Vacile.
1. m. coloq.
Guasa, tomadura de pelo.
2. m. coloq.
vacilón (ll guasón).
Hete aquí lo que, rebuscando esta mañana en el diccionario
de la RAE... (la "E" es de "español"... capisci... nada de
"castellano" ni demás debilidades lingüísticas para hacerle el juego
al nacionalismo)... hemos encontrado para el vocablo en cuestión. Guasa,
tomadura de pelo... el típico gracioso perdonavidas que, en los urinarios del
colegio público de turno, te lanza una bocanada de humo al jeto.... pssss... y
a callar, o te pateo el trasero... O el vacilón... guasón... que te saca una
pipa más sucia que los calcetines del gitano Antón, y te la restriega por la
sien, haciendo como si disparase... pum, pum... con esa mirada pretendidamente
inexpresiva, pero que apesta a miedo de aquí a Lima.
Vacile.
Muy de moda, en España, el vacile.
Lo vemos en todas las esquinas. En la periferia
nacionalista, en la internacional progresista, en el dedo que apunta los
nombres en las listas electorales... en la judicatura, con sus asociaciones "por
la democracia", pidiendo indultos para prevaricadores duchos en el
ancestral arte del "vacile"... los periodistas, privilegiados peleles
en el telediario de las 15:00h... los sindicatos, ¡Oh, los sindicatos!,
maestros vacilones predilectos, llamando a la huelga, a la caña del vermús, al jamón Tres
Jotas secándose en la nueva sede diseñada por un aprendiz de Calatrava...
... ¿y los artistas? ¡Qué vacilones, ellos! Aprovechando el
aparato mediático, nos regalan sus rostros guasones mientras, echándonos su
humo cannábico a la cara, nos vacilan aconsejándonos qué nos conviene, qué
debemos considerar bueno, qué es cultura, qué basura... ocupando todos los
canales de comunicación... Vacilando en
el cine, en la TV, la radio, en la marea de libros que publican pero que nadie
lee, pudriéndose tales papeles en las librerías mientras nuestros corazones también
se consumen, pero por el esfuerzo que conlleva tener que trabajar para pagarles
la tomadura de pelo en forma de subvención que los mantiene en la portada de las revistas
culturales de esos periódicos que, suerte divina en estos tiempos de Crisis, aparecen por arte de magia en
los asientos de los vagones del cercanías, a las 06:00h. de la mañana, con la
hora justa para llegar al trabajo.
Joputas, los artistas estos... ¡Míralos, cómo posan! ¡Cómo
sonríen! ¡Cómo vacilan!
Llevamos, en el Cuartel General, sobrado tiempo intentando
la ardua tarea de prohibir fumar en las instalaciones. Difícil, por supuesto,
pero creo que, concienciados los Monos, alcanzaremos nuestro objetivo. Por lo
menos ahora, mientras duren los tiempos de paz. Luego, cuando estemos en la
trinchera, al son de las bombas y los fusiles de repetición, comidos por el
barro y la desesperación de la muerte indigna, el enfisema, el reventón
pulmonar o el cáncer nos parecerán cosa de niños, recuerdos de juventud.
Pero hoy, despejados de tabaquismo, alguien me descerrajó un
disparo de humo al rostro... vacilón él... o ella, mejor dicho.
Dos minutos después de levantarme de la cama, sin apenas
haberme lavado las babas que rezumaron de mis labios, víctimas de un buen sueño, la doña del
cotarro, perfectamente acicalada en la peluquería de toda la vida, con vestido
claro y caro, tacón bajo, joyas de fiesta de guardar, maletín de piel negra Hugo
Boss... apareció ante mí, resguardada tras un milimétrico cristal de pantalla
de ordenador, sonriendo cual jugador de la ruleta en racha... dientes, dientes,
dientes... echándome su mortífera bocanada de denso humo con aliño.
Vacile... vacilón... vacilona... la Infanta de España, de
Bourbón y Grecia apellidada.
¿Cuánto llevamos de condena? ¿Dos años? ¿Tres, quizá?
Tropecientos días dándole a la matraca con el choriceo de las arcas públicas
por parte de ese pichabrava aristócrata que se libró del Servicio Militar
alegando sordera, único millonario en su especie balonmanopédica, poseedor de
un palacete y cuenta abierta en Suiza... y su santa Infanta, desconocedora del
percal... ¿Yo? ¡Yo sólo friego y quito el polvo, señoría! ¡Yo no sabía! ¡Yo no
pensé! ¿Quiere verlo, señoría? ¿Quiere que me haga la tonta, vuecencia?
Aún toso, Monos, víctima del vacile matutino de los
"poderosos" y su humo corrupto y corruptor... peor que una plaga de
langostas, pudriendo todo aquello que toca... mientras sólo distingo el blanco
resplandeciente de unos dientes relucientes, blanqueados tras cientos de
sesiones secretas amenizadas por abogados, fiscales, jueces, políticos... y el
padre de la Hidra de Mil Cabezas... Capitán General de la Podredumbre... Rey
Vacilón I.
Aún toso, Monos... y algo, al carraspear, me sube garganta
arriba... pegajoso, del color del desprecio y el odio. Si me empeño... si cojo aire tal y como haría un campeón
mundial de apnea... quizá llegue hasta Palma... Madrid... Barcelona... o donde
hoy se reúna la camada de ratas.
Así... pegándome el moco... vacilando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario