Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

7 abr. 2014

Tragedias familiares

La fuerte luz verdosa de la radio-despertador indica las 07:45h. La miras, tu celebro asimila la información visual, y el puzzle de una vida vivida se recoloca en el cerebro, instantáneamente. No se escucha ningún ruido, pero el silencio percibido es diferente, nuevo... más solemne.

Asientes... sí, curioso. Nunca más voy a despertarme a esta hora. A ninguna hora. Durante mucho tiempo has imaginado qué sucedería en este preciso momento, conociendo qué te depara el futuro más inmediato... más si es ante una situación poco halagüeña... ¿qué haré? ¿Tendré el valor?... En el mundo imaginado, te alzabas siempre victorioso, vencedor ante cualquier adversidad, pero esto es real, esta hora es aquí... jamás volveré a despertar en esta cama... y asumes tu sino con resignación, infectado de un no muy bien reflexionado estoicismo, sonriéndole al mal tiempo.

No te engañas. Desde hace tiempo, tres veces idiota, sabes en qué va a acabar el juego.

No se puede diferenciar a los hijos, esposa... le dijiste, cuando todavía poseías una pizca de autoestima y tu palabra contaba. Recordabas bien las vicisitudes de los primeros años de recién casados, cuando todo escaseaba, se trabajaba de sol a sol y la vida era un valle de lágrimas. Os lo enseñaron vuestros padres. A todos. Pero vosotros... ella, en tu caso, no quiso prestar atención a los consejos. Son tiempos nuevos, decía mientras te cubría de besos y, poco a poco, toda aquella sabiduría fue quedándose atrás, vieja, relegada... infinita tristeza... que disfrazaste de forma pésima dibujando una eterna sonrisa en tu rostro, una alegría superflua, marchita a poco que se quisiera indagar en ella.

Las gentes acostumbran a interpretar de mil formas distintas el amor. Cien mil formas, quizá... pero todas erróneas. Yo, perdidamente enamorado de nuestra historia, sucumbí. Me dejé llevar. Cedí... ¿pero cómo no hacerlo? ¿Cómo plantar batalla? Sus besos, "confía en ellos, amor", mis dudas... Son nuevos tiempos, te convenciste no sin sollozos, y el tuyo, tu tiempo, se sacudió una buena ristra de años esa misma noche. Empezaste a cavar tu propia tumba, ayudado por uno de esos pequeños bastardos que, a fuerza de pucheros y pataletas, había consumido, igual que azúcar y agua, el antaño corazón aventurero de vuestra madre.

También se fundió el tuyo, maldito diablo lisiado.

Quizá me dejen llegar a la hora del almuerzo. Has escuchado cosas terribles sobre hombres que, por tener el buche vacío, han perdido las tripas tras recibir un balazo en el estómago. ¡Qué faena, caer así! El bueno de Jesse James, despatarrado por el suelo... Si la suerte me acompaña, dispararán por la espalda, como buenos perros traidores, mis hijos. Me ahorraré mirarles el rastrero rostro. Tanto los quise, tanto los quería... ¿Querían pan? Les daba pan. ¿Querían formar sus propias cuadrillas? ¿Sus "insignificantes Estados"? Los dejaba... a regañadientes, sí, pero los dejaba. Y ella sonreía, dándome su aprobación, y yo me sentía bien, aunque...no estaba en paz.

Había algo... una vocecita escondida, abajo, que me decía que no debía fiarme de mi prole... siempre conspirando, siempre maquinando, siempre dibujando sombras cuando los tiempos eran gozosos... denunciando robos inexistentes, alabando sus "rasgos diferenciales", la "predisposición" a su diálogo típico del matón del barrio, negociaciones secretas al otro lado de la delgada línea roja, esgrimiendo confabulaciones que menospreciaban el buen nombre de los padres... comprometiendo nuestra hacienda, el futuro... nuestra vida...

