Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

23 dic. 2013

Cielo y arena

Diego tiene un amigo... un buen amigo... de siempre, desde aquellos tiernos años de la infancia. Cuando piensa en esos días pasados, su imagen siempre está ahí, acompañándole mientras gira la peonza, recorre la línea de la costa en bicicleta, espera un taxi a altas horas de la madrugada, fría, helada madrugada...

Diego tiene un amigo... un gran amigo... que construye castillos en el cielo y en la arena.

A veces lo verás en silencio, callado mientras todos gritan alrededor, abstraído. Si algún profesor Bacterio venido a más inventara una máquina para descifrar pensamientos, verías cómo levanta cimientos, alinea tochanas o enyesa las paredes frescas de sus castillos, dando forma a ese mundo interior... otro mundo raro... según aquello que él más ama, más desea... esos sueños en los que él, constructor, deposita toda su fe.

A plena luz del día soleado, en la terraza del MacDonald's, tras sus gafas de Sol, el amigo de Diego construye verdades sobre ese aire pasajero que, cuando se disfraza de cóndor, es bendecido por los cantos de los aborígenes peruanos, armados con sus zampoña. Erige viajes hacia paraísos del Pacífico, levanta momentos mágicos cargados de risas y guerras de tartas, y todo es de color... el color preferido por el amigo de Diego... brillante y permanente, victorioso, pues ese mundo derrotó al Tiempo, venciendo las costras de su paso inexorable.

Y ahí... en ese fantástico lugar... está él, Diego, y todos nosotros, sus hermanos.

Agarrados por los hombros, sus legiones avanzan surcando su edén soñado, al ritmo de la música... perpetua música a modo de marcha vital... y las fantasías que se magnifican en el cine, en nada quedan si las comparamos con los deseos que el amigo de Diego moldea ahí sentado, en la soleada terraza. Furgonetas, noches que amanecen, días de vino y rosas... mujeres...

Diego tiene un amigo... el mejor amigo que uno puede tener en el mundo... que construye castillos en el cielo y en la arena.

Sentado en su metálica silla, ahora, también construye. En silencio, despejada la mente de todo tipo de pensamiento impuro, él cimienta su mundo soñado. Su vida, siempre detrás de su visión, gira alrededor de una realidad que nadie entiende, y el cielo, viéndole vivir, bien podría ser la arena. Las normas, las leyes tangibles que aquí imperan, los juicios morales... la razón... no son más que errores incomprensibles de un Universo ajeno que, por capricho de la Teoría de Cuerdas, se superpuso a este, el que sus pies pisan.

Él ve el error. No es el único. Muchos viven construyendo castillos, también, en la arena.

Diego tiene un amigo... uno de pocos... que vive en un mundo ideal, también raro, pero a su modo. Un mundo sin compromiso, sin consecuencias a largo plazo, donde todo es demasiado tarde y la dicha jamás es suficientemente buena, siempre en busca de un nirvana que, como las veletas, cambia de dirección según sople el viento. Las responsabilidades son cosa de la madurez y en ese castillo de arena no cuelgan relojes de las paredes, al contrario: todo son fotos de momentos de júbilo, entrechocar de manos, brindis por los que ya no están...

... grandes momentos, los que cuelgan de esas paredes de arena y cielo.

Diego tiene un amigo... yo también lo tengo... y tú... que vive un mundo recordado. Un inmortal presente anclado en lo más profundo de la juventud, cuando nada era demasiado pronto, demasiado malo o demasiado fuerte... con una noche siempre joven, labios rojos carmesí que te llaman... te llaman... te llaman...

Sí.

Yo también tengo un amigo así... y esto va por él. Por su esfuerzo desinteresado, por el sudor de una obra interminable, por sus castillos sobre la nada y el barro...


... pero que... gracias, amigo... algunas veces, consiguen abstraerme de los cascotes que resultaron de mis palacios derruidos.


2 comentarios:

Javier Tellagorri dijo...

Los proyectos sobre arena y cielo poca utilidad producen al bienestar general pero, como cuentas en tu relato, sirven para relajar la mente de tanta algarabía de chorizos y desmadres que tenemos.

Un abrazo

Herep dijo...

Al final, don Javier, la casta política española ha acabado relegando todo proyecto a eso: un sueño de noche veraniega.
Veremos cuánto tiempo tardan en ponerle un impuesto a la imaginación.

Un saludo, y Feliz 2014!