Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

26 dic. 2017

La podredumbre


En estas fechas, entre anuncios de tiparracas de largas piernas y tontolabas con gorrito de marinero de agua dulce embadurnados en perfume parisino, los canales de la corrección política gramsciana nos saturan con los mensajes de buena voluntad propios del solsticio laico de invierno, entre los que destacan, por su abolengo progresista, aquellos que convidan al saqueado contribuyente a sentar a un pobre a la mesa... a un paria... a un desarrapado miembro del lumpen. Es justo en el instante en el que William Munny descerraja su plomo sobre el cantamañanas propietario del salón del pueblo cuando la venganza pistolera se corta para que, en primer plano indigesto, aparezca la barba rala y la mirada vidriosa y tierna del vagabundo suplicando por un plato de sopa con pelota y un par de canelones del fondo de la bandeja.
Hágalo por él... sea misericordioso... comparta su caviar beluga con los desheredados, malnacido, parece apremiar la voz en off de los gurús de la socialdemocracia al uso en la España del oprobio y la ruindad moral mientras en pantalla aparece el sobado número de cuenta bancaria de la oenegé que hace de la caridad un negocio vital.
Los corazones de la mancha humana, reblandecidos ante la injusticia social auspiciada por el materialismo histórico explotador de buenos salvajes, acuden prestos a la cola del supermercado para comprar un paquete de arroz bomba, ovillos de tallarines y un pack de latas de aceitunas rellenas a cuenta del banco de alimentos de la barriada, esperanzados en suplir la falta de espacio y silla en el comedor familiar con estos pequeños artículos de delicatessen.
No podré sentarlo entre cuñados y sobrinos, pero, al menos, tendrá arroz a la cubana en el comedor social, María. ¡Qué buenos somos, amor! ¡Qué solidaridad la nuestra, Violeta!... y la doña de la casa, tan henchido de amor su corazón matriarcal, dedicará un pensamiento a los desamparados con el primer brindis de la noche, pensando en la suerte que tuvo al arrimarse al árbol de mejor sombra, allá en sus años mozos, cuando la dignidad todavía se cotizaba al alza en el mercado municipal.
Ponga un pobre en su mesa...
... ponga un andrajo a su vera...
... disponga silla con lazo amarillo y plato vacío para un preso político, no sea fascista colono, y el supremacista misericordioso, resuelta la encrucijada del expolio y la caridad cristiana pregonada por la iglesia de los hombres justos nacionalistas, atenderá con toda la fuerza de su voluntad el llamamiento de los padres fundadores de la republiqueta de (h)Oz (y coz) en la nueva vuelta de tuerca de la dialéctica democrática que ellos, pueblo elegido, representan mejor que nadie en este planeta flotante.
Un litro de aceite de girasol para el comedor social de Amnistía Internacional y un altar en la mesa para el espíritu imperecedero de los encarcelados por sus ideas políticas. Escudella helándose en plato hondo. Caldo de la Terra Alta agriándose en la copa de las fiestas de guardar. Turrón duro para molares chirriando a cientos de kilómetros de distancia. El noi de la mare tocará la pandereta mientras la familia canta canciones tribales sacadas del imaginario de una resistencia que, bajo la sombra del poder sempiterno de los árboles buenos, pierde todo atisbo de sentido. La abuela llora recordando cómo corría ante los grises de Felipe V. El abuelo, desde su foto en blanco y negro, parece sacar lustre a la falç con la que pretendió segar cuellos de infieles bajo órdenes de mossén Claris.
Ay, el popbla, el popbla, y su voluntad férrea...
Todo sucederá entre anuncio y anuncio de tipos  y tipas y tipus apestando a azahar destilado a cien eurazos el botellín de treinta centilitros, uno detrás de otro, interrumpiendo la justicia poética de William Munny, asesino de mujeres, de niños y de todo aquello que se mueva afrentando la ley innata que ha de sobrevivir a la plaga bípeda que asola el exterior de la caverna en la que doce monos nos hemos refugiado para sortear el diluvio.
Sucederá en honor de multitudes, entre fanfarrias y coros de querubines clamando las bondades de la humanidad multicultural y fraternal y solidariamente hermanada en el gran abrazo nihilista.
Sucederá al son de la náusea dos-punto-cero del nuevo orden.
Sucederá mientras quienes velan por la seguridad de España... hoy tachados de bastardos... degustan, como parias a la puta rúe, el nauseabundo y podrido festín navideño que el Gomierdo de España de Mariano Rajoy, el Iluminado, les hace presente como pago por los servicios prestados a la Nación.
Ponga a un pobre en la mesa...
... y lance a la política por la ventana.

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