Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

2 ene. 2018

Crónicas de la resistencia (V)

Para él, los primeros días del año nuevo son iguales que los últimos del viejo. Con las primeras luces, antes de que su cerebro empiece a procesar el frío de la noche al raso, sus ganas de vivir hacen que su cuerpo se active como un resorte, ojo avizor. Tampoco le es importante el paso de los años -pronto dejó de contarlos-, aunque una ligera observación de los incisivos o la tensión de su cuerpo musculado deja entrever que no sobrepasa la treintena de primaveras.
Todas huyendo. Prófugo perseguido. Un diablo a la carrera.
Ninguna de las bayas comestibles del bosque le es desconocida; ponderando viento y humedad puede descifrar el clima a dos días vista; de las ramas secas, a pedradas, habría incendiado mil bosques de habérselo propuesto. Pero todas sus virtudes -y las que no enumeraré en esta nota para no hacerme pesado- carecen de valor a ojos de la mancha humana: Kunta Kinte, el díscolo indiscreto, esta marcado con la letra escarlata que usan los modernillos (de mierda) cuando hierran a la oveja negra del rebaño. Cabra blanca, mejor dicho, que el esquizofrénico Kunta Kinte es blanco, y hombre, y heterosexual y para nada multicultural, sino tribal... enamorado de las tradiciones intempestivas de su casi extinto clan de hombres de Occidente.
En peligro de extinción, los de su ralea deben de especializarse en técnicas de supervivencia si quieren escapar de las fauces de la corrección política omnipresente y los perros de presa que están a su servicio, auténticos maestros en la persecución de todo rastro que previamente les haya sido indicado por sus amos en esto de la ideología con sufijo postmarxista de muro berlinés. 
Para los nuevos inquisidores de la tolerancia en vena y la paz democrática de la granja, su cuerpo lechoso es sinónimo de impureza original -igual que el pecado bíblico, culpable de todas las miserias que hubieren sido cometidas desde el gran petardazo del inicio de los tiempos-, y su condición de falo con patas no puede interpretarse de otra manera que no sea la de criminal en potencia, ya que si no es así, ¿para qué, entonces, la pachamama les ha endiñado un arma de destrucción masiva entre las piernas? Si al menos fuese para disparos de fogueo que no hiriesen a nadie... que no preñaran... que sólo sirvieran como reclamo para aves plumíferas de bajo vuelo o como pistolas de agua con las que jugar a sartarle un ojo al prójimo en una orgía orgásmica... Pero este Kunta Kinte nuestro es blanco y hombre y heterosexual, y de las virtudes del mundo moderno que están tejiendo los arquitectos reniega.
Es un provocador, y debe buscar refugio en las montañas, en cualquier caverna, porque desde que amanece hasta que cae la negra noche son muchos quienes quieren darle caza.


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