Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

6 dic. 2013

Se acabó el amor

"... y el Rey, seguido de su séquito, paseaba totalmente en cueros por el centro de la avenida ante la atenta mirada de la plebe que, alegre y festiva, aplaudía la sapiencia, la gracia y la honorabilidad de su idolatrado monarca..."

No hay más ciego que aquel que no quiere ver... y de eso, aquí en España, vamos bien servidos. Quizá, en los demás países del Globo Terráqueo, el café se tome como aquí... pero nosotros somos españoles, hijos de Roger de Lauria, y poco nos importa qué se cuece una vez pasadas las fronteras de nuestra patria, sean líquidas o pirenaicas. ¿Que en Francia la República amenaza ruina? Bien... ¿y?... ¿Son los USA quienes chapotean en la decadencia? ¿Argentina, quizá, la que pasa hambre de psicoanálisis? ¿Rusia? ¿Israel? ¿Los moros de la morería?

Nada importa aquello hoy, Monos. Tan sólo España... sus gentes, sus ríos, sus tierras olvidadas "... por donde traza el Duero su curva de ballesta..."... su pena, su decadencia, su venta al mejor postor... aún con los ojos abiertos, partícipe del engaño, de la burla, de la condena eterna que emana de esta tierra tan amada y, al mismo tiempo, tan maldita por tantos y tantos.

Hoy, el Comandante en Jefe, se sentará en el bordillo de la acera. Solitario como siempre... y mirará el cortejo real deambular con su monarca al frente, sus pajes, sus miembros de las Cortes... esposas, amantes, hijos legales e ilegales, suegras, primos, gentes que pasaban por allí... y verá las vergüenzas del Rey. Esas que nadie quiere ver a pesar de saltar a la vista, no vaya a enfadarse alguien de la comparsa y el valiente acabe, junto a los suyos, calentando el camastro de algún calabozo, so amenaza de paliza policial.

Celebran el Día de la Constitución Española.

35 años.

Yo no puedo decir qué se siente al cumplir treinta y cinco, pero mirándola a los ojos, ¡se la ve tan triste!... tan abandonada... tan ninguneada por esos que se etiquetan como sus amantes y paladines... Marchita, la jovenzuela apenas escapada del huevo, contempla cómo se le pasa el arroz y sus órganos reproductores... dadores de vida... se secan como los higos en los árboles.

¡Eran tantos quienes la querían! ¡Tantos quienes le prometieron la Luna, envuelta para regalo! Tantos... Ricos, pobres, hombres, mujeres, políticos o burgueses, pintores de brocha gorda, jubilados que oran por una palabra bonita, un buen gesto, una mano amiga que los acompañe... jóvenes que, como ella, morían de deseo por mirar hacia el frente, adelante, siempre adelante... ciudadanos que bebieron de sus embrujos, crédulos ante el guiño de la amada al salir de clase, esa nota a mano en la agenda escolar... "Siempre tuya, la Constitución"... y yo guardaba aquella agenda como oro en paño, testimonio de un amor verdadero, juvenil... de apenas treinta y cinco años... en la flor de la vida...

Aquí estoy, sentado en la acera de la calle, contemplando el cortejo festivo que, a pesar de la música, la fanfarria y la animación mediática de los "payasos de comunicación", se antoja fúnebre. La nota en la agenda, el recuerdo del olor, el sonido de su risa... Me levantaría, pero el peso del pasado no me deja, prisionero de la realidad doliente.

De todos quienes compitieron por su amor, la tonta del bote de la Constitución Española, se fue con esa familia de reconocidos impostores y mafiosos de nombre "políticos"... y cuyos apellidos pertenecen, todos, a las cinco familias del hampa... socialistas, populares, centristas, nacionalistas, terroristas...

A ellos se entregó la niña de las virginales coletas, seducida por las aladas palabras y los olímpicos deseos de buenaventura. El ciudadano... nosotros... yo, aquí, derrumbado sobre la acera de esta avenida... nada, abandonados, despreciados por una joven zalamera que, a fuerza de mover las caderas, se creyó con posibilidades ante el abrazo ponzoñoso de los seductores criminales de la Carrera de San Jerónimo, con parada en La Zarzuela.

