Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

23 ene. 2011

2+2=5

He vuelto a recuperar dos novelas que me causaron gran impresión la primera vez que leí, y por eso voy a hablar un poco de ellas, así como del autor.

Eric Blair nació a principios del S.XX en la India británica, en el seno de una familia de clase media. Estudiante mediocre, pasó varios años de su vida alistado en la policía imperial de las Indias, en Birmania, donde lo único que sacó fue estropearse la salud para toda su corta vida.

Asqueado, pasó varios años viajando por Europa, donde vivió como un vagabundo. De ahí saca Eric un libro: Sin blanca en París y Londres (1933), y el pseudónimo que le acompañará siempre: George Orwell.

Impregnado por un fuerte idealismo y embaucado por las corrientes de la década de los 30, llega a España en plena Guerra Civil a defender el Frente Popular y, al poco, recibe un tiro que lo aparta a la retaguardia barcelonesa, justo por las fechas conocidas como el Mayo sangriento, en el 37. Miliciano del POUM, tuvo que salir como las ratas de España para que no lo fusilaran los hombres del jefe de la República, Juan Negrín, de igual forma que habían hecho anteriormente con el líder del POUM, Andrés Nin.

Escribe entonces Homenaje a Cataluña (1938), donde enaltece el ambiente de esa Barcelona libertaria, que amanecería aplastada bajo la bota de “los nuestros”. Según el propio George Orwell: “Lo que ví en España, y lo que conocí después del funcionamiento interno de los partidos de izquierda, ha provocado en mí un asco infinito por la política”. (op. cit.) Ante estas vivencias, que lo marcarían ya para siempre tanto a él como a su obra, George Orwell pasó a ser tan anticomunista como antifascista, ya que “eran lo mismo”.

Escribe varios ensayos, ya a salvo, donde se critica con fuerza la “cobardía intelectual” y la “actitud pacifista” con los totalitarismos tanto Alemán como Ruso que ya despuntaban por el horizonte, pero poco más pudo hacer ya que le consideraron impedido para participar en la guerra.

Empieza nuestro protagonista a plantearse la estructura del Estado totalitario y sus vertientes, ya sea la hitleriana, que era clara para la sociedad, o la estaliniana, ya un poco menos conocida, u ocultada.

Es en esa época, la última de su vida, ya que moriría joven, cuando escribió sus dos novelas más famosas, Rebelión en la granja (1945) y 1984 (1948), donde la crítica a los sistemas totalitarios y al hombre en general ya aparece como principal protagonista. La primera, a modo de fábula, nos cuenta la lucha de unos animales de granja para librarse de los “humanos propietarios”, con la siguiente sustitución del papel de éstos por los propios animales ya libres. Pero los hechos son testarudos y la nueva vida de los animales liberados no dista mucho de las condiciones anteriores, empeorando en la mayoría de los casos ya que, tal y como se nos dice en la novela, “todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que otros”. Señoras gallinas, ocas o caballos (que no cerdos): “no se establece una dictadura para salvaguardar la revolución, sino que se hace la revolución para instaurar una dictadura”.

1984 es, en cambio, una crítica descarada ya al sistema totalitario (de la URSS) donde el hombre queda relegado a una piltrafa, un ser sin pensamiento crítico o propio. Una sociedad de títeres donde hasta el más básico de los instintos humanos es borrado o manipulado para el beneficio del Partido, que lo controla todo, lo sabe todo e, incluso, lo percibe todo. Donde el espionaje invade la sacrosanta unidad familiar y los slogans, los “Dos minutos de Odio” y las demostraciones públicas de sumisión al Partido son instrucciones tan asumidas dentro de las mentes colectivas como pueden ser dormir(ojo con los sueños) o comer. Es el Gran Hermano con mayúsculas un sistema totalitario donde el “librepensamiento” es sancionado con la “evaporización”, previa tortura física y psicológica del sospechoso. Es el Partido lugar en el que todo está atado y bien atado y donde “no se crean mártires”, ya que "no se eliminan discrepantes", sino que se les hace entender y amar al Gran Hermano. En Oceanía las celestinas tienen forma de rata. *

Nacido a principios de siglo, Eric Blair entendió quiénes eran los enemigos de la libertad y del progreso, y los denunció. A él lo denunciaron llamándole trotskista, nazi o franquista.

George Orwell murió de tuberculosis a mitad de siglo.

Le bastaron apenas 40 años para comprender que al día le acompaña siempre el Sol.

* La tortura final sufrida por Winston no es una licencia poética del autor, sino que él mismo fue testigo de “operaciones” similares en chekas barcelonesas durante el año 1937.

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