Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

21 may. 2017

Sesión golfa (XXIV)


AÑO. 2017
DURACIÓN. 10 minutos
PAÍS. España
DIRECTOR. Desconocido
GUIÓN. Franz Kafka
PRODUCTORA. Chirigota Española, c.b.
GÉNERO. Independiente.
SINOPSIS. Víctima de la ola iracunda que ha despertado en el país, traemos a esta columna el blanco de las airadas críticas de la intelectual patria. Sin tener en cuenta las carencias derivadas del irrisorio presupuesto de la película -rodada con la cámara del móvil, sonido ambiente y ruido de lluvia, actores improvisados sin beca-, no han escatimado vituperios, denuncias y amenazas llegando incluso a sugerir la muerte en la hoguera para el director de la cinta, de haberse conocido su nombre.
A pesar del intento de boicot, la mancha humana -mitad presa de la desidia y mitad sumisa por la condescendencia-, ha podido verla a través de los mil millones de dispositivos digitales que campean por nuestras vidas. El virus de la democracia digital, junto con la ínfima duración de la trama, ha magnificado su difusión, y, con ella, esa mezcolanza de sentimientos trágicos y criminales que se ha apoderado de los cascarones vacíos que ocupan el gallinero.
O no.
La cosa es sencilla y rápida: una mañana, con las primeras luces del alba, Quimet, barrendero municipal, allá a lo lejos, descubre una serie de objetos extraños... y es aquí, cuando la camarilla de la escoba debería poner pies en polvorosa ante el terror de los vegetales asesinos de los que habla el título de la película de Nivel C, donde el populacho que asiste a la comedia empieza a sentirse engañado, víctima de un fraude, pues no son tomates lo que descubren Quimet y los suyos, sino banderas. Banderas rojigualdas, y bien podrían haberse dado de bruces con el mismísimo Belcebú que el pánico no habría sido mayor. ¡Qué manera de correr!¡Qué gritos!¡Qué histeria colectiva al despuntar el día y verse el alcance de la invasión!
La parroquia frunciendo el ceño ante la pantalla, el tic del labio superior en el articulista del semanario cultural... no hay duda de que en los cinco minutos que llevamos algo bulle en el lugar reservado para las vísceras, y cocido a presión, el potaje de la falacia pronto rebosa la olla de la paciencia: tras cinco minutos más, que es el tiempo que tarda el escuadrón especial que la policía tiene para acciones antiterroristas en arrancar las banderolas dando al traste con sus planes de colonización fascistoide.
No hay más.
Quienes entienden en esto del séptimo arte, la califican como la peor película del mundo, esgrimen la censura preventiva de la ley mordaza y proponen, contra la realidad histórica, el olvido por lobotomía y asfixia...
... pero otros, pocos, hablan ya de una obra de culto.
Yo lo hago.

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