Miradla. Ahí va, pasando rodada por las hordas ministeriales, vestida de riguroso negro luto, conjunto perfecto para celebrar un aniversario triste a pesar de los aplausos y vítores de una muchedumbre que, narcotizada por los tufos de los caros perfumes de la boutique parisina La Logia de Oriente, serían capaces de pedir a gritos el derecho señorial de lus primae noctis. Ella se fue con otro. Con el Rey, nuestro amado Rey. Contempladlos cómo danzan abrazados el vals y sentíos alegres, pues ella, a pesar de despreciarnos, es feliz al lado de nuestro Rey, modelo de buen vestir y mejor estar. Felices todos.

Si miras sus ojos con atención, observarás una pizca de tristeza y remordimiento. De aquello prometido, nada quedó. No hubieron aniversarios con velas y vino caro, no nació descendencia joven y fuerte, la fidelidad se esfumó justo después de romperse el himen de la ilusión... las promesas... el futuro... el amor... De aquello no queda nada, guapa. Tienes treinta y cinco años, pero pareces tan vieja...

Nunca he llorado mientras asistía a una cabalgata como la que hoy se nos presenta ante los ojos... esta mañana soleada, atravesando las principales rúes de la capital, presidida por un Rey desnudo, una Corte criminal y un público elegante con su tupido velo ante los ojos.

No.

Hace demasiado tiempo que no lloro y no voy a romper la promesa derramando unas pocas lágrimas lastimosas por una vieja-joven como tú. Tampoco las derramaré por ellos, que aguardan tras las barreras municipales el espectáculo del cortejo aristocrático aplaudiendo y vitoreando con fuerza esperando, quizá, que alguien de la comitiva se gire y les regale algún lanzamiento de caramelos.

No.

A pesar de ser más joven que tú, Constitución Española, me llevé varios varapalos que acabaron por derrumbar ese sentimiento que, dicen, brota del corazón... músculo involuntario y, ciertamente, inoportuno. Aprendí a dominarlo y ahora, sentado en mi pequeña parcelita de este Mundo raro, te veo pasar y lo único que siento es pena... pena, penita, pena... por haber creído en ti.

Unos aplauden, enamorados, y yo pienso qué pudo haber nacido de ese amor.

Unos aplauden henchidos de fe... y yo tengo que esforzarme por no llorar.

Unos aplauden... y el Tiempo, egoísta, arrambla con todo.


"... Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora."


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NOTA. Así, envuelto en la desidia y el desprecio, pasaremos la mañana de este Día de la Constitución Española. La fuerza, el coraje, el valor... el honor de España... lo reservaremos para la tarde de hoy, a las 17:00h. en la Plaza de la República Dominicana, donde se alzará un grito al cielo en favor a las víctimas del terrorismo... en apoyo a las víctimas de la política pro-terrorista de las cinco familias de la mafia... 

... en apoyo a las víctimas de la Constitución Española.

2 comentarios:

Javier Tellagorri dijo...

"... Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora."

Buena definición del español medio.

Esa Consti ya nació con taras camufladas ( Título VIII) y con carencias para dejar clarísimo que la división de poderes significa que los diputados no deben de elegir a los Jueces, ni deben de vivir con lujos de maharajás hindués.

Tampoco acertó con la Ley Electoral, esa que da 7 diputados por 300.000 votos en País Vasco y sólo UN diputado por la misma cantidad votos en otra parte.

Herep dijo...

La CE es como esa jovencilla que, al salir del caparazón, se cree todo lo que le dicen los galanes de turno... "y una vez metido"...
Los títulos importantes se han desarrollado no para mejorarla y revestirla, sino para amputarla y dejarla en lo que es: una marioneta.

Lo de la Ley Electoral es una vergüenza. Un español, un voto... y amén.

Un saludo, Javier.