Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

28 ene. 2011

El imposible sueño...

- Javier, vamos... Date maña, que no vamos a llegar a tiempo!
- Espera, Iván, hombre. Tenemos tiempo de sobra y no vamos a hacerle el feo al pincho de tortilla que nos ha puesto Pepe. ¡Por una vez que se estira con la cebolla!
- Sí, sí… eso. Acabaos ya la tapa y largaos, que teneis el local cargadito con el humo de vuestros cigarros. ¡Nunca vi fumar tanto en tan poco tiempo!
- ¡Venga ya, jefe! Y lo que te gusta a ti este ambientillo que queda, bribón.
- Va, Javier… que no llegamos.
Las avenidas de la Capital están vacías de coches y los árboles presentan perfecto estado de revista, con hojas de un verde inmaculado. Los semáforos, todos parpadeando en ámbar, pierden su sentido ante las riadas humanas que pasean por doquier. Se ven padres con sus hijos, abuelos tambaleantes bajo las carreras de sus nietos, madres que pasean sus carritos bajo el Sol de finales del verano… Todo rezuma paz y tranquilidad esa mañana en la Capital. Más o menos como cualquier otra mañana de cualquier otro día.
- Javier, ¿te parece bueno este sitio?
- Si, Iván, sí. Desde aquí vamos a ver todo el espectaculo a la perfección. ¡Hasta tenemos a tiro de piedra la tribuna de las autoridades!
- Vaya. Y por el movimiento parece que ya llega al Presidente con todo el séquito. Mira, este año también vienen representantes de nuestros hermanos de ultramar….¿ Les ves, Javier?¿Ves las banderas?
- Eh… sí, eso parece… a ver… Ya las veo, ya. Joder… ya podría haberse puesto el presi un traje un poco más lustroso, no crees….
- ¡Más lustroso, dice! Ya sabes que al Presidente la estética no le va mucho. Los trajes más elegantes que le he visto utilizar pueden parecerse mucho a los nuestros de los domingos. Y con el sueldo que tienen tampoco pueden ir de 5 estrellas Michellin todos los días. Me parece que estos días son casi más de fiesta para ellos que no para nosotros.
- La verdad es que por el sueldo que tienen, el trabajo que hacen es bastante desagradecido.
- ¡Ya, pero nadie les obliga a meterse en ese berenjenal, eh! Trabajan para el pueblo… y si trabajas por el bien del pueblo no puedes tener privilegios, tío. Es un trabajo sacrificado, y ellos lo saben.
La gente va agolpándose en las aceras de la avenida principal justo en el momento en el que se empieza a escuchar un fuerte ruido de motores. Los pocos agentes de policía que se ven por la calle son meros objetos de decoración ante la tranquilidad reinante. En los balcones, los vecinos se apretujan como sardinas en lata mientras exhiben sus banderas y pañuelos blancos en señal de bienvenida. Empiezan a escucharse los aplausos y los vítores justo cuando aparecen los primeros vehículos, al fondo, en el horizonte.
- Mira, Iván… Son los nuevos blindados de los que te hablé. Esos que se fabrican en la provincia de mi esposa. No veas la de conocidos que tenemos trabajando en esas fábricas. Y lo bien que están. Ha dinamizado bastante la zona… que ya hacía falta, ya.
- Sí. Han cambiado mucho los tiempos desde nuestros años mozos. Y hablando de mozos, ¿como les va a tus hijos?
- Bien, bien –le dijo mientras piezas de artillería pasaban ante ellos. Dos niños subidos a los hombros de sus padres miran con ojos como platos las moles de metal mientras los soldados saludan a la parroquia-. Joaquín está ahora en USA, colaborando con los de la Universidad en un proyecto conjunto de biotecnología. Está muy esperanzado en no se qué investigación para no se qué cosa. Ya sabes, estudios y más estudios. Carla, la pobre, ya está mejor. Sabes que estuvo varios meses algo pachucha, después de dar a luz a Mario, pero ahora ya está bien, en su casita tranquila. Creo que pidió una excedencia en el Hospital, aunque no estoy muy seguro de si volverá a trabajar, o no. Seguramente estará por aquí, así que con un poco de suerte nos la encontramos.
- Pfff… te han salido buenos chicos, Javier. Ves, esa es una de las cosas que hecho de menos… el tener hijos…
- Querido hermano... tú elegiste vestir el hábito… y la verdad es que muchos de los que pasan por el internado te tratan como a un padre. Joaquín y Carla así te ven.
- Sí. Es una gran satisfacción, Javier. Hay mucho trabajo que hacer con ellos. Y es un trabajo agradecido, hermano. Duro, pero agradecido.
¡Viva!, se oye de repente desde la masa. En ese preciso momento pasan ante nuestros protagonistas las formaciones de la Marina, todos de blanco y son sus fusiles al hombro. Mirada valiente y sonrisa alegre. Iván se despereza de la melancolía y estira su cuerpo hasta ponerse recto como el tronco de un árbol. Alargando su mano a la boina, les brinda el saludo militar.
- ¡Qué recuerdos, hermano!
- Sí. Fueron años de grato recuerdo, Javier. Hice muy buenos amigos allí. Lástima que le perdí la pista a varios de ellos. Había un chico, Antonio creo que se llamaba, que vivía en un pueblecillo del sur y que emigró a Perú, donde montó una empresa de conservas. Ahora tiene varias fábricas en la Costa da Morte y muchos de los compañeros de camarote durante los años de servicio trabajan ahora para él.
- ¡La vida da muchas vueltas, hermano! Y…
El nivel sonoro de los aplausos y los vítores, de repente, alcanza cotas máximas justo al paso de los Tercios, con su paso vivo y la fuerza plástica de su formación. En el palco de las autoridades, todos se levantan al paso de la formación y sus enseñas.
- Mira como aplaude el Presidente, Iván, mira. ¡Y los demás! ¡Hasta rabiar!
- Vaya, hermano. Están todos entusiasmados… hasta los Delegados Regionales echan humo por las manos.
- Normal. Como buenos representantes del País y de los ciudadanos. Ya sabes, lo que decíamos antes. Están aquí para servirnos… nadie les obliga. Incluso me parece que el Delegado del Noreste tiene un hijo alférez o teniente de caballería, creo. ¡Cómo no va a aplaudir!¡Es su deber!
La Banda pasa cerrando las formaciones mientras va tocando el himno ante el silencio respetuoso del público. Una serie de pasodobles y marchas militares siguen sonando en el ambiente mientras van alejándose avenida abajo. Poco a poco, la multitud va apartando la vista de las formaciones y va fijándola en las diversas terrazas, quioscos o vendedores de globos que han surgido como caracoles tras la tormenta.
- Me ha gustado, sí. Cada año lo hacen más vistoso y emocionante.
- Sí… como han cambiado los tiempos…


* En sencillo homenaje a F. Vizcaíno Casas.

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