Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

30 mar. 2018

En algún lugar, la gloria, invisible


Ya va creciendo la X.
A lo exponencial, equis al cubo, doctor.
Otro año más desde aquel alumbramiento de inicios de primavera... primavera que no llega, pero que terminará asomando, siempre fiel, como el astro que gira y gira y nos da su luz que es inocencia y llanto y vida y una cómoda butaca reservada en la primera fila del Gran Teatro de los Sueños.
No perderás jamás la cuenta, pues es del tiempo que te ha sido dado de lo que estamos hablando.
Unos se irán, otros vendrán para quedarse hasta que la apatía y la gran amante fiel y agradecida que es la misantropía te susurre al oído la necesidad de rasgar los lazos que te atan con el maestro de marionetas, y flotarás
porque todos flotamos
solo, en tu tinaja de líquido amniótico, sustento primigenio y último, en un movimiento orbital alrededor de una serie de acontecimientos... hechos históricos... que apenas podrás comprender por mucho que dediques hasta el último esfuerzo de tu ser a despejar las otras incógnitas de la física y la matemática que equilibran balanza y pesos de tan magno espectáculo de sesión golfa.
Girando el cuello en un gracioso movimiento con intención de observar los rostros que se agolpan en las filas que se pierden a tu espalda, apenas se distinguen las facciones de tantos que empujaron hasta la primera línea y que hoy, entre tinieblas nebulosas, parecen moldeados con el efímero humo del tabaco de la risa que se enciende en los momentos felices. ¿Dónde están las viejas sombras? ¿Queda alguien ahí? Los que no están presos crían malvas en sus celdas de pino verde o de hormigón de noventa metros cuadrados, desojando margaritas, berreando soflamas en calles que carecen de dueño, ilusos santificados, merma de untar... muy rápida, la vida, muy rápida... bodegón de fútil ilusión.
Tres cuartos y mitad de la misma casquería sucede con los anhelos y las esperanzas de los años mozos, si alguien tuvo alguna vez uno y aún recuerda la introducción, el nudo y el desenlace de las ensoñaciones que una noche de verano retozando en la tumbona de una playa del Mediterráneo.
Giro la cabeza hacia atrás y sólo veo tinieblas abstractas de las que nada sé distinguir.
Al frente, sobre el escenario, la desesperanza sucediéndose en actos, subidas y bajadas de telón y largos y someros repiques de palmas sumisas provenientes de la nebulosa que se extiende más allá de la balsa prenatal con la que nos resguardamos, Monos, de la mancha humana y su pringue mortal.
Es ella, madre y liberadora de los espejismos hechos con barro por hombres provenientes del microbio unicelular con pretensiones de mesías templarios, la que enciende un cirio durante las noches de regocijo dando candor a nuestro cuartel general. Es ella la hacedora de vida. Una vida nueva que perdurará hasta que caigan de maduras las últimas estrellas del firmamento, y su gloria no tendrá fin.
Lo demás, los otros y sus incógnitas existenciales, es polvo y paja.

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