Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

20 jun. 2011

Ratas a la carrera


- ¿Seguro? ¿Va en serio esta vez? –preguntó excesivamente nervioso el President -. ¡A ver si va a ser un simulacro… o… o… o una falsa alarma!

- No, President… la cosa va en serio. Ya ha partido una escuadra de los mossos para recoger al Molt Honorable

- ¿Cómo? ¿Al Sr. Jordi…? Pero…

- Ni peros ni nada, President –dijo el Secretari mientras descolgaba el cuadro de Pámies del despacho, dejando al descubierto la caja fuerte -. ¡Agarre los documentos que crea necesarios y espabile, que no tenemos mucho tiempo!

- ¡Perdone, Sr. Vidal! ¿El Excelentísim está a salvo? –preguntó el President mientras se colocaba los zapatos… ¡Buff, cómo aprietan!... y borraba, como sucedía ante cualquier imprevisto, el historial del navegador de internet. Instinto de supervivencia… matrimonial.

- Perfectamente a salvo –contestó el Secretari visiblemente irritado. Todos quienes tienen trato con él saben que es harto difícil mantener una conversación con el President cuando éste no ha desayunado… no asimila del todo bien. Y, aquella mañana de aquel 11 de Septiembre, el ordenanza aún no había traído el pan con tomate de rigor -. Vuelvo a repetirle que antes de amanecer ha partido un grupo de mossos hacia su casa, a recogerlo para llevarlo al otro lado de la frontera….

- Pero, ¿habrán cogido un coche grande, no? ¿Una lechera de esas? Mire que no quiero que pase como la anterior vez… ¿cuándo fue?... ¿sobre el 23-F, no?...

El Secretari, completamente acelerado, no paraba de llenar dos enormes bolsas de basura… papeles, fotos con celebridades televisivas, una lanza, una pluma Montblanc, gomas de borrar y una cajita de clips…

- ¡Déjese ya la camisa y la corbata, hombre! –espetó el subordinado -. ¡No hay tiempo! ¡Y no se preocupe por el Excelentísim! ¡Esta vez viajará cómodo! –paró un segundo, reflexionando -. ¿Una lechera, dice? ¿Pero cómo vamos a llevarlo en una lechera? No ve que no pasaría desapercibido… que lo detendrían antes de cruzar la Diagonal… ¡Un coche! Grande, eso sí…. con un maletero bien grande… y confortable.

- ¿Pero… y la policía… y el Conseller d’Interior?

-¡Vamos, vamos… corra! –gritaba el Secretari, cargado con las dos bolsas, junto a la puerta-. Hay que llegar hasta el final del pasillo y subir a la azotea… vamos… no queda casi tiempo, señor… Y no se preocupe por Puig. Está en Londres. Ayer tarde le llegaron los primeros soplos y, ¡demos gracias!, se dignó a llamar desde el aeropuerto.

- ¡Traidor! Siempre hablando de grandezas y fanfarronerías y mira, a las primeras de cambio, a correr como las ratas.

El Secretari le miró, unos segundos, inmóvil. Como las ratas, dice… ¿Qué debe pensar que estamos haciendo nosotros?... y yo, rata e imbécil. La reflexión pasó, y corrieron escalera arriba.

El President seguía detrás, fijándose en lo sucias que estaban las escaleras, llenas de papeles, carpetas… informes, parecían… y cristales. El Palau había mutado, tembloroso, como si intuyera el asalto. Y temblaba, arrojándolo todo al suelo, descolocando las sillas, derribando los archivos…

La puerta de la azotea se abrió a la llegada de la comitiva, apareciendo ante sus ojos tres policías y un helicóptero. El President percibió, a pesar del ruido de las aspas, el griterío proveniente de la calle, varios metros al sur de su posición, en la Plaça de Sant Jaume. El President, incapaz de ver nada, intuía una muchedumbre encolerizada… ¡dos mil sans-cullotes!… sedienta de sangre… ¡la guillotina!

- ¡Vamos, vamos! –les apresuró uno de los policías -. ¡No hay tiempo! ¡Suban rápido!

- ¡No! ¡Esperad! –gritó el Secretari -. ¿Y la bandera?... Hay que arriar la bandera, ¿no?

- Esto… -murmuró el President, dubitativo… y mirando con ojos suplicantes a uno de los policías- … hay que… hay que bajar la bandera y… ¿Carod?

- ¡President! –exclamó Carod, surgiendo por la puerta de la escalera, exhausto, sin aliento… sin parar de correr -. ¿Qué hacen? ¿Qué esperan… President? ¡Va! ¡Va! ¡Va! ¡Dejad ahí la bandera, ostias! ¡Hay que salir pitando de aquí! ¡Que li donin pel sac a la bandera!*

Y, subiendo toda la camada al helicóptero, éste se izó sobre el aire, dejando atrás el edificio.



* ¡Qué le den por saco a la bandera!

8 comentarios:

Reinhard dijo...

Quizá sea un deseo irrefenable, tal vez, pero el episodio reciente del helicóptero, entrar y salir con esa gallardía,especialmente la huida, sea lo que veremos en un futuro no muy lejano, pero al menos es una bonita metáfora de un grupo de valientes.

Allek dijo...

Es un gusto conocer tu blog..
te dejo un abrazo!

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

¡Genial retrato de un episodio que estoy segura sería exactamente así!¡Además de gran escitor, adivino!¡Felicidades como siempre fantástico!
Un abrazo de tu fiel admiradora
Asun

José Antonio del Pozo dijo...

Grandes diálogos.
Es cierto, no estuvo muy gallardo el sr Mas en el lance.
Saludos blogueros

Herep dijo...

Buenas Reinhard,

En este país, lo podemos legar a ver todo.... y, más concretamente en Matrix, donde la realidad y la ficción son altamente miméticas.

Un saludo.

Herep dijo...

Buenas, Allek

Bienvenido a esta, tu casa.
Un segundo y le hecho un vistazo al tuyo.

Abrazos para vos, también.

Herep dijo...

Buenas, Asun
Sabes, en la cabeza tengo una bola de cristal... bueno, la tengo yo y todo el mundo. Tan sólo hace falta analizar un poco las cosas... y ver cómo acabaron situaciones similares en el pasado.

A la carrera...

Un saludo, amiga.

Herep dijo...

Buenas, José Antonio

¿El Sr. Mas? ¡Vaya personaje!
Aceptando las posibles consecuencias, el President tendría que haber entrado a patita, tranquilo, pues es el elegido por las urnas... pero aquí los victimistas ya no saben interpretar otro registro... y pongo en duda que se trate de un papel.

Un saludo, maestro.