Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

11 jul. 2011

Aire bajo los pies



Cuando el nuevo sheriff llegó, el viento, el único que había acudido a recibirle, se detuvo.

La ciudad, antaño eje primario de la ruta de las diligencias y las caravanas del Servicio Postal, había perdido todo su esplendor. En su Salón ya no se celebraban los espectáculos musicales en los que se reunía la flor y nata del vecindario junto con cualquier forasteros que pululase por la zona… ya nadie quedaba boquiabierto ante las esculturales piernas de las bailarinas del can-can ni volaban, noche sí y noche también, botellas, vasos, sillas o puñetazos… aunque el amo, cosa extraña, no veía con demasiados buenos ojos esta calma que se había apoderado de su establecimiento…

Toda la ciudad había mutado de un tiempo para acá. El mentado salón, la barbería de la entrada, el herrero, el propietario del colmado... la escuela, que había pasado de contar con 12 mocosos a tener un aula con tan sólo 2 criaturas…. Incluso el dueño de la funeraria había visto menguar su trabajo… y su alegría. Ahora, los vecinos no morían… simplemente desaparecían… y, en la ciudad, no era costumbre enterrar ataúdes vacíos.

Antaño próspera y rica, una plaga se adueñó de ella, una mañana de primavera… con la llegada del abrasador Sol. Una cuadrilla de forajidos, encabezados por un tipo enclenque, fofo, débil… un saco de huesos… pero diestro en el trinque y el delito… con una endiablada rapidez para desenfundar y coser a balazos al adversario… manipulador y traicionero… un tipo de esos que no duda en disparar por la espalda, en un descuido mortal, venenoso…

Y con él, acompañado de su horda, la eterna ciudad que brillaba incluso en las noches más oscuras, fue apagándose… poco a poco… perdiendo su esplendor hasta quedar reducida a una serie de calles con el polvo como único transeúnte… donde todos miraban a través de las ventanas de las casas… corriendo con disimulo las cortinas… no fueran a verles desde la calle.

La calle, salvaje, había contagiado su crueldad a todos y cada uno de los rincones de Desesperación City.

Los forajidos, atraídos por la estela del jefe de la banda, dominaban la villa… y la población vecina… y la otra… todas. Todo el condado permanecía bajo el influjo del delito, el crimen y la violación. La Ley, esa palabra abstracta vestida con ropajes del sheriff, hacía tiempo que había desaparecido… justo en el mismo instante que el Sr. Scott, el antiguo poseedor de la chapa, había recibido un baño de alquitrán y plumas de parte de los nuevos amos del tinglado.

Y todo fue resbalando como el aceite negro… deslizándose por la rampa de la corrupción y la desesperación. Los justos vieron cómo se desvanecían sus haciendas… pues ya nadie pagaba al barbero, aunque todos estaban perfectamente afeitados… cómo la merma crecía exponencialmente en casa del tendedero, que observaba, indignado, como los forajidos cargaban sus bolsas con productos que nunca pagarían…

… y los perezosos e inútiles compraros sombreros para tornarse bandidos… junto a los cobardes que, armados con pistolas, pasaron a insultar a las mujeres y escupir a los ancianos… en una vorágine de delincuencia, asesinato y anarquía.

Pero hoy, en los tablones que sostienen los porches, hay enganchados bandos del sheriff.

Nota Informativa,

Se hace saber a todos los ciudadanos de Desesperación City que, ante los acontecimientos acaecidos durante los últimos tiempos, es deseo… y objetivo de quien esto escribe, el Sheriff, el saneamiento de la vida pública y el regreso al dominio y amparo de la Ley. Para ello y en el plazo de tres días, procederá a construirse delante de la Casa del Pueblo una estructura que fue encargada, a mi llegada, al ebanista de la ciudad… y convenientemente pagada. Esta construcción, solitaria y firme, permanecerá a la vista de todos… ciudadanos de Desesperación o foráneos… por igual… pues igual será el trato que de ella deberán esperar. Haga frío, tormenta o nieve, su robusta madera será ejemplo de lo firme de su propósito… y lo sordo de sus oídos ante la clemencia… pues la clemencia es cosa de los hombres, no de la madera y el cáñamo… o la Ley.



En la plaza, justo delante de la Casa del Pueblo, a los tres días exactos, se levantaba al cielo, formada por dos brillantes maderos de roble, una horca… con su soga… orgullosa, solitaria y nueva.

Aún.

8 comentarios:

Candela dijo...

Ejemplarizante bando, no tendremos esa suerte.

Además, necesitaríamos algo más que una horca. Yo creo que un crematorio sería más adecuado, dada la cantidad de personajes que deberían defilar ante el.

Saludos Herep, muy buena metáfora.

Maribeluca dijo...

Que venga Wyatt Earp

Tío Chinto de Couzadoiro dijo...

¡Ah, la fuerza irresistible de la imagen! En la pintura y en la escultura; y, como no, en la escritura.
Un cordial saludo.

Ytalytal dijo...

Dios te oiga.
Saludos

Herep dijo...

Buenas Candela,

No creo que hiciera falta el crematorio. Tan sólo la estampa simbólica de la horca y la firme decisión de utilizarla bastaría.

¡Hay la Justicia! ¡Esa es la pata que buscamos!

Saludos.

Herep dijo...

Jaja... Wyatt Earp... ¿te imaginas que fuera Clint Eastwood?
¡Ese, ese!... modo "La Muerte tenía un precio!

Saludos,Maribeluca.

Herep dijo...

Si, Tío Chinto. La imagen de la horca es capaz de helarle la sangre a cualquiera... tan solitaria... tan muda y sorda.

Un saludo, bloguero.

Herep dijo...

Buenas Ytalytal,

Aunque nos oiga Dios, en nuestras manos está la respuesta.

Saludos para vos también.