Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

5 ago. 2013

El Asedio


Primero fue la verja, cerrada a cal y canto… bajo siete candados como siete sellos… sin llave ni combinación. Las puertas se atrancaron con gruesas barras de hierro. Los soldados, de un verde intenso, las custodiaban día y noche, 24 horas completas, impidiendo toda entrada o salida de personas o vehículos.

Tras años y años de provocaciones y salidas de tono, los líderes de la cosa se habían decidido, de forma aparentemente improvisada, a tomar cartas en el asunto… a coger la sartén por el mango… a dejar, de una vez para siempre, que sus “vecinos” siguieran mangoneándoles el sustento y amargándoles la existencia. Conflictos con las flotas pesqueras, incursiones en el espacio aéreo y marítimo, desembarcos en playas privadas, amenazas, chistes, burlas hacia su soberanía, ultrajes a una bandera utilizada como mero trapo o boya de tiro…

Aquella mañana, el honor patrio dijo “Basta, hasta aquí hemos llegado”… y la verja, su cierre, fue la primera medida. Se acabó el tránsito incontrolado de turistas, el contrabando en el maletero del coche familiar, los recuerdos en forma de botijo… “Estuve aquí y me acordé de ti”…

La siguiente medida se encaminó al cierre del espacio aéreo y el bloqueo marítimo, protagonizado por una serie de enormes buques navales arriados para la ocasión. Armados con innovadores sistemas de guerra electrónica y sofisticados sistemas de radar, varias fragatas y corbetas del maltrecho escudo anti-misiles de la OTAN tomaron posiciones en las aguas gibraltareñas, calibrando sus radares con el objetivo de impedir el tráfico sobre el espacio aéreo del Peñón. Para el otro tráfico, el marítimo, media docena de negras bocas pertenecientes a baterías navales de 406mm aguardaban descansando sobre las torretas de los navíos.

Ante tamaño despliegue, no osaba moverse ni pájaro en el cielo ni pez en el agua… sin previa autorización de los gerifaltes del invento, por supuesto.

A las pocas horas se inició la Fase Silencio, nombre en clave que vino a designar la anulación de todo tipo de comunicación analógica o digital con el exterior. Dicha operación constó de dos fases: una primera en la que, mediante rudimentarias alicates de electricista, se cortaron las tropecientas mil líneas telefónicas que circulaban de lado a lado de la verja y se caparon los servidores de telecomunicaciones. La segunda fase, más sofisticada gracias a la utilización de alta tecnología militar, consistió en un pulso electromagnético (EMP) que inutilizó todo aparato eléctrico en un radio de dos kilómetros.

El Campo de Gibraltar volvía a la Edad Media… o a la Moderna… día arriba, día abajo, de la firma del Tratado de Utrecht.

Así dio inicio el asedio.

No había acaecido el anochecer del primer día cuando los efectos de tales medidas empezaron a percibirse. La verja, ya de por sí transitada por legiones de transeúntes con pantalones cortos y aparatosas gafas de sol, se vio sacudida por una avalancha de seres humanos que querían cruzar al otro lado, agolpados contra los barrotes de metal, sacudiendo las barras, buscando las cerraduras de los candados. Los había que, osados, se subían a los hombros de sus compañeros en un fútil intento por saltarla, quedando atrapados en los alambres de espino que la coronaban. No fueron muchos, pero sus cuerpos permanecerían largo tiempo suspendidos en el aire, al igual que marionetas aprisionadas entre fuertes lazadas del hilo de púas. Mientras, al otro lado de la valla, los guardias de turno jugaban con los pobres diablos azuzándoles con las bayonetas caladas en sus fusiles de asalto… entre risas simiescas y miradas de superioridad.

Antaño, cuando las casas eran de adobe y los castillos dominaban las tierras sedientas de hoy, los asedios podían enquistarse durante años. Las despensas, los molinos, los graneros de los castillos feudales, repletos a rebosar, podían hacer que la villa sobreviviera meses, incluso años… mientras fuera, tras las murallas, los ejércitos conquistadores construyan enormes campamentos que el tiempo podía llegar a convertir en ciudades.

