Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

6 jun. 2011

Llamaradas


- ¡Señores… señores, por favor…! ¡Tomen asiento! ¡La rueda de prensa se iniciará en unos instantes! -dijo un señor bajito, rechoncho, de gesto despistado o, simplemente, absorto. Preocupado, tal vez.

Los cientos de periodistas que se agolpaban en la sala cargaron las máquinas fotográficas o encendieron los focos de las cámaras de TV, preparados para no perder detalle de la comparecencia que iba a acaecer. Los golpes y codazos pasaron de suaves caricias a declaraciones de guerra y el pretendido silencio escapó por la ventana.

La puerta se abrió y el Sargento García creyó, por un instante, que había muerto y cruzado, tal y como sucedía en las películas, el negro túnel que llevaba hasta la luz brillante. Así fue la incandescencia de los miles de flashes que inundaron la sala de conferencias de la primera planta. La sala grande… utilizada para los asuntos serios.

Y este lo era.

El sargento García se dirigió hacia el atril que habían preparado para la rueda de prensa. Cuanto antes pase el mal trago, mejor… se decía para sí. Por mucho que se devanase los sesos, no encontraba la razón por la que tenia que ser él la persona encargada de hablar ante la prensa. Un simple sargento… veterano, eso sí… pero sargento, al fin y al cabo. Un suboficial tenía que hacer frente a uno de los mayores desastres modernos… y esa responsabilidad había caído sobre sus hombros… sin comerlo ni beberlo.

Aunque, en el fondo de su corazón, estaba agradecido por la oportunidad brindada por el destino. Vestido con el uniforme de gala, pulcro y aseado, el sargento García iba a pasar cuentas con los responsables… sin pelos en la lengua… hablando claro y con voz firme. Se lo debía a sus compañeros.

Las pesadillas finalizarían… o quizás las imágenes que se colaban en sus sueños le acompañarían el resto de su vida… Pero si había alguna forma de armonizar su alma y tranquilizar su espíritu, era aquella. Intentaría limpiar su conciencia… si no era demasiado tarde, todavía.

- Señores y señoras de la prensa…. esto… ruego me disculpen pues no estoy acostumbrado a lidiar en estas plazas… y menos ante morlacos de tal tamaño… así que… bueno… intentaré hacerlo tan bien como pueda…

Su garganta se secó… instantáneamente… desconectada ante el escenario. El sargento García desabrochó el cuello de su camisa y se aflojó el nudo de la corbata. Siempre odió ese trozo de tela que se anudaba al cuello cual soga y varias horas antes, mientras Marta realizaba la coreografía que requiere un buen nudo, sintió deseos de coger a su mujer del brazo, la cartera, varios papeles y marchar lejos… perderse.

- Jesús… te noto nervioso, mi amor… ¡No quiero que te preocupes, de acuerdo! Tu eres un hombre bueno, mi vida… un hombre bueno…

Un hombre bueno. ¿Qué es eso, Jesús… qué es ser un buen hombre? ¿También le vería así Andrés? ¿Y Héctor… Lucas… Quim...? ¿Sus esposas también le llamarían “bueno”… quizás…?

- A ver… a ver… -espetó el señor rechoncho mientras gesticulaba con sus manos, intentando calmar el ejército de periodistas que se agolpaba ante el atril -. ¡Si no toman ustedes asiento, no va a poder dar inicio la conferencia! Y…

Y… ¿qué?... ¿Conferencia?

-… me gustaría decirles que el formato ha cambiado… órdenes del Ministerio… no, no… tranquilos, el Sargento García explicará los acontecimientos de los últimos días… esto… no se por qué dicen ustedes eso… el Sr. García está perfectamente cualificado para desempeñar esta tarea… no olviden que ha estado en primera línea… al pie del cañón… sí, sí… he dicho conferencia… nada de preguntas, no: el sargento García hablará para los medios pero no vamos a aceptar preguntas por parte de la prensa. ¿Cómo? En los próximos días volveremos a convocarles… posiblemente… no puedo asegurárselo, pero es probable que la próxima vez se admitan… a ver, tranquilícense y vayan tomando asiento…

De pie, ante el esquelético atril, con aquella soga anudada a su pescuezo, el sargento García se vio como el reo que espera la extremaunción. Salir, hablar, varias preguntas y listo, García… algo fácil, ya verás… pero ahora le cambiaban el guión, de improvisto… sin consultar ni advertir. Dejaba de ser testigo para transformarse en reo… en cabeza de turco.

Marta… seguro que tu ya lo sabías, mi amor… tu siempre lo sabes todo… un hombre bueno, Marta… un hombre bueno…

De repente, el nudo de la corbata ya no le apretaba y los flashes, interminables, no molestaban su retina. La mirada del sargento García se posó en un punto, al fondo de la sala, sobre una estantería, donde descansaba un casco viejo y desgastado… amarillo… una reliquia…

- Señores y señoras… tal y como les iba diciendo, voy a intentar explicar qué está pasando exactamente… o intentaré explicarlo dentro de mis capacidades….

Flash. Flash. Flashes. Flashes y codazos.

