Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

7 jul. 2011

Siete de un golpe


En un país muy lejano, no hace mucho vivía un hombre ya entradito en años, en una pequeña casita de madera, muy coqueta, asentada junto a la ribera de un manso río y rodeada por un idílico bosque de hoja perenne… toda ella repleta de telas, retales, agujas e hilo… pues era la casa de un sastre… “el mejor de toda Europa”, solía cantar en la taberna… lugar muy frecuentado por nuestro protagonista, el cual pasaba buena parte del día bebiendo negra cerveza en La Jarra Vacía o en El Barril de Sam, amén de las eternas tardes de pesca o las largas veladas de lectura.

Hete aquí que, un buen día, la vida sosegada de nuestro sastre se vio interrumpida por la visita de un anciano misterioso, semioculto bajo la capucha de una vieja y negra zamarra. El anciano, tras interrumpir la siesta del sastre, pidió un vaso de fresca agua. Vaciado éste, el anciano, con gesto serio, interpeló al sastre.

- Perdone, gentilhombre, ¿es usted el famoso Sastrecillo Valiente, conocido en el mundo entero por sus loadas proezas?

- El mismo –contestó éste mientras señalaba su fornido cuerpo -, pero hace tiempo dejaron de llamarme sastrecillo, como podrán comprobar sus cansados ojos.

- Pero… ¿es usted o no aquel que acabó con los gigantes?... ¿quién derrotó al unicornio e hizo beber al jabalí en sus manos?... ¿y todo de un golpe?

- ¡Siete de un golpe! ¡Exacto, anciano! ¡Ese soy yo! –exclamo el sastre henchido de orgullo. Yo fui el terror de los gigantes y demás bestias infernales… con mi valor y mi astucia me impuse a tan feroces adversarios alcanzando fama y reconocimiento en todas y cada una de las costas de la Tierra.

- Y… ¿aún se dedica al oficio de la... costura? –interrogó el anciano.

- Mmmmm… más bien poco. A lo largo de mis viajes de juventud amasé una pequeña fortuna que bien me ha servido para adquirir esta casita en la pequeña parcela del Edén que tiene ante vos. Me dedico a la vida pausada, principalmente, pero mis manos, aunque temblorosas, aún sostienen con firmeza la aguja y son raudas y veloces en la puntada.

- Me alegra oírle esas palabras pues vengo, en fatigoso viaje, de una tierra lejana en busca del famoso Sastrecillo Valiente.

- Y, ¿a qué debo este gran honor?

- Verá… la tierra de la que procedo se encuentra a mil leguas a pie y, aunque parecida a ésta, es mucho más seca y dura… con gente de buen corazón y gran hospitalidad… pero el Rey, nuestro líder, está bajo el influjo de una maldición…

- ¿Una maldición? ¡Caramba!

- … esto… sí, una maldición… un castigo divino… un fenómeno que no le abandona ni de día ni de noche, minando su moral y su sentido común… colocándolo al borde del abismo y arrastrando, en su caída, al resto de los ciudadanos tras de si.

- Pero… ¿de qué se trata? ¿Qué aflige tan poderosamente la mente de un monarca?

- Verá… de un tiempo acá, han ido apareciendo una… dos… cuatro… ¡hasta siete!... moscas enormes revoloteando sobre la cabeza de nuestro Rey y, tras probar toda clase de remedios, nuestra alteza decidió, bajo sabio consejo de sus asesores, enviarme a buscar al héroe de nuestros cuentos infantiles para que resolviera el entuerto.

- ¿Siete moscas? ¡Siete! ¡Y de un golpe! –espetó el sastre mientras sacudía un imaginario garrote con su desnuda mano -. ¡No se hable más! ¡La ocasión que mis envejecidos brazos estaban reclamando! ¡Partamos ahora mismo hacia tan lejano reino!

Y dicho esto, emprendieron camino a lomos de un negro corcel, hacia el país del anciano y del monarca mosqueado… que no era otro sino Chirigota Española, s.l… el país de las fábulas y los sueños… al que llegaron tras un trayecto de apenas tres días… y donde nadie les recibió en las solitarias calles… abandonadas como los poblados tras el saqueo… en silencio que anuncia duelo…

Una vez en la Corte, a punto de entrar en la Sala del Trono, nuestro sastre acicaló su aguja, comprobó que no estaba anudada la línea del hilo y que las tijeras colgaban de su cinto. Acompañado del inseparable anciano, golpeó con su huesudo puño la puerta y ésta, con un suave sonido de sus goznes, se abrió de par en par.

