Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

23 dic. 2015

Solución final


Cuando nací, una decoloración en mi glúteo dibujaba la marca.
Yo era el elegido.
Una gran multitud de compatriotas ansiaba ocupar el puesto reservado para el elegido, y de entre todos aquellos ciudadanos quisieron los hados que la pequeña media luna se apareciera en mi cuerpo de recién nacido. Aún llorando, la comadrona cuchicheó un par de plegarias en voz baja, le mostró mi virtud al doctor y me montó en un coche urgente hacia el ministerio.
Nunca más volví a ver a mi madre, pero estoy seguro de que ella lo comprenderá.
Era la madre del elegido, y allá dónde esté su vida ha de ser dulce como la miel. Ella parió al salvador del país, la esperanza de todos los desamparados que la gran depresión había dejado por el camino. Millones de niños desnutridos, hombres que algunos años atrás habían regentado negocios de barrio, pequeñas fruterías, colmados, cuadrillas de operarios dedicados al mantenimiento de las instalaciones de los edificios, y que ahora se veían abocados a rebuscar comida en los cubos de la basura o hacer cola con sus familias en la cola de los comedores sociales, mujeres mercadeando con sus cuerpos en los pestilentes muelles del barrio pesquero.
- ¿Dormiremos esta noche debajo del puente, mamá?
- Sí, cariño, pero hoy será más divertido, verás -y muchas, infinidad de conversaciones como esta ocurrían día a día durante la larga eternidad que siguió al expolio al que se vieron sometidos los ciudadanos del país. La desesperación entre los hombres y las mujeres de los barrios y las plazas era un miembro más de la familia, todos tenían a alguien que, como sucediera tiempo atrás en las guerras, estaba en la primera línea del frente de la miseria.
Doble miseria, ya que la solución era conocida por todos. El remedio que debía acabar con los sufrimientos que crecían sobre la tierra no era un misterio insondable como los que mortifican a quienes pretenden entender los orígenes del Universo, ¡qué va! Era algo mundano, al alcance de la mano, estaba pensado y expuesto en conferencia pública, escrito negro sobre blanco, lo irradiaban a todas horas los medios de comunicación de la prensa leída o sentida. Mera cuestión de tiempo que las gárgolas de mil cabezas, la envidia, la vanidad, la codicia y la usura, serpientes crueles que disfrutan viendo sufrir a quienes han de heredar la tierra, fueran sacadas de su madriguera y, en público y vengativo juicio, abrasadas en el fuego del infierno.
Pobres hasta de espíritu, la democracia es lo único que el dinero no ha podido robarles. Orgullosos de ella, incluso en los momentos de zozobra siguen fieles a los postulados democráticos, y votan seguir chapoteando entre el fango de los cerdos o volar libres librándose del yugo y las flechas que los esclaviza,  y orgullosos acuden a depositar su papeleta el día que conocen como "de la fiesta de la democracia", y hacen multitud de programas especiales con conexiones en directo y entendidos que hablan de lo que tanto entienden, y cuentan votos, y cuentan derrotas.
Porque siempre pierden, y como cerdos siguen revolcándose en su mugre.
Lo dicta la maldición,
pero la leyenda, al nacer yo, volvió a la boca de todos. Había nacido el elegido, el del glúteo señalado, aquel que ha de decantar la balanza de la fuerza, retorcer las leyes de la física y la química, sepulturero de lo nuevo y mamporrero de lo que está por venir, ya se ve una sombra en el horizonte, un tiempo nuevo, tiempos de grandes cambio con brisas frescas que mecen las cabelleras de rubios eunucos y elevan a las vestales que corren por las playas como delicadas bailarinas del ballet del ejército rojo.
- ¡Él nos librará de esos cabrones!
- Mil matará con su espada de fuego y su puño de milhombres -susurran las universitarias a mi paso. Creen que no escucho sus palabras, pero mi superoido es infalible. Ninguna palabra escapa de él, y por ellas sé sus buenos deseos y la esperanza que tienen depositada en mi persona.
También, disfrazada, la sana envidia que despierta mi posición, el no ser ellos los tocados por la vara del capricho, no poder disfrutar de las muchas medallas que poseo, no recibir los halagos que se me dispensan, no beber las mieles de las que yo disfruto. No ser leyenda, no pasar a la historia de los hombres, no vivir eternamente.
Porque yo soy quien ha sido elegido para luchar contra el dragón que come doncellas y calcina bachilleres, el monstruo que se baña en el sudor de los jóvenes de nuestra patria, incompletos y esclavizados, privados por el cancerbero del averno al que tanta atención dedicaron cuando no era más que un desvalido lisiado desdentado al que poder sacar rédito político en su camino hacia la gloria. Desagradecidas, las hienas caducas han olvidado los sufrimientos de sus hijos y nietos para con su bienestar social, las protestas por la dignidad de sus pensiones, las sentadas que tantos glúteos... estos, pero, no elegidos como el mío... congelaron durante los asaltos a las plazas, a los bancos preferentistas, a las farmacias que reclamaban el copago al mostrarles la receta del médico especialista. Víctimas de la demencia y la senilidad, prefieren no agradecer la dedicación de quienes vienen detrás según dicta el ciclo de la vida, y se aferran al Antiguo Régimen fascista en un postrero intento por privar a las nuevas generaciones de las bondades del futuro del "otro mundo es posible", condenando a la sociedad moderna y sobradamente preparada al fango de los cerdos, a la náusea de esta depresión injusta en la que vivimos.
Yo vine a vosotros para desequilibrar la balanza.
Nací para dar el último empellón a los viejos.
Yo soy leyenda.

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Robert Neville, en la Sala X.

2 comentarios:

Javier dijo...

Estamos gobernados por un nutrido ejercito de políticos capadores que han conseguido hacer de nosotros una caterva de eunucos necios e idiotizados. Lo tenemos claro.

Herep dijo...

Eso ha hecho con nosotros, Javier, idiotizarnos. A los jóvenes que nos han de suceder, mejor ni pensar qué han hecho con ellos. Ver cómo razonan es descorazonador, imaginar el futuro que les aguarda da pánico.
Y risa, por qué no decirlo.
Un saludo, y Feliz 2016.