Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

13 sept. 2018

Estudio morgue


Con los primeros trinos de las cacatúas invasoras, bajo el Sol de justicia del septiembre nostálgico, deambulando entre taxis conducidos por pakistaníes maleducados y marroquíes misericordiosos siempre dispuestos a sacrificarse por el prójimo infiel, cuidadoso de no pisar el escaparate lujoso esparcido en la acera de la ciudad condal por un emprendedor mantero aburguesado afiliado al sindicato... disimulando al pasar frente al retrete público reconvertido en narcopiso o higiénico burdel de cronometrada tarifa -con su chulo, su camello, su jeringuilla sifilítica y seropositiva...-, en zigzag evitando el acoso político de la policía del régimen y sus libretas prestas a enchironar a los gorrillas que reubican lazis en los contenedores adecuados a la basura amarilla o sus mofas a todo aquel que defienda la ley sin ser miembro de las tribus migrantes ante los cuales salen corriendo cual ánima en pena y que tienen bula papal entre los miserables aprendices de sturmabteilung de petróleo y plumas cuatribarradas... bajando en eslalon por las ramblas sin bolardos sobre las que circulan furgonetas y pacen los cadáveres tostándose al calorcito del tórrido verano... cruzando frente al supermercado de los veintitantos cuerpos reventados por la accidental explosión colateral previamente anunciada, o despistado frente a las placas invisibles que rememoran los pobres diablos que sucumbieron ante las sacas, los barcos reconvertidos en chekas o las fosas silenciadas bajo toneladas de hormigón modernista fetén...
... atravesando el foso cenagoso de las Moreras, el mito del Born, el reflejo impertérrito de la llama del Canigó o la sombra alargada de la Moreneta y su pan bajo el brazo...
... Braulio, con un trípode bajo el brazo y un maletín repleto de mecanismos, lentes y rollos de película, busca la mejor esquina donde colocar la cámara de fuelle... su amiga entrañable, su tesoro tolkiano, aquella que trae el pan a la mesa y el buen vino al estómago... ¡oh, cámara, cuántas inolvidables veladas junto a vos en el cuarto oscuro!.... Hoy no debemos desfallecer, amor mío. Son miles... cientos de miles de millones los que, en fila de a uno, posarán firmes ante tu objetivo como soldados impacientes ante la fotografía que sus familiares aguardan antes de la partida al frente. Ponte guapa, cámara; que el agua fresca limpie tu mirada; haz tu trabajo, ese que detiene el tiempo asesinando la vida hasta convertirla en naturaleza muerta... y Braulio, el fotógrafo del pánico, ubicado en el ángulo de la náusea y del blanqueamiento de sepulcros, resguardada su cabeza bajo el negro manto que resguarda su intimidad de la cruda realidad, va apretando el botón de la acción, el gatillo junto a la nuca, explota ya el fogonazo de la infamia.
Algunos dirán que es una pena el blanco y negro de la imagen,
pero Braulio responde jovial que así se disimula mejor el rojo de las manos manchadas de sangre, así que sonrían, por favor.

 

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