Pero eso fue antaño… ayer…

Hoy las cosas son diferentes. El Asedio… nuestro Asedio… no se prolongará tanto en el tiempo… ¡qué va! ¿Tanto creen que aguantará el personal? Caaa… Sin sus rutinas, sin esos usos y costumbres enquistados durante tantos y tantos años, sin sus trabajos bien remunerados y sus palacios a pie de playa, sin el dinero fácil, el “ande yo caliente y ríase la gente”, el pescaito frito…

Dos minutos.

Dos minutos y la plaza cae vencida.

Cada segundo son más y más quienes se agolpan ante la verja… y los insultos iniciáticos se han tornado súplicas y lamentables sollozos de una población que se ve afinada como ratas en una interminable red de cloacas. El populacho alarga el brazo, aún a sabiendas de los bayonetazos criminales, a la espera de poderse volver a aferrar al sueño de prosperidad… a la ilusión del  súbdito… ¡Vivan las caenas!... así, en Spanglish blanco nuclear de Liverpool aprendido en dos tardes, taberna barata de cerveza negra y volante a la derecha típico de piratas…

Los aviones no vuelan, los barcos no navegan, las telecomunicaciones están capadas… nadie sabe, nadie ve, pocos comen y la bebida se tornó un bien escaso. La comida escasea en los grandes supermercados, los hambrientos se agolpan en las aceras, mendigando a Dios una pronta solución al conflicto. ¿Qué hemos hecho nosotros para merecer esto, Señor? ¿Por qué nos destierras de tu Paraíso para obligarnos a errar por este yermo de hambruna y desesperación?

Los medios de información olvidan sus arengas primeras en pro de la resistencia y la victoria para, influidos por los traidores donjulianos… siempre hay traidores, señores… marchar contra el señor del castillo al grito de “inhumano”, “monstruo”, “usurpador”… y el tan ordeñado “franquista”… culpándole de las miserias que atraviesa un rebaño al que, en un gesto de egocentrismo desfasado y rancio, ha llevado al límite de su resistencia, próximo a la aniquilación, víctima del asedio que nos ocupa.

Él, camaradas… Él que descansa con su corona de laurel al viento, sentado en su trono de oro macizo mientras cuenta sus monedas una a una. Él que se baña en leche de burra mientras nosotros, camaradas, nos quedamos a este lado de la verja sin poder acceder a nuestros puestos de trabajo allí, en el Peñón… sin poder acudir a nuestras oficinas, nuestras tiendas de camisetas con la Union Jack serigrafiada en el pecho, a 20 libras la unidad… sin impuestos, sin tasas, sin control alguno… traficando drogas en nuestro puerto, o vía aérea en ese aeropuerto que no deja de crecer, en esa tierra que… ¡Oh, milagro!... emerge de la profundidad de los océanos. Debemos derrocar al Rey, gritan los traidores a España, y acabar con este asedio que nos aniquila como pue… ¿Cómo pueblo? No… nos aniquila como… como… ¡como proletarios, va!... o como cualquier otra cosa, que para lo que les importa a las ratas, viene a ser lo mismo.

El mal está hecho. La discordia, sembrada. La Moral, ultrajada por los “cambiacapas”… y los discursos, las palabras, los improperios y los ultrajes pronunciados por los “hijos de Witiza”… todos afiliados a la Izquierda Plural, la Izquierda Popular, la Izquierda Social o la Izquierda Subnormal, y subrayados por la Derecha mansa, servil y cobarde del que ya compró billetes para la tocata y fuga… convenientemente manuscritas en cientos de papeles que serán lanzados a la población asediada mediante catapultas y demás sofisticados aparatos de asedio para, vieja táctica de guerra escrita por Sun Tzu, hacerles doblar sus ya de por sí fangosas rodillas.

Y la masa, idiotizada y crédula hasta la náusea, seguirá la voz de la Bestia igual que las ratas siguen al flautista. Están sedientos de dinero, de materialismo histórico, del discurso del papagayo. Poco importa que hasta ayer dijeran lo contrario… pues hasta ayer, aquello era una cueva de ladrones y chorizos ajenos a control fiscal alguno, donde hay más empresas que población y más móviles que manos y orejas juntos. Hay avalanchas contra los barrotes para poder acceder, de nuevo, a los portales de juego on-line, y las escasas ONG’s progresistas que se preocupan por los atrapados acuden raudas a gratuitos hospitales españoles… “como está mandao”.

Dos minutos, no más… y el Asedio resultará victorioso. España cederá y su castillo caerá ante el arrojo y empuje de los llanitos, fieles descendientes de la Pérfida Albión, previo paso por el eslabón perdido, aka macaco gibraltareño, experto en el robo del bolso y la cartera del turista despistado.

Las defensas de España caerán y la horda de míseros y traidores a la patria y a todo lo que huela a ella saldrán a la calle entre carcajadas y botellas de cava catalán el cual, por si no lo saben, es el más estimado por las autoridades del Peñón (un guiño hacia sus “aliados ibéricos” por parte del Rey gibraltareño equivalen a siete contenedores repletos firmados por el mismísimo Arturo Mas I).

Los llanitos, los españoles de la Línea, los progresistas del más allá… todos podrán volver a sus quehaceres diarios. Unos podrán volver a trabajar en esos puestos de trabajo que cercenan el progreso de la región gracias a ristras de privilegios deshonestos, y otros seguirán con su acoso y derribo a lo que queda de España…
 

… si algo quedase tras sus milenarias murallas.

10 comentarios:

Javier Tellagorri dijo...

Esas medidas que propones hace muchísimo tiempo que debieran de estar en vigor.

Agustin dijo...

Ni pan ni agua a los inglese de Gibraltar.un saludo,

Herep dijo...

Deberían aplicarse desde siempre, pero las posiciones de fuerza no son muy bien vistas en este país, Javier, siempre y cuando se pretenda defender el interés nacional.
Para lo demás, para los intereses regionales y de la tribu, falta tiempo, la verdad.

Un saludo.

Herep dijo...

Nada para ellos. Bien enjaulados y que coman macaco, Agustín. Macaco y dinero negro, claro.

Un saludo.

Geppetto dijo...

Con aplicar el derecho internacional que se ampara en el Tratado de Utrech seria suficiente.

Jose Antonio Gimenez Gomez dijo...

Muy bueno, magnificio, la pena es que la primer parte del articulo no la veremos y la segunda es la pura realidad. Ahora no creo que te lo admitan como políticamente correcto. Pero magnifico.

Herep dijo...

Sería suficiente, sí... pero, ¿cuándo se aplica la ley en este país, Geppetto? Yo, desde hace años, tan sólo veo relativismo y desidia... amén de cientos de borregos que recitan el mantra de "la Economía lo es todo" como si, de tanto repetirlo, fuera a ser cierto.

Herep dijo...

Gracias, José Antonio.
Estoy acostumbrado a las discriminaciones de la corrección política, pero poco me importa, la verdad.

Un abrazo.

Old Nick dijo...

pUES a eSPERAR lA vENIDA DEL BUEN ASMODEO, QUERIDO HEREP- Que La Cosa Ya Huele A Arenque Podrido Desde 1713 Y Lo Que Le Queda Con Tanto HIDEPUTA Y VENDEPATRIAS "BRITANEANDO POR ALLÍ"---
Un Abrazo GENIO.
Un Brindis POr GIBRALTAR ESPAÑOL, Que Aunque Seamos POCOS No POr Eso Hay Que Ser IDIOTAS, Cobardes O TRAIDORES:
Y
¡¡RIAU RIAU!!

Herep dijo...

Querido Old,
Sí que abunda el vendepatrias britaneador, sí. Sin ir más lejos, ayer escuchaba que hay una horda de defensores de la Pérfida que, lo único que piden a cambio de sus alabanzas pestilentes es una mera plaza de aparcamiento.
¡Qué barato se vende el traidor a España, amigo! ¡Qué miseria, camarada!
Quizá llegue el día en el que uno de estos mierdas venga a pedirme un vaso de agua... y verás la risa que me da cuando me la beba a cara de perro.

Un abrazo, camarada, y que tenga un buen verano... repleto de risas, buenas compañías y mejor vino.
¡Riau!¡Riau!