Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

6 oct. 2013

Pantxa contenta *

Buenas a todos,

Como no os conozco a ninguno a pesar de las ganas inmensas de poderme tomar un quinto en alguna terracita con vosotros charlando de los temas que tanto nos preocupan, me presentaré diciéndoos, ante todo, mi nombre.

Me llamo Jordi Salamanca Herrera, tengo 32 años y vivo en Cornellá, provincia de Barcelona... en el corazón del nuevo país de Europa, Cataluña.

Como podéis observar, soy independentista.

Mis padres, nacidos en Linares, provincia de Jaén, vinieron a Cataluña apenas había cumplido yo los cinco años. Mi padre, agente de la Guardia Civil, fue trasladado a la Ciudad Condal así que, una mañana de un frío mes de Enero, cogimos las maletas y nos presentamos en la ciudad... como tres... bueno, como dos pueblerinos y un pequeño mocoso.

No llevábamos gallinas al estilo de Paco Martínez Soria, pero poco nos faltó. Anonadados, contemplamos la fabulosa arquitectura de la estación, hipnotizados por ese conjunto de vigas, cristaleras y luz que se levantaba ante nuestras miradas. Allí, en Linares, no había nada de esto y, a pesar del tiempo pasado, todavía recuerdo la excitación con la que observaba todo lo que se movía a mi alrededor, sintiéndome protagonista de una nueva aventura electrizante.

En Cornellá encontramos un pisito pequeño pero acogedor. El edificio, mastodóntico, estaba habitado por varias familias oriundas de Jaén, por lo que mi padre se sintió bien acogido e hizo pronto migas con la vecindad. Mamá, como buena mujer andaluza, siguió dedicándose a sus labores... preparar la comida, planchar la ropa, tener limpia la casa... cuidarme y ayudarme con los deberes... mientras que papá, transcurridos unos años, fue transferido a la nueva policía autonómica, los Mozos de Escuadra, donde su mísero salario de picoleto se vio multiplicado por tres al instante.

Yo, desde el primer día, fui matriculado en una escuela del barrio... el Col·legi Lluís Companys... donde, además de las clases habituales, fui participe de un curso acelerado de catalán, lengua co-oficial y autóctona de la región que nos acogía. Sin tener ni idea de la misma, pronto empecé a defenderme y a sacar buenas notas en esta y las demás asignaturas, pues el catalán era la lengua vehicular de la escuela y si no la dominabas, lo llevabas crudo.

En un abrir y cerrar de ojos, fui normalizado lingüísticamente, aprendiendo y garantizando la continuidad de la lengua catalana, patrimonio inalienable de los Países Catalanes.

En un abrir y cerrar de ojos, las autoridades catalanas dieron un impulso a mi formación regalándome el aprendizaje de una nueva lengua, el catalán, que iba a abrirme todas las puertas en mi futuro. El castellano, mi lengua materna, estaba también ahí... en casa, en la calle... donde podía hablarlo sin mayor problema, a gusto del consumidor. La gramática, sintaxis y demás milongas no son importantes, dominando el catalán.

¿Para qué, si lo importante de puertas para afuera, es el inglés?

Así fueron pasando los años y aquel chico desnutrido que, una mañana fría de Enero, abandonó su Linares natal, acabó convirtiéndose en lo que ahora soy... un hombre hecho y derecho, catalán de adopción y naturaleza, casado con una estupenda mujer de aquí... de madre, abuela, bisabuela catalana, apellidada Jové, de los Jové de toda la vida... aunque ella no está por la labor activista-secesionista que tanto me embriaga a mi... con la que he tenido un hijo que ahora, gracias a la Administración, estudia en la escuela infantil de Montserrat.

Ahora, gracias a aquellas clases de refuerzo y al empeño de Ensenyament, tengo en mi despacho el título de Filología Catalana por la Pompeu Fabra, paso horas y horas rodeado de libros en lo que, sin ningún género de dudas, es mi afición preferida y... doy gracias a Dios... tengo tres libros publicados en el mercado.

