Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

26 jul. 2012

Legítima oferta



Las miradas sorprendidas de los nuevos empleados de temporada se clavan en mi doblegada espalda nada más cruzar las puertas automáticas del supermercado. Los chicos, las chicas… los estudiantes en tiempo de nieves que hoy cambian sus libros y pupitres por verdes delantales, pantalones negros de infinitos bolsillos y zapatos de seguridad, no están acostumbrados a verme entrar cada mañana a la misma hora, mientras el Sol se despereza aún de su descanso hemisférico.

- Buenos días, señora Smith.

- Buenos días, hijo.

Con Kevin eso no  pasa. Lleva mucho tiempo como encargado del Seven Eleven. Mi memoria ya no es lo que era, pero diría que el chico ya trabajaba aquí estando Steve en vida. Granitos en la cara, una sombra rebelde bajo la nariz, la típica rudeza sureña… Sus formas y hábitos han ido cambiando con el paso de los años y de aquel chiquillo hoy queda más bien poco. Tenía razón mi padre cuando decía que el trabajo dignifica. Sí señor. Se ha convertido en un hombre de provecho, el mozo. Y que dure por muchos años, dice cuando se molesta en cruzar tres o cuatro palabras con ella.

Y que lo vean mis ojos, pienso para mis adentros cuando le escucho hablar tras esa sonrisa suya tan auténtica.

A estas horas de la mañana el supermercado siempre acostumbra a estar vacío. Mejor. Así no tendré que hacer cola ni entablar conversaciones con vecinas del barrio que, en estos instantes, nada me apetecen. Paso a paso voy atravesando pasillos y estantes en busca de aquello que he venido a comprar. Al fondo. Las estanterías que contienen mi anhelo están siempre al fondo. Algún malpensado podrá decir que ahí están mejor… más escondidas… pero es llegar al sector caqui y el atrevido interlocutor se dará inmediata cuenta de su error. Rodeadas de luces, de pantallas de TV donde se presentan los últimos modelos y de un pequeño ejército de empleados siempre prestos a cantar las glorias del nuevo estriado o del nuevo cerrojo, uno podrá decir cualquier burrada, pero jamás argumentar que las estanterías de las armas están escondidas.

Las relucientes Colt, el inmortal Winchester, las estilizadas Beretta, los robustos Heckler & Koch… una colección de negros M16… pistolas, recortadas, semiautomáticas, fusiles Barrett M82… En un frontal reluce un cartel fosforescente anunciando Kalashnicov en oferta… 2 por el precio de 1… y justo al lado, un enorme cesto con pequeñas piñas negras no aptas para el consumo alimenticio.

Conocedora de todos y cada uno de los recovecos de la zona de la armería, mi vista no se detiene contemplando el género más que lo justo y necesario, posándose de forma innata en aquello que he venido a buscar: una Smith&Wesson .357Magnum. Ahí está. Magnífico. Reluciente. Todopoderoso. Cuando murió mi marido, John, nuestro hijo, se coló un día en casa y tras registrar todos los cajones, se apoderó de nuestra Magnum de toda la vida. Esa que le regalaron justo el día de nuestra boda. El chico me dijo que le hacía gracia así que, ¡cómo negarme!

Todo ha sido curarse la cicatriz de la operación de varices de la semana pasada y salir a por otra al supermercado.

Steve siempre tenía nuestro viejo revólver dentro de la fina caja de madera de roble en la que venía envuelto el regalo, y ahora que vuelvo a tener una sobre las manos constato que se me había olvidado cuánto pesa esta obra de ingeniería elemental. Tal y como haría un experto, sopeso la pieza, compruebo el pulido del cromado, el mecanismo de percusión. Una chica de unos veinte años que me mira desde unos metros a la derecha se ruboriza cuando, tras contemplar la boca del cañón, levanto la vista cruzándose nuestras miradas.

¿Qué? ¿Crees que mis viejas manos no serán capaces de empuñar una pistola como es debido? ¿Crees que un retroceso de tal calibre me lanzará por los aires?

Bendita juventud. Yo, a sus años, ya tenía plastificado mi carnet de la Asociación del Rifle. Fue otro regalo de mi padre, por mi mayoría de edad. Recuerdo que él, un viejo marine condecorado en Guadalcanal, me llevaba todos los sábados por la tarde al campo de tiro. Pasábamos horas y horas disparando a sombras negras sobre blanco papel, entre risas y sándwich vegetales.

No dejes nunca que nadie te prohíba tu derecho a portar un arma, me decía mientras limpiábamos las escopetas en el porche trasero. Nos lo garantiza la Segunda Enmienda, cariño. Los malos siempre las llevan.

La chica se marcha tatareando la melodía que escucha por su Ipod, rumbo a la sección de cosméticos. Los 
malos siempre las llevan. Las palabras que aquella tarde pronunció mi padre retumban en mi cabeza mientras observo cómo se aleja por los pasillos.

Sí que tenía razón, padre. Como siempre.

Anoche un perturbado se coló en un cine disparando a diestro y siniestro. Posiblemente compró su arsenal en algún badulaque iraní de la Séptima. Quizá, si hubiera tenido dinero suficiente, se habría dado un capricho con alguna piña granadina de estas, y la cosa habría acabado mucho peor. Pero me da a mí que, de no haber tiendas de armas, podría haber comprado cualquier modelo en el mercado negro… abajo, en la esquina del callejón, donde se ponen los perros falderos de las bandas... por mucho menos dinero… o marcada con algún delito de pena capital…

Pero si en el cine alguna anciana como yo hubiera llevado una de éstas en el bolso, otro gallo cantaría. Un par de agujeros de plomo y listo. Se acabó el problema. Se acabó el aprendiz de supervillano.