No debimos tratarlos de forma distinta. Debimos atender a quienes más sabían, estudiar los días pasados, aprender de los errores de quienes nos precedieron... comprender que son los padres quienes dictan las normas... las leyes... y los hijos tienen el deber de cumplirlas. Pero ella, su buena intención, esa creencia estrafalaria del "apaciguamiento" y el "diálogo, diálogo, diálogo" de todos sus gurús de feria... su manía por "equilibrar las cosas", como si existiera algún desequilibrio, o el desequilibrio no estuviera causado por el hijo que más ofendido se sentía... Tantos llantos, tanta desesperación, tantas fiebres...

Suspiras. Tampoco te vendrá mal dejar esta solitaria cama atrás. Se ha hecho demasiado grande desde que se marchó, dejándote en tierra, a ese lugar al que no podías acompañarla... todavía... hasta este día que hoy comienza y que acabará antes de medianoche. Ha sido demasiado tiempo durmiendo sólo... sin vos, amor... y la perspectiva que da el fracaso acaba donde estás tú. Es consuelo suficiente. No habrán reproches, tranquila, sino un fuerte abrazo y un bonito espectáculo observando cómo prosigue la obra...

... y nuestros hijos acaban los unos con los otros.

Será él, piensa mirando el incombustible brillo verdoso de la madrugada en el Oregon RRA320. Desde pequeño se mostró más... más "rebelde sin causa", que diría su santa madre... pero esos, él lo recordaba bien, son los peores. No saben qué quieren, dando palos de ciego a derecha e izquierda, hasta acabar con todo. El mayor era así... inconformista que todo lo tiene; rebelde que todo lo recibió; esclavo que busca la libertad escarbando en el fondo de la celda...

El pequeño no, pero sí. Eterno niño que se admira de los logros de su hermano idealizado, siguió sus pasos, aunque su cuerpo enclence le garantiza, sine die, el título de segundón infinito. Gracioso, y trágico, pues la pobre criatura no sabe que, para apaciguar los llantos de su hermano, la madre le doblaba la ración de sustento en detrimento suyo. ¡Infeliz, que alabas a quien se apropió de lo tuyo... y mio! ¡Vaya si lo hizo, malnacido! Mientras llorabais, vuestra madre se desangraba por dentro. Por fuera no, siempre con su mirada amable y comprometida, pero por dentro... la hemorragia era imparable; la muerte, inevitable... lastrada por ese lamento eterno, el menosprecio y la burla, el ridículo y el insulto, el desacato y la insubordinación...

¡Infelices, que matasteis a vuestra madre... e infeliz yo que me dejé morir por ella!

Esas cosas me las llevaré a la tumba conmigo, esta tarde... piensas imaginando la escena. Uno de los dos te llenará de plomo, pero la risa última se escuchará de tus labios.

Triste tragedia digna de Atenas.
Triste no tener artistas que te cuenten.

4 comentarios:

El Fugitivo dijo...

Una alegoría melodramática del desmembramiento de España... Pero la realidad es más ruín... Es Mas, ruín..

FugisaludoS

Doramasw dijo...

La realidad de la destrucción de España, ya no es noticia.
La derecha española es tan buena, que no reaccionará hasta que empiece a arder su casa.
Y la verdad es que lo estoy deseando, pues la reacción de tanto lameculos será la huida al exterior, por lo que nos quedaremos muy a gusto todos.
Un abrazo.

Herep dijo...

Exacto. Con Mas, la ruindad no tiene fin. Él sí, porque caerá antes de que se de cuenta, pero la simiente que deja traerá muy malas cosechas.

Un saludo, Fugi.

Herep dijo...

La gran evasión que auguras, Doramasw, llevo esperándola desde que tengo uso de razón. El gran común de los mortales se pasa media vida llamando al mal tiempo y, cuando este llega, malgastan la otra mitad huyendo de la tormenta.

Veremos.

Un saludo.