Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

19 jun. 2012

Laura frente al espejo



Los ojos de Laura, de un profundo azul cristalino, contradicen sobremanera lo oscura y tétrica que ha sido su vida. Siendo una niña que apenas levantaba cinco palmos del suelo, un rojo teléfono le anunció, vía canguro, la muerte de sus padres en un accidente de tráfico. De aquellos años… de la infancia… Laura no recuerda nada. Cuando voltea la vista atrás, todo gira como un torbellino… las caricias, los primeros pasos,

… las caras… los buenos momentos…

Todo se difumina entre nieblas y sombras.

Sola, aunque anclada a una figura minúscula y enfermiza, mentalmente inestable y que respondía al nombre de “abuela”, Laura fue abriéndose paso a través de la jungla de asfalto a golpe de machete, marca Voluntad y Sacrificio.

Pero la adolescencia… los años de instituto y bachillerato… también los primeros universitarios… no se despojaron de las tinieblas del amanecer diario, filtrado a través de ventanas de extrarradio. Volvieron a ella, si alguna vez habían abandonado su compañía.

Laura no conoció la magia. Jamás conoció fuegos artificiales.

Como una flor, una mañana su cuerpo se abrió en mil colores. La Naturaleza, savia y justa, la obsequió con un Don… un gran Don… dos grandes Dones…

Y aquello que debería haber devuelto la sonrisa a la muchacha se convirtió en una gran roca anudada al cuello. Pesado lastre que, irremediablemente, redecoró el gris con una capa de negro.  El Presente pasó a ser igualmente doloroso… y sus ojos, esos ojos azules, fueron tornándose grises… negros… blancos… neutros.

Como sucediera siendo una mocosa, las gentes la señalaban por la calle. Antes, fruto de la crueldad de los niños. Ahora, víctima de la envidia y la maldad de los adultos. Los dedos, acusadores, apuntaban directamente a Laura, cociendo a fuego lento esa anomalía… ese desprecio…

… ese complejo.

Las ropas anchas y oscuras tomaron protagonismo dentro de su fondo de armario. Los tacones fueron amputados sin piedad y las piernas… sus antaño largas piernas… pasaron a convertirse en dos ilusiones a intuir bajo vaqueros siempre desteñidos. La piel, descuidada, se tornó alérgica al maquillaje y en el pelo, algunas primaveras, bien podría haberse hospedado alguna familia de cigüeñas.

Una tarde de Julio, Laura contempló cómo su agria compañera, tras romper su rutinario silencio para proferir un quejido horrendo, calló para siempre. La tristeza, la soledad, la pena… nada. Como la risa a los payasos, el dolor se había convertido en un compañero fiel y sus punzadas, crueles para todos, eran meras espinillas en su alma.

Así fue como Laura, una noche estrellada que clamaba a los sueños imposibles de las mentes humanas, firmó un contrato de trabajo en los muelles de un puerto cualquiera. De noche, escondida entre las sombras, descargaba fardos venidos de todos los rincones del mundo… rincones que nunca visitaría, ni a fuerza de imaginación… hasta la llegada de las primeras luces del alba, cuando cambiaba los viejos guantes de cuero por otros más finos, de plástico, con los que pasaba cinco horas limpiando pescado en la lonja de los rudos pescadores.

Un borracho saltándose un stop… unos mocosos burlándose de su postiza madre octogenaria… unos bachilleres tirándole papeles en clase de Educación para la Ciudadanía… y unos pescadores de tez arrugada cortejándola con palabras soeces mientras limpiaba atunes y emperadores.

Las caras, todas, seguían girando, atrapadas en el torbellino.

Un soplo misteriosamente fresco de viento del Este, una tarde apurando una colilla mojada, acercó a Laura un panfleto en el que se anunciaba una salida… una puerta por la que escapar… una lejana luz en un mar de tinieblas. Un concurso, y un premio. Una victoria segura, y un descanso.

Una Esperanza…

Ante ella, la oportunidad de dejar atrás su nada infinita. Ante ella, la posibilidad de conocer el tacto de la seda, la palangana de agua fresca que espera al despertar de un largo y profundo sueño… el Sol dorando su piel mientras contempla un infinito al alcance de la mano… un nuevo inicio tras una fina banda cruzando su torso.

Un premio indiscutible, pues Laura tiene un Don… un gran Don… dos grandes Dones…

Laura se conoce ganadora. Algo, muy en su interior, clama por una oportunidad… una ocasión para mostrarse al Mundo… a la muchedumbre… Ella es un Ser con un enorme regalo, digno de ser contemplado, alabado y agasajado. Un premio… ridículo en sí, pero suyo desde el inicio del desfile. Diez puntos en las tablillas de los jueces, y cientos de aplausos y vítores desde la grada, paridos por rostros boquiabiertos ante la culminación de la Belleza… divina… digna de las lágrimas de los fieles.

