Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

27 jun. 2017

Crónicas de la resistencia (IV)


Las ciudades, al desperezarse con el amanecer, van mostrando sus mejores galas, las unas detrás de las otras... hoy en la capital, paladín de las causas nobles; mañana en el ayuntamiento, segundón con pretensiones; pasado en las bibliotecas, las guarderías, en el velatorio del decrépito anciano santurrón caído por un espanto... y no hay farola de la que no cuelguen los pendones del lugar enumerando, uno a uno, el decálogo de nuevos usos y nuevas costumbres; no hay mástil del que no ondee la heráldica de la sociedad liberada, voluntariosamente gramsciana, reescrita sobre las cenizas de la Historia. Blasones hechos con cascotes del caído Muro de Berlín. El triunfo de la voluntad del mediocre. El gozo del rebaño, y el pastor bondadoso que lo redistribuye, todopoderoso.
Asoma el sol y, con el café, los locutores no olvidan mencionar qué se celebra esta semana en el mundo universal. Monotema en las entrevistas. Monotema en la prensa escrita, en la infinidad de gilipolleces que circulan vía móvil y hasta la tiparraca de ventas, mientras echabais el pitillo que sigue a la fiambrera de ensaladilla rusa del almuerzo, ha dicho que ella va con unas amigas... «amigas, amigas, eh; de las de la infancia, no pienses», ha recalcado después, con las mejillas sonrosadas, pero eso es lo de menos porque todo, alrededor, se ha confabulado para que esta semana, en la vieja almojama de piel de toro, a pesar del ensañamiento cruel del calor y el olvido de la deseada lluvia desengrasante, los brillos del arcoíris reluzcan como monedas de oro puestas al Sol.
La conjunción planetaria está aquí.
Orgasmos democráticos para todos... periodistas, actores, caricaturistas, políticos desde sus ministerios, médicos y el (julan)dron espía del Ejército del Aire, intelectuales que pasaban por allí, programadores informáticos actualizando logos de las páginas web hasta las tres de la madrugada, usureros frotándose las manos pensando en el aluvión, engullendo migajas en el sofá mientras ves correr los anuncios en la TV, aplicaciones gratuitas para colorear perfiles y que no desentonen en la ciénaga de redes, cuando el senegalés de turno te despierta de la siesta llenándote la cara de arena de sus chanclas para venderte un reloj más falso que la palabra libertad en boca de un humanista, o mientras miras la estatua del héroe de Cartagena, el medio-hombre más célebre que parió España, con una kufiyya multicultural que alguien le anudó al cuello, aún ahí, incrédulo alienado, todo serán orgasmos democráticos al amparo del sudor, el roce de la carne y el sonido de las fanfarrias del regeneracionismo del superhombre sin género.
Toca la orquesta que echó el cierre al imperio romano, la que corrió tres maratones delante de la barbarie, y suena alto, suena fuerte, pero la cueva es profunda aquí dentro.

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