ·         Ahora eres todo entendimiento. Dime cómo fue tu nueva etapa.

      ·         Esta vez me encontré algo perdido. Mi vida ha sido plena, rica… pero, en ocasiones, el no saber seguir el sendero al abrirse las bifurcaciones hizo que me embargara una profunda tristeza. Conseguí una buena formación académica, construir una pequeña y cálida empresa, regalarme una esposa fiel y una familia con olor a lavanda… pero no todas las mañanas, al despertar, se escuchaban canciones de amor de fondo.

      ·         Conocer el Amor, entenderlo, es la lección más difícil.

      ·         He dedicado toda mi vida a perseguirlo, con ahínco inquebrantable. Tuve una esposa a la que conocí en pleno invierno y con la que, en primavera, me casé en una ceremonia íntima y sencilla. El verano nos trajo pequeños retoños y creí que el círculo se había cerrado. La lección estaba aprendida. El Amor ya corría por mis venas. Esposa, familia, éxito.

      ·         Pero andabas perdido.

      ·         Si. Viví días en los que la sonrisa que se dibujaba en mi rostro no era más que trazadas de un pincel. Esbozos forzados, pruebas sobre un lienzo en blanco, sin sentido… en busca de la inspiración, anhelando encontrar una musa que no llegaba. Sufriendo. Tan sólo se puede sufrir cuando, contemplando la belleza que juega a tu alrededor, en el pecho, un agujero no deja de crecer, crecer y crecer. Fui feliz, absolutamente feliz… pero existieron nubes.

      ·         El Cielo está plagado de ellas, hermano. Sin nubes los hombres no mirarían hacia arriba. Tan sólo de noche, cuando lucen las estrellas, verían sueños tumbados sobre el verde césped. La noche es rica en sueños e ilusiones. El día, en cambio, está construido por blancas nubes y, tras ellas, tras saltar las barreras, se halla la Virtud. El Amor es Virtud, la matrícula de honor en el examen final. Nadie dijo que fuera a ser fácil.

      ·         Creí haberlas cazado todas. Yo volaba por encima de ellas, hacia el amanecer brillante, sintiendo la fresca brisa en mi rostro, pero nunca llegué a alcanzarlo. Siempre faltaba un último bocado, una última porción que rebosara la copa, que derramara Amor… lo transmitiera como el calor irradiado. Mi esposa, hermosura y armonía. Mis hijos, esperanza e inocencia. Pero algún silencio, alguna nota breve, un compás acelerado. No. Algunas mañanas no escuchaba música.

      ·         Contempla si te escuchaste. Observa si, envuelto en el silencio, buscaste tú música o, por el contrario, el deseo de hallar a la musa te hizo enmudecer. Demasiados buscan el Amor en la calle cuando, el mejor sitio, es el porche del hogar. El Amor empieza por uno mismo. Sin ese trofeo no existirá ritmo en tu partitura. Acordes relajantes, sinfonías orquestadas, música para tus oídos… pero, en tu pecho, un negro y profundo pozo de duda y desesperación. Amate para ser amado. Amate para que te amen. No quieras a nadie que no seas tú mismo. Deja el querer para los demás. Eso vendrá luego, cuando tu melodía no esté desacompasada, presta a fundirse en el Amor.

      ·         Dudé de su existencia. Traicioné mi fe en él. Lo imaginé una quimera. Amaba con pasión a mi esposa, pero no era virtuoso. Idolatre a mi prole cada segundo de mi existencia, pero no me sentía virtuoso. No deseé más de lo que mi camino posó sobre las palmas de mis manos, pero jamás me entretuve mirando el vacío que en ellas reinaba. Estaba perdido en mi propia casa. Salí al jardín olvidando el camino de vuelta al comedor.

