Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

12 jun. 2011

De cabeza al vacío


Un juego:

Sentados en asiento confortable, en silencio, cerramos los ojos dejando la mente en blanco. Relajados, imaginamos que todo se ha transformado a nuestro alrededor encontrándonos, de repente, en un verde prado de fresca hierba, caminando por él con pies descalzos… hasta encontrarnos ante un viejo pozo abandonado.

Curiosos, nos acercamos al borde y, al apoyar los brazos, el conglomerado del muro cede y caemos al vacio.

Boca arriba… boca abajo… de lado… Caemos y caemos, en un descenso sin fin… a oscuras… en silencio… tan sólo, cuando la posición lo permite, vemos la redondez clara de la boca del pozo… alejándose… inalcanzable a nuestra mano…

Mientras descendemos, como flashes de una mala película, en los huecos de la rocosa pared, van encendiéndose ante nuestros ojos escenas cotidianas, reales… situaciones que verás si abres los ojos, ahora… pero sigamos manteniéndolos cerrados…

… y veamos, a nuestra derecha, al trabajador en su oficina, realizando cuentas e informes, ajenos… mientras sus números, sus ilusiones moduladas en proyectos de futuro, permanecen escondidas en el último cajón… atrapado… impotente para arrancar sus cadenas y afrontar su destino, sin cortapisas travestidas de indemnizaciones, cotizaciones o retenciones… y permanece serio, autómata cual robot, conservando efimeramente su mente despierta como cruel recordatorio de su enjaulada situación… apretando teclas que aplastan cada uno de sus sueños.

Nuevo giro… y nueva escena. Un hombre, cuarentón pasado, a ojo, sentado en un sofá,
camiseta de tirantes blanca, interior… descuidado y perdido, barba de cinco días… arrugando con movimientos automáticos de sus pies una mezcla de migajas, ropa y papeles… a saber… pan… pantalones… despidos, deudas o divorcios… perdido su oficio, en números rojos… usurpados los ahorros de su trabajo como garantía de despreocupación y tranquilidad futura… ofertadas en un camelo, un engaño, una mentira basada en la traición y el robo. Un mayor desconectado, cuyos sueños languidecen en la estantería polvorienta de los libros… mientras su presente y con él su vida, va deformándose como el papel a sus pies.

Y mientras caemos, se repiten una tras otra las imágenes, fugaces pero claras, ante ti… y las conoces bien todas pues son escenas que se ven cada día, tan sólo abriendo los ojos… pero los mantienes cerrados mientras pasan abuelos moribundos en sus casas, abandonados… o padres de familia dando codazos en las colas de los comedores de beneficencia, mientras suplican por un tazón de sopa… algo para que mi familia coma… Hay destellos de mujeres bajo amarillas farolas, vendiéndose por sus hijos… y tenderos bajando ruinosas persianas… echando el cierre… para siempre… buscando algún sofá para sentarse… y jóvenes… y drogas… y callejones sin salida…

... y en el descenso, tenuemente, los flashes van distanciándose cada vez más los unos de los otros… hasta desaparecer por completo… quedando, tan sólo el agujero, su perfecta oscuridad… y nuestra infinita caída.


Abrir o cerrar los ojos es ahora indiferente.

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