Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

8 feb. 2014

Vacilando


Vacile.
   1. m. coloq. Guasa, tomadura de pelo.
   2. m. coloq. vacilón (ll guasón).

Hete aquí lo que, rebuscando esta mañana en el diccionario de la RAE... (la "E" es de "español"... capisci... nada de "castellano" ni demás debilidades lingüísticas para hacerle el juego al nacionalismo)... hemos encontrado para el vocablo en cuestión. Guasa, tomadura de pelo... el típico gracioso perdonavidas que, en los urinarios del colegio público de turno, te lanza una bocanada de humo al jeto.... pssss... y a callar, o te pateo el trasero... O el vacilón... guasón... que te saca una pipa más sucia que los calcetines del gitano Antón, y te la restriega por la sien, haciendo como si disparase... pum, pum... con esa mirada pretendidamente inexpresiva, pero que apesta a miedo de aquí a Lima.

Vacile.

Muy de moda, en España, el vacile.

Lo vemos en todas las esquinas. En la periferia nacionalista, en la internacional progresista, en el dedo que apunta los nombres en las listas electorales... en la judicatura, con sus asociaciones "por la democracia", pidiendo indultos para prevaricadores duchos en el ancestral arte del "vacile"... los periodistas, privilegiados peleles en el telediario de las 15:00h... los sindicatos, ¡Oh, los sindicatos!, maestros vacilones predilectos, llamando a la huelga, a la caña del vermús, al jamón Tres Jotas secándose en la nueva sede diseñada por un aprendiz de Calatrava...

... ¿y los artistas? ¡Qué vacilones, ellos! Aprovechando el aparato mediático, nos regalan sus rostros guasones mientras, echándonos su humo cannábico a la cara, nos vacilan aconsejándonos qué nos conviene, qué debemos considerar bueno, qué es cultura, qué basura... ocupando todos los canales de comunicación...  Vacilando en el cine, en la TV, la radio, en la marea de libros que publican pero que nadie lee, pudriéndose tales papeles en las librerías mientras nuestros corazones también se consumen, pero por el esfuerzo que conlleva tener que trabajar para pagarles la tomadura de pelo en forma de subvención que los mantiene en la portada de las revistas culturales de esos periódicos que, suerte divina en estos tiempos de Crisis, aparecen por arte de magia en los asientos de los vagones del cercanías, a las 06:00h. de la mañana, con la hora justa para llegar al trabajo.

Joputas, los artistas estos... ¡Míralos, cómo posan! ¡Cómo sonríen! ¡Cómo vacilan!

Llevamos, en el Cuartel General, sobrado tiempo intentando la ardua tarea de prohibir fumar en las instalaciones. Difícil, por supuesto, pero creo que, concienciados los Monos, alcanzaremos nuestro objetivo. Por lo menos ahora, mientras duren los tiempos de paz. Luego, cuando estemos en la trinchera, al son de las bombas y los fusiles de repetición, comidos por el barro y la desesperación de la muerte indigna, el enfisema, el reventón pulmonar o el cáncer nos parecerán cosa de niños, recuerdos de juventud.

Pero hoy, despejados de tabaquismo, alguien me descerrajó un disparo de humo al rostro... vacilón él... o ella, mejor dicho.

Dos minutos después de levantarme de la cama, sin apenas haberme lavado las babas que rezumaron de mis labios, víctimas de un buen sueño, la doña del cotarro, perfectamente acicalada en la peluquería de toda la vida, con vestido claro y caro, tacón bajo, joyas de fiesta de guardar, maletín de piel negra Hugo Boss... apareció ante mí, resguardada tras un milimétrico cristal de pantalla de ordenador, sonriendo cual jugador de la ruleta en racha... dientes, dientes, dientes... echándome su mortífera bocanada de denso humo con aliño.

Vacile... vacilón... vacilona... la Infanta de España, de Bourbón y Grecia apellidada.

¿Cuánto llevamos de condena? ¿Dos años? ¿Tres, quizá? Tropecientos días dándole a la matraca con el choriceo de las arcas públicas por parte de ese pichabrava aristócrata que se libró del Servicio Militar alegando sordera, único millonario en su especie balonmanopédica, poseedor de un palacete y cuenta abierta en Suiza... y su santa Infanta, desconocedora del percal... ¿Yo? ¡Yo sólo friego y quito el polvo, señoría! ¡Yo no sabía! ¡Yo no pensé! ¿Quiere verlo, señoría? ¿Quiere que me haga la tonta, vuecencia?

Aún toso, Monos, víctima del vacile matutino de los "poderosos" y su humo corrupto y corruptor... peor que una plaga de langostas, pudriendo todo aquello que toca... mientras sólo distingo el blanco resplandeciente de unos dientes relucientes, blanqueados tras cientos de sesiones secretas amenizadas por abogados, fiscales, jueces, políticos... y el padre de la Hidra de Mil Cabezas... Capitán General de la Podredumbre... Rey Vacilón I.

Aún toso, Monos... y algo, al carraspear, me sube garganta arriba... pegajoso, del color del desprecio y el odio. Si me empeño... si cojo aire tal y como haría un campeón mundial de apnea... quizá llegue hasta Palma... Madrid... Barcelona... o donde hoy se reúna la camada de ratas.


Así... pegándome el moco... vacilando.


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