En la enorme sala de altas columnas de blanco mármol, se hallaba, en el centro, el Trono Real… donde yacía, cabizbajo, el monarca. Monarca que, instintivamente y de forma involuntaria, cada cierto intervalo de tiempo levantaba el brazo como si lanzara una moneda a su espalda. A medida que la pareja iba acercándose al trono, nuestro sastre observó que unos negros puntos revoloteaban sobre la cabeza del rey… y aquellos movimientos misteriosos, un intento por espantar tan molesta… y enorme compañía.

- Sastrecillo… -dijo el anciano justo cuando el monarca alzaba la mirada hacia nuestro héroe… mirada enloquecida que, a medida que enfoca la nueva situación, se va tornando esperanzadora… incluso refleja soberbia -… está ante la presencia de nuestro Rey Zapatero (el Felón), monarca de esta tan querida tierra nuestra… y éstas que revolotean sobre su cabeza son las moscas de las que le hablé… y que, seguros de la fuerza de su puntada sin igual, derrotará para librar a nuestro señor de tan pesada crueldad divina…

… pero tranquilo, tranquilo… no se impaciente… espere un momento, déjeme que le presente a tan desagradables invitados… verá… ¡si hemos tenido tiempo de bautizarlas y todo!... ¡No se extrañe, sastrecillo!... Mire, esta que revolotea por aquí, tan gorda y pesada, es la Mosca Bildu, la muy asesina… y esta otra la llamamos Crisis, a secas… es más delgadita, sí, pero pica fuerte… ¿no me cree?... y esta otra, la Mosca Histórica, que también tiene a nuestro monarca mosqueado, también… ¡no ve cómo su vuelo hace imposible el olvido!... La Mosca Autonómica… de las más cojoneras, oiga… la Misionera… por la religión, que también, también… esta que es más verdosa… esa, esa… pues la llamamos la Emigrante… no me pregunte por qué… no parece de por la zona… y, ¿ve aquella, la que revolotea juguetona?... pues esa es la Mosca del Caos… ¡aterradora!... existen libros donde se dice que es la peor de todas… que, tras ella, tan sólo está la Nada…

… pero… ¿qué pasa? Esto… ¿tiembla, Sastrecillo Valiente?... Escuche… ¡a dónde va! ¡Espere!... ¡No corra!

Pero el Sastrecillo Valiente ya no podía escucharle. Estaba cada vez más lejos… poniendo tierra de por medio entre él y las moscas… y no volvió a su antigua casita junto al manso río y el gran bosque de verdes hojas perennes… no fueran a encontrarle.


En Chirigota Española, s.l., nadie fue feliz ni comió perdiz.

10 comentarios:

Tío Chinto de Couzadoiro dijo...

Ingenioso el relato. Las moscas descubren siempre la mierda.

Maribeluca dijo...

Dan ganas de calzarse las botas de 7 leguas y salir huyendo...

CAPITAN TRUENO dijo...

Botas de siete leguas con turbo, y ambipur extra forte.

Herep dijo...

Buenas Tío Chinto,

Esa referencia a la mierda me vino luego... de casualidad... yo no quería...

Un saludo.

Herep dijo...

Maribeluca,

¿Unas botas de 7 leguas?
Pero... vamos a ver, vamos a ver... ¿algún día podré estrenar mis zapatillas KeliFinder?

Hayyyy....

Herep dijo...

Buenas Capitán Trueno... un honor tenerle por aquí,

Más bien soy de la opinión que no vamos a tener tiempo de nada... tan sólo a salir con lo puesto.

Saludos.

Candela dijo...

¿Y adonde vamos?

Me temo que en Europa tampoco andan sobrados. Que pena que no existan los dragones matamoscas, y que esto no sea un cuento sino la realidad.

Herep dijo...

Buenas Candela,

Espero, que como cuento, no se llegue a realizar jamás.
De todas maneras, me da la impresión que los Años Dorados están tocando a réquiem.
Veremos, veremos...

Un saludo.

lostiposdurosnobailan dijo...

"La Mosca Autonómica… de las más cojoneras, oiga… "
Me has sacado una buena carcajada.
Como confiemos en matagigantes para salir de esta, estamos listos.

Un saludo Herep.

Herep dijo...

Buenas, tipo duro...

Sí que es cojonera, sí...
Me alegra que te rieras un rato... y es que, al mal tiempo, buena cara.

Y eso de los gigantes... bueno, si tu subes a mis hombros, otro a los tuyos y otro más... no hay gigante que se nos resista.

Saludos.