Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

25 ene. 2011

Cereeebroooo.....


Hoy termina The Walking Dead...

... o por lo menos la primera temporada.

He de decir que no me ha sorprendido nada el éxito que ha tenido la serie en España donde, según tengo entendido, ha llegado a cotas del 18% de Share. Un éxito para La Sexta (o La Secta, mejor dicho) donde, estoy seguro, aún deben estar brindando con buen cava catalán. Algo que no sea deportes ha despertado la curiosidad de la audiencia por este canalete (que no canalillo) surgido de una rifa de tómbola en la que todas las papeletas estaban marcadas.

Bueno, pues hoy tocan los dos últimos capítulos. Y el último, el TS-19, es para mi uno de los mejores. De los seis capítulos de los que consta esta primera temporada, creo que éste refleja bastante bien la idea argumental de Kirkman, el autor del cómic en el que se basa la serie. Serie donde el apocalipsis zombi, los muertos andantes y demás cagamandurrias acaban sobrando, ya que lo importante, bajo mi punto de vista, es la relación establecida entre los vivos y el entorno. A parte de la crítica que se desprende de la serie, por supuesto.

Los zombis, compañeros, no existen. Pero sí que existen los zombianos. Esos seres cuya cavidad craneal puede estar llena de masa encefálica o no, ya que el uso que dan a su cerebro es nulo. El tenerlo o no es pura casualidad. Seres lentos, de verbo ininteligible y mirada vacía como la cartera de un estudiante. Seres que, por muchas cremas que se embadurnen por la cara, siguen siendo decrépitos, podridos tanto por dentro como por fuera. Inútiles que tan solo despiertan para saciar un instinto tan básico como el comer. Marionetas que se agolpan cerca de grandes almacenes para “pasear” mientras miran qué les gustaría tener o qué necesidad nueva pueden inventarse para justificar la compra de unas nuevas gafas de Sol o un móvil que canta rancheras. ¡Y todos cogiditos de la mano que van, no os lo perdáis! Buenos colectivistas están hechos los zombianos. A ellos con teorías liberales. Acércate, acércate a explicarles algo de Hayek… ya verás los bocados que te largan.

Pues eso… La serie esta basada en una colección de cómics con el mismo título aparecida durante el año 2004. No señores, no. La tele no crea nada. No se enciende la pantallita y aparecen Los Mundos de Yupi, sino que hay trabajo detrás, aunque cada vez menos y más videos de Youtube. Quien no me crea, que haga el esfuerzo de tragarse alguno de los informativos de cualquier canal. Pobres periodistas…. los hay que para atarse los zapatos tienen que alzar la vista.

En fin… Hoy acaba The Walking Dead con uno de esos capítulos que hacen reflexionar. Siempre que no seas un zombi, claro… en su afección original o en la posmoderna, entiéndase zombiano: los protagonistas, cada vez menos, se meten en un Centro de Investigación Biológico donde se las dan de salvados. Pero no hay salvación en el mundo colectivizado de los zombianos (a no ser que te mantengas lo más sólo posible). Tan sólo una opción: morir sin dolor. Pasar a mejor vida en unos milisegundos sin sufrir, muy al estilo sanpedril. Elegir entre una muerte “liberadora” o una vida de rata, siempre a escondidas y con el peligro de un corte de guadaña acechando a cada esquina. Auto-finiquitado, te evitas, de paso, la posibilidad de un mordisco traicionero que te convierta en un caminante infinito.

Yo elijo vivir. Siempre vivir. Afrontar las pruebas que uno va encontrándose en este mundo pre-apocalíptico con decisión propia. No impuesta por nadie ni la opción, ni la consecuencia. Permanecer con la mente viva, para nada muerta. Ser un caminante, pero finito.

Los zombis, o zombianos, no tienen opción.

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