Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

6 abr. 2018

El bofetón


Sirva la decisión de un juececillo alemán acerca de la excarcelación del infausto Putschdemont como metáfora fidedigna de la ristra de palos que viene sufriendo nuestra patria desde que la camada formada por los sucesivos gobiernos padecidos bajo la sombra del gran abrazo de la transición democrática apostató de la defensa de la Nación en beneficio de los tejemanejes tejidos con tela de viuda en los grandes templos salomónicos de la burocracia y la usura, y cuyo fin último, a pesar de los obstáculos que la inercia histórica y costumbrista ha ido poniendo -quizá involuntariamente- en el camino marcado por los grandes maestros uropeos, es el derribo y desescombro de la tradición cultural occidental que encarna el Reino de España como ningún otro país en este viejo continente condenado al oprobio y la mofa.
El bofetón propinado por la locomotora de este contubernio de liendres y demás ponzoña no hace más que afianzar a los pobres y desconsolados simios de esta milicia en la nefasta idea de Europa que se moldea en las cancillerías de los estados miembros, tan alejada de los valores que labraron su fama y gloria, y que hoy... ayer... violentada y raptada la pobrecita damisela, vagabundea pidiendo limosna por las calles mientras solloza debido al ultraje al que la someten señores y señoras y señorus encorbatados ante la única resistencia dada por ciertos países del este que, sabios, guardan buena memoria de los proyectos humanos imperantes en pro del otro mundo es posible de común sumisión al Estado totalitario.
El bofetón, directo al rostro un pueblo encarnado en la figura de un miserable presidente del gomierdo que ni preside, ni ejecuta ni da muestra de tener en las venas otra cosa que no sea horchata de chufa, se suma a la lista de agravios sufridos por los fieles contribuyentes desde que Mariano Rajoy, el Iluminado, tuvo la maldita idea de meterse en política, allá por las calendas de la última glaciación. Él y su mano derecha sorayesca, acobardados por el diálogo de los idiotas y la paz de los cementerios, haciendo suya una doctrina cristiana en la que no creen pero de la que saben sacar excelentes réditos, siempre tienen dispuesta la otra mejilla para llevarse el garrotazo de sumo grado treinta-y-tres si tamaño masoquismo ha de reportarles una semana más aferrados a poltronas, nóminas y poder. Así, como espárrines gustosos, son capaces de recibir en carne propia el guantazo de un imberbe en campaña electoral sin interponer denuncia, la anulación de una doctrina Parot esgrimiendo no sé qué mierda de prevaricación, multas y condenas por torturas a terroristas confesos, manipulaciones de la historia común, insultos y rebeliones de cuatro desarrapados por el nacionalismo racialista y, ahora, la burla nauseabunda de todos y cada uno de los países que forman este aquelarre de Uropa a la que tanto admiran, alaban y sirven los politicuchos -y babosas afines militantes- de este otrora país imperial.
Olvídense de verlos plantar batalla... ellos... los peleles del Amo.
A lo sumo, entre los últimos estertores de un gran abrazo que jamás pasó de ser un mal cuadro de inmerecida fama, cuando todo caiga y los ríos se tornen rojos por la sangre o amarillentos debido a lo aceitoso de la mancha humana, asomarán la jeta por la ventanilla del coche oficial, estirarán la mano con estudiada inocencia y, con una sonrisa... caminando deprisa hacia el abismo... constatarán que sí, que parece que llueve.
Malditos seáis, y maldita sea la suerte de la raptada Europa.

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