Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

12 abr. 2013

De odas, utopías y demás necrofilias



Viendo los acontecimientos recientes, me viene a la mente aquella película en la que una camarada comunista, víctima de un coma profundo, pasaba durmiendo la caída del Muro y el derrumbe del Bloque Soviético al tiempo que su hijo, nostálgico y amoroso, montaba el paripé para que, una vez despierta, no percibiera que su sueño utópico de la Gran Madre Patria se había deshecho como un azucarillo impregnado por las lágrimas.


Para esto, camaradas… Para esto me sacan del hoyo…


Camarada Stalin, yo estaba junto al mar en la Isla Negra,
descansando de luchas y de viajes,
cuando la noticia de tu muerte llegó como un golpe de océano.
Fue primero el silencio, el estupor de las cosas, y luego llegó del mar una
ola grande.
De algas, metales y hombres, piedras, espuma y lágrimas estaba hecha esta
ola.
De historia, espacio y tiempo recogió su materia
y se elevó llorando sobre el mundo
hasta que frente a mí vino a golpear la costa
y derribó a mis puertas su mensaje de luto
con un grito gigante
como si de repente se quebrara la tierra.
Era en 1914.
En las fábricas se acumulaban basuras y dolores.
Los ricos del nuevo siglo
se repartían a dentelladas el petróleo y las islas, el cobre y los canales.
Ni una sola bandera levantó sus colores
sin las salpicaduras de la sangre.
Desde Hong Kong a Chicago la policía
buscaba documentos y ensayaba
las ametralladoras en la carne del pueblo.
Las marchas militares desde el alba
mandaban soldaditos a morir.
Frenético era el baile de los gringos
en las boîtes de París llenas de humo.
Se desangraba el hombre.
Una lluvia de sangre
caía del planeta,
manchaba las estrellas.
La muerte estrenó entonces armaduras de acero.
El hambre
en los caminos de Europa
fue como un viento helado aventando hojas secas y quebrantando huesos.
El otoño soplaba los harapos.
La guerra había erizado los caminos.
Olor a invierno y sangre
emanaba de Europa
como de un matadero abandonado.
Mientras tanto los dueños
del carbón,
del hierro,
del acero,
del humo,
de los bancos,
del gas,
del oro,
de la harina,
del salitre,
del diario El Mercurio,
los dueños de burdeles,
los senadores norteamericanos,
los filibusteros
cargados de oro y sangre
de todos los países,
eran también los dueños
de la Historia.
Allí estaban sentados
de frac, ocupadísimos
en dispensar condecoraciones,
en regalarse cheques a la entrada
y robárselos a la salida,
en regalarse acciones de la carnicería
y repartirse a dentelladas
trozos de pueblo y de geografía.
Entonces con modesto
vestido y gorra obrera,
entró el viento,
entró el viento del pueblo.
Era Lenin.
Cambió la tierra, el hombre, la vida.
El aire libre revolucionario
trastornó los papeles
manchados. Nació una patria
que no ha dejado de crecer.
Es grande como el mundo, pero cabe
hasta en el corazón del más
pequeño
trabajador de usina o de oficina,
de agricultura o barco.
Era la Unión Soviética.
Junto a Lenin
Stalin avanzaba
y así, con blusa blanca,
con gorra gris de obrero,
Stalin,
con su paso tranquilo,
entró en la Historia acompañado
de Lenin y del viento.
Stalin desde entonces
fue construyendo. Todo
hacía falta. Lenin recibió de los zares
telarañas y harapos.
Lenin dejó una herencia
de patria libre y ancha.
Stalin la pobló
con escuelas y harina,
imprentas y manzanas.
Stalin desde el Volga
hasta la nieve
del Norte inaccesible
puso su mano y en su mano un hombre
comenzó a construir.
Las ciudades nacieron.
Los desiertos cantaron
por primera vez con la voz del agua.
Los minerales
acudieron,
salieron
de sus sueños oscuros,
se levantaron,
se hicieron rieles, ruedas,
locomotoras, hilos
que llevaron las sílabas eléctricas
por toda la extensión y la distancia.
Stalin
construía.
Nacieron
de sus manos
cereales,
tractores,
enseñanzas,
caminos,
y él allí,
sencillo como tú y como yo,
si tú y yo consiguiéramos
ser sencillos como él.
Pero lo aprenderemos.
Su sencillez y su sabiduría,
su estructura
de bondadoso pan y de acero inflexible
nos ayuda a ser hombres cada día,
cada día nos ayuda a ser hombres.
¡Ser hombres! ¡Es ésta
la ley staliniana!
Ser comunista es difícil.
Hay que aprender a serlo.
Ser hombres comunistas
es aún más difícil,
y hay que aprender de Stalin
su intensidad serena,
su claridad concreta,
su desprecio
al oropel vacío,
a la hueca abstracción editorial.
Él fue directamente
desentrañando el nudo
y mostrando la recta
claridad de la línea,
entrando en los problemas
sin las frases que ocultan
el vacío,
derecho al centro débil
que en nuestra lucha rectificaremos
podando los follajes
y mostrando el designio de los frutos.
Stalin es el mediodía,
la madurez del hombre y de los pueblos.
En la guerra lo vieron
las ciudades quebradas
extraer del escombro
la esperanza,
refundirla de nuevo,
hacerla acero,
y atacar con sus rayos
destruyendo
la fortificación de las tinieblas.
Pero también ayudó a los manzanos
de Siberia
a dar sus frutas bajo la tormenta.
Enseñó a todos
a crecer, a crecer,
a plantas y metales,
a criaturas y ríos
les enseñó a crecer,
a dar frutos y fuego.
Les enseñó la Paz
y así detuvo
con su pecho extendido
los lobos de la guerra.
Frente al mar de la Isla Negra, en la mañana,
icé a media asta la bandera de Chile.
Estaba solitaria la costa y una niebla de plata
se mezclaba a la espuma solemne del océano.
A mitad de su mástil, en el campo de azul,
la estrella solitaria de mi patria
parecía una lágrima entre el cielo y la tierra.
Pasó un hombre del pueblo, saludó comprendiendo,
y se sacó el sombrero.
Vino un muchacho y me estrechó la mano.
Más tarde el pescador de erizos, el viejo buzo
y poeta,
Gonzalito, se acercó a acompañarme bajo la bandera.
«Era más sabio que todos los hombres juntos», me dijo
mirando el mar con sus viejos ojos, con los viejos
ojos del pueblo.
Y luego por largo rato no dijimos nada.
Una ola
estremeció las piedras de la orilla.
«Pero Malenkov ahora continuará su obra», prosiguió
levantándose el pobre pescador de chaqueta raída.
Yo lo miré sorprendido pensando: ¿Cómo, cómo lo sabe?
¿De dónde, en esta costa solitaria?
Y comprendí que el mar se lo había enseñado.
Y allí velamos juntos, un poeta,
un pescador y el mar
al Capitán lejano que al entrar en la muerte
dejó a todos los pueblos, como herencia, su vida.