-… que son pocas. Me llamo David García, y soy sargento del Parque de Bomberos de Toledo. El pasado día 1 recibimos un aviso de incendio en el Parque Nacional de Cabañeros… más o menos después de comer. Hacia allí se desplazaron tres dotaciones a mi mando. A media tarde, sobre las 18:00 horas y mientras atacábamos el foco del incendio, recibimos una llamada urgente de centralita alertándonos de otro incendio… el de sierra de Rocigalgo… al que me dirigí en uno de los jeeps, mientras dejaba a mis hombres trabajando las llamas.

- ¿Usted cree que son provocados?

- ¡Señorita! ¡No están permitidas las preguntas, entiende!

-… esto… Bueno, el segundo incendio quemaba con fuerza y tenía varios frentes activos… uno al sur… preocupante… Pero llegaron noticias de otro incendio en la Sierra de Guadalupe… y fue en ese momento cuando llamé a mi superior. El día no era excesivamente caluroso… y tantos incendios… Recibí llamadas de varios parques de bomberos y varias de Consejería, pidiéndome información. A las 20:00 horas aplicamos los protocolos de emergencia y llamamos a todos los retenes: a los tres fuegos se añadían siete más en las diversas provincias de Castilla La Mancha y, aunque no estaba confirmado, se hablaba de quince incendios más en las provincias limítrofes andaluzas.

- ¿A las ocho tan sólo tenía noticia de… mm… de dieciocho incendios?
Alguien de entre el público se levantó de su asiento, se acercó a la periodista que había osado abrir la boca y, agarrándola del brazo, la invitó a salir de la sala.

- Estuvimos toda la noche en el Cuartel General que organizamos a las afueras de Robledos… y allí fue desde donde coordinamos las dotaciones y los voluntarios. Yo no me enteré de los demás incendios hasta pasadas las 18:00 horas del día 2… justo después de haber perdido a cinco de mis hombres en el Parque Nacional… ¿entienden?... Investigábamos qué sucedía cuando llegó la noticia del desastre… ¡cinco!... ¡me oyen!... la atmosfera estaba plagada de humo y ceniza… llegaban noticias de incendios por todas partes… a las afueras de Cuenca, en Albacete… ¡toda la sierra de los Montes de Toledo estaban en llamas!... y cinco de mis hombres estaban muertos…

Jesús… tranquilo, amor… Acuérdate, hombre, que eres ceniza…

- … y, bueno… de los incendios de los demás lugares… de eso no puedo decir nada. Tan sólo las noticias que escuchábamos en los transistores. ¿En Andalucía, Extremadura, el País Vasco…? ¿El desastre en Aragón y Cataluña…? Sí, algo me llegaba. Como aquí, más o menos… Pero los incendios de mi tierra sí que los conocía… y sufría. Ver cómo ardía Toledo, Cuenca, Guadalajara… las catedrales… el Alcázar y la Puerta de Bisagra… Todo ardía bajo la roja llama, señores, y los bomberos moríamos, impotentes. Vimos como ardía el nuevo aeropuerto de Ciudad-Real, los parques móviles, las hípicas y los cortijos de caza…

- ¡Bueno, señores! Eso es todo por hoy… el sargento García está muy afectado por lo sucedido. Dejémosle descansar. Recordemos que lleva siete días luchando contra esta catástrofe.

-… y ardía… ehh... ¡No! ¡No! ¡Ni hablar! ¡No estoy cansado, señor! ¡No he venido aquí para dar lástima ni a que me compadezcan! ¡Yo luché contra el fuego… y he perdido a cinco de mis amigos… y no voy a callarme, no! Por mucho que me diga… Todo ardía, pero los bomberos sabíamos que aquello no era normal. ¿Un ataque terrorista? Quizás… aunque a las pocas horas los oficiales y suboficiales del Cuerpo de Bomberos ya habíamos descartado la idea. Era tan simple como mirar al cielo…

Flash. Flash. Flashes. Flashes y codazos.

- … y ver la oscura niebla que flotaba sobre nuestras cabezas… sobre Toledo, Guadalajara, Barcelona o Sevilla… escudriñar el característico olor del papel quemado… localizar la pavesa frágil cual negra pluma, balanceándose en el aire… flotando… posándose sobre las ramas de viejos pinos, roídas vigas o techadas de plástico… Pavesas nacidas de esos improvisados hornos en que convirtieron las Administraciones Públicas y todos sus tentáculos… quemando día y noche blancos papeles… sedosas facturas o sucios documentos que, subiendo por las chimeneas, se transformaban en negras pavesas incandescentes que viajaban… lejos… cruzando los verdes montes. Ésa es la causa de todos estos incendios –dijo la garganta libre del sargento García, trasladando el nudo al gaznate del señor rechoncho y, ahora, pálido- que queman media Castilla La Mancha… y media España.

El rugido de las voces y el destello de los flashes destruyeron el ambiente de la sala ahogando sus últimas palabras antes de finalizar la conferencia. Los periodistas, exaltados, se abalanzaron sobre el atril sin escuchar al sargento García decir que él era un bombero, encargado de apagar fuegos pero ahora que había creado uno, correspondía a otros atacar el foco y romper el frente… y que él, David García, era un hombre bueno.

1 comentario:

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

¡Herep, me has tenido en ascuas hasta el último momento"
¡Muchas gracias por otra de tus grandes narraciones, una verdadera "mini novela!
Con afecto
Asun