      ·         Aquí no hay nubes. Todo es claro. El Amor es el Alpha y la Omega. Aquello de lo que se nace y aquello por lo que se muere. Lo que emana y lo que se recibe. Pero para irradiar se debe estar pleno de él, y eso tan sólo sucede cuando uno se Ama. En una vida humana, nuestro espíritu experimentará cientos de amores. Miles, quizá. Para algunos será una suerte, para otros una desgracia con la que deberán lidiar con mayor o menor acierto. Batallas para generales cuyos conocimientos en El Arte de la Guerra distarán un mundo entre sí.

      ·         Y son difíciles luchas. Hechizos para nuestros ojos, la mayoría de las veces. Desvaríos que nos hacen perder el contrapeso de la razón en beneficio del bombeo incesante del corazón. Frustraciones de almas gemelas que, tras juntarse sentados en un banco del parque, vuelven a distanciarse cogiendo líneas contrarias del metropolitano… alejándose para nunca volverse a unir… y nace un silencio… y crece… y la noche acaba desorientándonos… perdidos…

      ·         … y dejamos de amarnos, distraídos intentando encontrar que fue de aquel diario adolescente inacabado, qué quedo de aquella mirada en la cola del supermercado… qué de esa llamada… dónde guardaría todos y cada uno de los besos que regalamos. Pero todo eso queda lejos. Atrás, lejanos años dichosos para aquellos que, como tú en tu vida finada, os aferrasteis a una idea construida de nubes, atrapados en una red blanca de nostalgia.

      ·         También existe la lógica en el Amor. Ella se encarga de frenar el deseo. Sentada en el porche, mecida en su silla de recia madera, nos previene de imposibles sueños de tórridas noches otoñales, nos muestra qué no ha sido… qué ilusión es banal… qué lección aprendida se tornó gota en el vaso de nuestra plenitud. Ella es la maestra que nos educa en la Omega del Amor. El fin del Amor. Su Virtud. Amarse a uno mismo por encima de todas las cosas. Por encima de todas las nubes. Por encima de todos los amores.

      ·         Ese Amor se ha olvidado allí abajo en pro del querer. Yo quiero. Tú quieres. Él quiere. Le han dado al Amor un mal nombre. Adoran un fantasma de hedonismo interesado presos del afán salvaje de perderse entre cientos de sendas iluminadas por otras tantas estrellas. Y gritan. Ahora los oigo. Perdidos en la noche, sufriendo ante la sospecha de que sus ojos jamás acabarán por acostumbrarse a la oscuridad.


En el cielo oscuro de la noche Mediterránea, lo que parece una luz azul, invisible a los ojos humanos, parpadea antes de desaparecer.


6 comentarios:

Old Nick dijo...

EXCELENTE.
Y SOBRAN COMENTARIOS, GENIO.
Un Abrazo
Un Brindis Por EL AMOR Y LA VIDA BIEN VIVIDA.
y
¡¡RIAU RIAU!!

Tío Chinto de Couzadoiro dijo...

¡El amor, ese gran misterio! De él venimos, hacia él vamos, pero ¡cuánta fe se necesita, amigo Herep, para creer que así es!
Un cordial abrazo.

C.S.Peinado dijo...

El amor, esa gran cosa que te hace la puñeta elevándote a los cielos justamente antes de dejarte caer. Excelente texto que sin embargono adolece de cierto aire de melancolía...

Un saludazo.

Herep dijo...

Gracias, maestro Old.

Un brindis por vos, aunque arrastro algo de jaqueca.
¡Riau!¡Riau!

Herep dijo...

Día a día, Tío Chinto, vamos comprendiendo que el mundo está hecho, principalmente, de eso: de Fe.

El Amor no podía ser excepción.

Un abrazo, artista.

Herep dijo...

Todo lo que sube tiene que bajar, CS. Un principio físico que, la mayor parte de las veces, se cumple en esto del Amor.
El truco está en encontrar la excepción que confirma la regla. Hallar ese Amor que no cae ni desfallece.

Difícil, sí... pero de premio eterno.

Un abrazo, jienense.