Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

25 mar. 2018

Apostasía


Domingo de pasiones.
Hará un porrón de años, un hombre entró en olor de multitudes en una ciudad vieja, al vaivén de las ramas de olivo, entre vítores y loas a la salvación. Salvación espiritual, se sobreentiende, pues la otra, la física, es cosa más peliaguda en aquel y este valle de lágrimas que han de transitar las moléculas de la mancha humana durante el tiempo que se les ha dado. Él, con su paso sosegado, la mirada calma y el espíritu en paz, a sabiendas entraba en la urbe donde quienes le aplaudían hoy mañana habían de lancearlo en la hoguera, no albergaba dudas en su interior, conocedor de que ahí estaba la verdad.
En este 2018, otro ser... no hombre sino liendre... en su semana grande de reafirmación existencial, lunes a viernes ininterrumpido de internacionalización y dignificación de la voluntad de el pobla tocado por el dedo democrático del altísimo, hora tras hora de adulación babosa y pleytesía subvencionada en los medios de comunicación de la corporación de las Mil Colinas Catalufas -con sus hijos de presidiarios, las yayas con la bufanda al cuello, periodistas en camiseta de tirantes y valientes de plastelina enumerando las etapas del vía crucis turístico de la pulga de rata-, ante su intención disimulada de entrar en otra ciudad que le aguardaba sin pena ni gloria, ha sido detenido por la policía.
Sin olivos, dos agentes de la autoridad agitaban conos de tráfico de esos que brillan en la oscuridad.
Amarillo lacito, Putschdemont.
Hete aquí que, después de tanto tiempo, tras otro suspiro de los dioses, volvemos a la farsa de la historia cíclica y tenemos, a los pies de la Justicia, al farsante que venía a prometernos el paraíso en la tierra -catalufa tierra- donde el vino manaría de la font del gat y el pan del tres-per-cent alimentaría las bocas de los parias de la tribu en lo que iba a ser la salvación física -a la par que la existencial- del conglomerado mafioso de la Casa Gran del nacionalismo venido a más merced al enjuague de manos insidioso del Poncio Rajoy de turno y su cohorte de lamelibranquios.
Él sí, lumpen. Él hubiera sido capaz, pobres malaventurados incrédulos.
Lástima que todavía queden herejes a tal religión de odio,
y que, entre lo uno y lo otro, se decantasen por Llarena.

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