Laura lo sabe.

Pero, de pronto, la luz se apaga, engullida por las tinieblas tal y como los peces grandes engullen, sin masticar, a los chicos. A fuerza de limpiar vísceras, Laura también aprendió esa Ley de los hombres. Y los fardos de los barcos vienen cargados de los mismos miedos de siempre… y su oscura noche plagada de peligros parece menos fría imaginando qué puede acarrearle una nueva pincelada de negro.

Su Don… su salida… es también su condena. Los hombres, sean pescadores, universitarios o jueces de primera fila, nada quieren saber de él. Para ellos es un fracaso… una aberración… un obstáculo en su trayecto hacia la Utopía de sábanas blancas y fresco pescado servido en plato grande.

La envidia… el egoísmo… la crueldad… la prepotencia, manipulación, escarnio… No. Su Don no es de este mundo. No es nada con lo que ellos quieran desayunarse por las mañanas, releyendo la sección de Sociedad de cualquier diario de papel.

Su miedo… el miedo de quienes mueven los hilos… no es más que la luz que la Providencia dio a los Privilegiados. Su Nada… su Descreación… libra una eterna lucha con el Libre Albedrío de aquellos a los que llaman siervos. Y esa lucha deben seguir ganándola. Los gigantes no soportan ni el más leve tembleque en las piernas. Su vida de luces lujosas depende de lo creíbles que sean sus salmos televisados… sus eslóganes en página impar… sus concursos de jueces corrompidos.

Para ello, con finas artes y bonitas palabras, modificarán las bases del certamen igual que tejen las mentes de sus ovejas. Lo bello, tras varias puntadas, se convertirá en horroroso… lo Bueno, pasará a entenderse como Malo… la Esclavitud, al final del ovillo, será la más bella mantilla de Libertad… y las masas, cobardes, cambiarán las palmas por tomates, insultos y miradas de amargado pescador.

Su Realidad no sirve en este Mundo raro… confuso… repleto de elegidos que limpian pescado desde primera hora de la mañana o sufren, vacíos de lágrimas, contemplando cómo el cartero les entrega las bofetadas que le envía la vida… agazapados… escondidos… enterrando muy adentro aquello que abre todas las puertas.

Su Gracia no está bien vista en estos barrios. El Sacrificio y la Voluntad se consumieron como las blancas velas que alumbraban el velatorio con el que se inició su calvario. La Salvación, desnuda, se pudre bajo las gruesas ropas negras que la impiden respirar.

Ropajes en forma de complejo. Complejos en forma de derrota. Derrota que es Nada.

Laura lo sabe.

Y vestida de negro, todos los amaneceres, pasea por los tenebrosos muelles buscando algún pescador que no le haga ascos a sus duras manos curtidas a base de escamas... deambulando… encorvada…


… ocultando su Don… su Gran Don… sus dos grandes Dones.

8 comentarios:

Tío Chinto de Couzadoiro dijo...

Hay cientos, miles, millones de Lauras -hombres y mujeres- por todo el mundo. ¿Quién no se ha sentido Laura, alguna vez?
Todo un acierto, amigo Herep.
Un cordial abrazo.

CLAVE dijo...

Hermoso relato, el mundo esta lleno de Laura, con toda la crudeza que usted lo cuenta...saludos..

Candela dijo...

Un relato bonito, pero triste. Se deja entrever un algo de predestinación, pero el destino no existe, solo la lucha.

Y hay que elegir...

Agustin dijo...

Siempre me encanta tus realistas y humanos relatos,Este de Laura es melancolico pero me gusta,un saludo mi amigo,

Herep dijo...

Laura tiene un complejo inducido por una sociedad egoísta y viciada.
Como bien dices, hay muchas Lauras... y casi todas prefieren seguir caminando encorvadas.

Otro abrazo para vos, Tío Chinto.

Herep dijo...

Gracias, Clave.
La crudeza a la que se refiere no es más que un sinónimo de la realidad.

Un saludo.

Herep dijo...

¿No existe el Destino, Candela?
Esa podría ser la pregunta del millón.
Reflexionaré cuál es la mejor manera de explicar mi visión sobre la misma.

Un abrazo.

Herep dijo...

Me alegro mucho, Agustín.

Como le decía a Clave, la realidad es la que es, por mucho que la intenten disfrazar con bonitos ropajes.

Un abrazo allende los mares, neozelandés.