En catalán, claro. Lo intenté en castellano... las primeras veces... pero mi obra no acababa de dar el salto entre tantas puñaladas traperas de editoriales y agentes literarios que siempre hablaban de "calidad, originalidad, rigor histórico". La literatura castellana es una jungla repleta de tiburones, por lo que me decanté por la lengua que domino, más virginal, menos prostituida, permisiva... más dada a la carantoña fácil... necesitada de amor, sobrada de estímulos administrativos... beata que reza por encontrar a alguien que la quiera... viuda rica dispuesta a mantener a cualquiera que, de puro interés, esté dispuesto a darle un abrazo.

Yo se lo di... se lo doy... se lo daré. En mi carácter viene esto de adaptarme, hacer borrón y cuenta nueva... ser un cambiacapas.

Como veis, Cataluña me ha tratado bien... excelentemente, me atrevería a decir. Me recogió del arroyo y me transformó en lo que ahora soy: un ciudadano agradecido que no puede permanecer al margen del proceso que está teniendo lugar hoy. La lucha por la independencia, el derecho a decidir nuestro futuro, el expolio fiscal, el menosprecio fascistoide de los españolazos... ¿Cómo no plantar cara a la opresión, al colonialismo, al exterminio cultural de esas hienas que viven más allá, en la Meseta? 

No.

Me llamo Jordi Salamanca Herrera, y soy independentista catalán. Más que nadie, repito.


Se lo debo a Cataluña.


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* Estómago agradecido.


12 comentarios:

Javier Tellagorri dijo...

Estos catalufos que son fanáticos mentirosos desde nacimiento podian haberse quedado en su Jaen o en La Serena de Badajoz, de donde provienen la mayoría de los fantizados independistas catalufos y "baskos".

Maribeluca dijo...

El fanatismo del converso no es una leyenda urbana.

Reinhard dijo...

A estos elementos los bautizó Arcadi Espada como el servicio del independentismo. No hay más.

Herep dijo...

Javier, si sigues el juego de los "señoritos de Pedralbes", tu vida se soluciona en gran parte.
De ahí la inmensa adhesión a la causa. La realidad es lo de menos, cuando te sirven un plato de lentejas a la mesa.
Dependientes o independientes, ellos siempre serán unos "sin tierra".

Un saludo.

Herep dijo...

No, Maribeluca.
Es real como la vida misma.

Y mata.

Herep dijo...

Una vez usados, se acabaron las buenas palabras y las promesas.
Material de desecho, Reinhard.

Agustin dijo...

Para mi los llamados Charnegos,son la quinta columna del separatismo catalan.Por supuesto algunos son tan miserables que reniegan del sitio donde nacieron,aunque sea un pueblecito tan hermoso como Nerja,un abrazo,

Jordi Bridge dijo...

Simplemente: es un estómago agradecido, espalda mojada, un usar y tirar, un "xarnego", otro día de luto para Linares...

Herep dijo...

Ellos tienen gran parte de culpa, Agustín. Aceptaron las reglas de una sociedad que los despreciaba y los tachaba de "muertos de hambre".
Ahora, lógicamente, tienen que estarles agradecidos por haberles proporcionado un trabajo y sustento... olvidando que si algo tienen, fue gracias al sudor de su frente.

Nada más.

Herep dijo...

Si... pero que le quede una cosa clara: quizá, con el tiempo, no tendrá tierra ni allí, ni aquí.

Lo tendrá merecido.

C S Peinado dijo...

Suma y sigue, suma y sigue y así hasta la neura... Y son tantas historias cómo rebuscar quieras en el estercolero. Sin duda lo tienen clarísimo, por lo que más tarde o más temprano tendrán que darse con la cruda realidad.

Un saludazo.

Herep dijo...

Este tipo de secesionistas serán los primeros en darse de bruces con la realidad, CS. Los primeros porque cuando llegue el reparto del botín, ellos, como buenos conversos, se quedarán con la miel en los labios.
Sólo palmaditas de buen lacayo. Un "tonto útil" más.

Un saludo, campeón.