Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

12 feb. 2015

Gato por liebre


Hay momentos que se quedan grabados en la mente. Palabras, gestos, un aroma furtivo en el que flotan instantáneas del pasado... viejos desamores, amigos de la infancia, compañeros de trabajo, la familia, papá y mamá... la cuales, a lo largo y ancho de una vida, van moldeando un carácter único, personal e intransferible, y que a veces vuelven a nosotros para que no olvidemos quién somos, qué hacemos y el motivo último.

Esta tarde he recordado palabras de mi padre dichas cuando yo apenas levantaba un palmo del suelo. Era un sábado por la mañana en el que él libraba. Corrí a despertarle, desayunamos y nos fuimos al supermercado, dispuestos a solventar cuanto antes las tareas de la casa que teníamos asignadas. Fue allí, en la inmensa superficie repleta de gente, en un pasillo flanqueado por cereales chocolateados y papel de cocina, donde mi padre soltó su frase, cruel:

No me sueltes la mano, hijo. Si te pierdes no me reconocerás entre tanta gente.

El hombre del saco, a partir de aquella sentencia, pudo darse por despedido. La causa supina de mis pesadillas fue, desde entonces, una amalgama de figuras extrañas con caras difusas, confusas como las señoritas de Aviñón, extrañamente deformes con grandes narices de elefante y largos colmillos de lobo, arriba, y tigre, abajo. Mitad hombre mitad demonio, esos seres que no iba a reconocer, me perseguían todas las noches justo cerrar los ojos, alargando unas fauces horripilantes que pretendían agarrarme y arrastrarme a su infierno particular... un mundo raro... donde los justos e inocentes se cuecen en enormes calderos, entre terribles sufrimientos, mientras los falsos profetas vitorean desde las gradas, maldiciendo al idiota que osó contradecir los postulados del otro mundo, posible, de las tinieblas. Hierve, cínica, hierve, gritan los desconocidos a la pobre mujer que es feliz con sus arrugas y que ahora, a más de mil grados la sopa, contempla cómo estas se diluyen en el caldo justo a la vera... ay, vera, verita, vera... del esqueleto blanco del profesor que enseñaba a sumar y restar. ¡Hereje!, se puede leer en las pancartas que a él iban destinadas unas horas antes, en la función de mediodía con precio especial para jubilados.

Noche a noche me enterraba bajo centenares de mantas, deseando que por obra de un encantamiento la lana se convirtiera en una cota de malla mágica de los tiempos de Durin I, único escudo válido contra los demonios de la noche que acechan al otro lado de las sábanas, con rostros desfigurados por la mentira y la demagogia populista y bienintencionada, siempre prestos a arrastrarte al paraíso deseado que anuncia la propaganda de la información moderna emitida por TV, todo riqueza compartida como el vino en las bodas, salud universal más allá de Orión, y amor... mucho amor, a precio asequible, en todos los rincones de la Pacha Mama.

Viaje con nosotros, si quiere gozar... y el tranvía del deseo que parte fletado por Marxismo-Leninismo, s.a., cuya única parada es el caldero de los mil grados centígrados, tiene el aforo completo como si de un tren hindú se tratase. Todos quieren alcanzar el paraíso perdido, aunque este no sea más que un infierno soso de verdura podrida, huesos de rata y agua sucia. Sopa, al fin y al cabo, y cientos saltando en ella tras varios tirabuzones, contentos a pesar de que, como las arrugas de la joven que se sabe adulta, toda su magia se ha disuelto en el insípido brebaje igual que hace el plástico al arrojarlo al fuego.

Hoy me doy cuenta que, involuntariamente, me solté de la mano de un mundo en el que, padre, me encuentro perdido y que, comparándolo con aquel Sábado, se me hace irreconocible.

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ACTUALIZACIÓN. Parece ser que no hubo cirugía, sino triple capa de chapa y pintura. Cáspita, ahora que me había hecho a la idea de que la desconocida que me visitaba por la noche era la buena de Uma.

8 comentarios:

Javier Tellagorri dijo...

Muy inteligente y entretenido relato sobre las vivencias infantiles convertidas en obsesiones que en la vida luego se reproducen.

Agustin dijo...

La Infancia esa edad,que te marca los pasos a seguir al perder la inocencia.Aunque siempre deseamos volver a aquel maravilloso tiempo,saludos,

Maribeluca dijo...

Nos la ha dado con queso a todos, pero para mí que algo sí se ha hecho en el morro...envejecer es duro para todos, pero más si eres señora y has sido agradable de mirar y encima trabajas en lo suyo (la que salió ganando mucho fue la vicegallina de ZP ;) para que luego digan de los cirujanos plásticos)

Herep dijo...

Es durante la infancia cuando se forma el carácter de las personas, don Javier. Quizá sea esa la razón de la importancia que se da al control del "sistema educativo".

Un abrazo.

Herep dijo...

Sí, Agustín...

... Recuerde el alma dormida,/avive el seso y despierte/contemplando/cómo se pasa la vida,/cómo se viene la muerte/tan callando,/cuán presto se va el placer,/cómo, después de acordado,/da dolor;/cómo, a nuestro parecer,/cualquier tiempo pasado/fue mejor.

Grande, Jorge Manrique.

Un abrazo, neozelandés.

Herep dijo...

La industria de la imagen es una inmensa picadora de carne, Maribeluca. Como diría el jefe de la "vicegallina", lo importante es quedar bien en la foto... sea esta en importantes despachos o en exclusivas alfombras rojas.
Por suerte, Uma sólo se descontroló con el maquillaje. Sopesé incluso arrancarme los ojos ante el adefesio.

Un abrazo.

tomae dijo...

...yo vengo por Uma, y me alivió pensar que el remedio era irremediable con un frotar y lavar. Nunca he visto mujer que le siente tan bien un chandal amarillo y desenfundando una Hattori Hanzo.

Saludos amigo.

Herep dijo...

Ya quisiera yo una Hattori de esas, tomae. No habría sandía que se me resistiera.

Un abrazo, figura.