Sí, me la llevo. Compraré una cajita para tenerla guardada y la dejaré en el estante más alto del armario de mi dormitorio. Ahí estará segura. Podría dejarla en la mesita pero últimamente vienen mucho a visitarme mis nietos, y ya sabéis cómo son los niños. Todo lo tocan y todo lo quieren. Una pistola… un pedazo de hierro frío e inerte que ni da los “buenos días”, ni las “buenas tardes”, ni se sienta a tomar pastitas de té con el club de lectura… Algo estéril e inofensivo como una pistola, es demasiada tentación para un niño.

Tanto como para un loco… pero, ¡hay tantas cosas que están en manos de locos! Una pistola no te hará daño por la espalda. No te escupirá plomo mientras colocas la compra en el maletero de tu coche o te desvelas a altas horas de la madrugada para bajar al estanco a comprar tabaco. Quien la empuña sí. Esa sombra que aferra el arma con mano temblorosa será quien te obsequie con un billete para el otro barrio. La pistola, como tantas y tantas cosas, se debe a su mano. Ésta es la única responsable.

La mano es quien debe rendir cuentas… sea de cuerdo, de loco, de aprendiz de mafioso o de Harry el Sucio.


Todo sale según mi plan. No hay nadie en la caja así que en apenas treinta segundos ya habré pagado y podré salir del establecimiento con mi flamante arma de defensa masiva. Je, defensa masiva. Está bien la ocurrencia… y es bien cierta. Con ella podré defenderme de los masivos ladrones nocturnos, de los masivos violadores callejeros, de los masivos aprendices de Hijos de Sam que pueblan nuestras barbacoas dominicales… ¡A ver quién se atreve, conociéndome! ¡A ver quién desenfunda más rápido que esta vieja carcomida por el reuma!... ¿Serás tú, chica? ¿Será la cajera? ¿Será el sinvergüenza corrupto del sheriff? ¿Será…

Un segundo. He tenido un destello de lucidez. En el porche… limpiando la escopeta con mi padre… Oirás voces que clamarán por su prohibición, por derogar leyes que ampara nuestra Constitución, en nombre de la paz, del sentido común y de la corrección política. No las escuches. Son esos mismos criminales de los callejones y los zulos… los mismos que intentarán arrebatarte tu libertad y dignidad mediante leyes y sanciones… los mismos que privándote de tu legítimo derecho a la defensa, te violarán igual que violan las leyes que horas antes redactaron sobre papel mojado… los mismos delincuentes que, por obra y gracia de sus ilegítimas armas, han dejado atrás la chupa y la banda para abrazarse a la corbata y la casta. ¿El hurto? Se convirtió en multimillonaria estafa. ¿La extorsión? Será llevada desde el Congreso. ¿La impunidad? Ellos mueven los hilos de la Justicia. Son parásitos, hija mía…


… y los malos siempre llevan armas.



6 comentarios:

Candela dijo...

Pues sí, los malos siempre las llevan.

El problema es que un arma es para usarla, de lo contrario es mejor no tenerla. Además una persona normal siempre tendría escrúpulos a última hora y saldría perdiendo, igualmente. Aunque, nunca se sabe en qué circunstancias nos puede poner la vida.

José Antonio del Pozo dijo...

esa escritura, tan poderosa y fulminante como siempre.
saludos blogueros

Herep dijo...

Por supuesto. Si alguien tiene un arma para, en caso de peligro, mostrarla como señal de advertencia, está perdido.

En una pelea, si alguien saca una navaja, tiene que tener bien asimilado que su adversario también puede sacar una.
Pero cuando a alguien se le prohíbe la opción de luchar en igualdad de condiciones, la cosa ya viene manipulada de fábrica.
Esos escrúpulos de los que hablas, Candela, son eso que nos diferencia de las bestias... pero, para acabar con ellas, debemos dejarlos a un lado.

Un abrazo, y que pases un buen día.

Herep dijo...

Gracias, José Antonio.

Un abrazo.

Old Nick dijo...

Y los Malos, Siempre Llevan Armas... Y Las Usan Cuando, Donde y Contra Quien Quieren, Hermano Herep, Sobre Todo Si ESTÁ DESARMADO...
Por Cierto ¿Sabías Que los QUE SÍ LLEVAN ARMAS POR AQUÍ, Son LOS POLÍTICOS,LOS JUECES Y FISCALES Y AlGÜN QUEOTRO PERSONAJE VIP, CON DERECHO A COCHE Y ESCOLTA?
Un PUEBLO QUE TIENE ARMAS Y SABE MANEJARLAS, NUNCA SERÁ TOREADO SIN PELIGRO PARA QUIEN LO INTENTE...
Ergo, Vayamos al SUPERMERCADO y COMPREMOS JUGUETES, QUE ESTAS NAVIDADES "NO HABRÁ PAGA DE NAVIDAD" PARA LOS POBRES Y LOS SUJETOS A "NÓMINA ESQUILMABLE"...
Ya Va Siendo Hora De Que los BUENOS, SE ARMEN TAMBIÉN, HERMANO HEREP-
Un Abrazo.
Un Aplauso-
y
¡A LAS ARMAS, QUE ESTÁN DE REBAJAS!
y
¡¡RIAU RIAU!!

Herep dijo...

Querido Old,
No había visto tu comentario hasta esta raquítica mañana, amigo... pero, ¡qué decir cuando tus letras no dejan espacio para nada más!
Tan sólo una cita que no se muy bien de quién es, pero que simplifica todo en apenas tres líneas:
"El control de armas no es por las armas. Es por el control".

Un abrazo, camarada. Tengamos las nuestras bien prestas, y escondidas.

Un abrazo, un brindis y un hasta pronto.
¡Riau!¡Riau!