                                                                             Oda a Stalin. Pablo Neruda (1904-1973)

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Puedo escribir… puedo escribir los versos más tristes…

… como, por ejemplo, escribir que el poeta se levantó de su camastro eterno, aquejado por el repicar de la maza y la escarpa del forense reconvertido, industrialmente, a paleta de colilla y carajillo.

Escribir, por ejemplo, cómo el iluso de ojos vacíos y carne roída, comprueba cuán de gloriosa ha sido la obra del Padrecito, cuyo fruto tanto se aprecia y degusta, hoy sí y mañana también, en sus hispanoamericanas tierras… Jauja de la abundancia, la paz y la libertad.

Podría escribir los versos más tristes… pero prefiero reír a llorar, sobretodo imaginando qué cara pondrá el premiado al maldecir a quienes le despertaron de su ilusa mentira eterna para mostrarle la miseria de quienes ni a los muertos dejan descansar intentando resolver la cuadratura del círculo.


Con lo fácil que fue con Trotski. Un piolet, un gesto de muñeca… y autopsia eterna.

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NOTA. Nótese la extraña afición que tienen algunos por desenterrar a los muertos de sus tumbas, posiblemente con la intención de comprobar, vaya usted a saber, que no sea verdad eso de la resurrección de los cuerpos y la vida eterna.

Amén.

4 comentarios:

Old Nick dijo...

Muy Buena Entrada Querido HEREP.
Todo Lo Que TRatas Lo Magnificas Y Dotas De Una Plasticidad Expresiva Que Ya La Quisieran "Muchos MIMADOS PUBLICANOS" De Editoriales Creadoras De MITOS...
Sólo Hay Que LEER Y "COMPARAR", Porque "Por Los Frutos, Se Conoce El Árbol..." Que Decía El GRAN GALILEO.
¿Se CARGARON A NERUDA, O FUE UN CÁNCER?
¡Y A Estas Alturas De La Película ¿A Quién Coño Le Importa YA?!
Uno Menos Y Una RACIÓN Más, Que Decía El Chiste...
Me Pregunto POr Qué No Se HACE LA "POST AUTOPSIA" AL "PADRECITO PEPE"...
¡A Lo Mejor Sería Divertido El RESULTADO!
Puers Eso GENIO, Que Estas MANIOBRAS, Sólo Son, "VIOLACIONES DE TUMBAS", Con El CUENTO DE LA "MEMORIA HISTÓRICA"...
Si Los TIRANOS "AFICIONADOS" DE SUDAMÉRICA, HUBIESEN SIDO COMO EL PADRECITO PEPE,NERUDA Y DEMÁS CORIFEOS "SUPERVIVIENTES Y TESTIGOS DE LA BARBARIE MILITAR", NO HUBIESE ESCRITO ESA "EJEMPLAR Y ANALIZABLE ODA".
QUIZÁ, NI HABRÍA NACIDO...
Un Abrazo, Genio.
Un Brindis POr La VERDAD Y LA JUSTICIA ETERNAS.
¡Que Tengas Un Buen Fin De Semana!
Y
¡¡RIAU RIAU!!

Candela Ca dijo...

...miseria de quienes ni a los muertos dejan descansar intentando resolver la cuadratura del círculo.

Con lo fácil que fue con Trotski. Un piolet, un gesto de muñeca… y autopsia eterna.

El final lo dice todo Herep, pobre España

Herep dijo...

La hipocresía es este campo, al igual que en tantos otros, es del tamaño de la Torre de Babel, Old.
Son expertos en decir una cosa y hacer la contraria... o en el arte de inventarse historias increíbles que pretenden hacer pasar por reales... como la "democracia" comunista o la lucha por la libertad del totalitarismo estaliniano.
La Oda de Neruda es testigo de lo que digo.
¿Cómo un "poeta" es capaz de escribir eso? ¿Cómo, a día de hoy, puede existir alguien que defienda al Padrecito de los Pueblos?

¿Quieres saberlo, Old?
Yo te lo digo, aguarda...
Por dos razones: porque no tienen ni puta idea, o porque chupan de la teta.
Ni más, ni menos.

Un abrazo, maestro, de parte de este famélico autodidacta... y brindemos por la Justicia Verdadera y Eterna que, tarde o temprano, a todos pondrá en su sitio... como sucedió con Neruda.

y, ¡Riau!¡Riau!

Herep dijo...

Pobrecita España, Candela... tan grande y tan mal gobernada... tan llena de cigarras y con tan pocas hormigas...

Pobre... pero grande. Ninguna otra Nación podría soportar tanto.

Un abrazo, guapa.