Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

16 jun. 2011

Escalofríos


Llevamos horas caminando por esta senda desdibujada intentando alcanzar el Refugio del Sur, junto al rio Odiel, cerca de su desembocadura. Salimos hace tres meses del campamento Hermandad, al Norte, cerca de donde no hace mucho tiempo se erigía el pueblecito de Figueras.

Hoy en día no queda de ella ni el recuerdo… tan sólo vagas imágenes de un tiempo mejor se despiertan en intermitentes ensoñaciones, sin motivo aparente. De igual modo, causándome profunda emoción, algunas ocasiones el recuerdo viene disfrazado de fragancia… un olor de la infancia… un perfume… que se cruza a mi paso, transportándome a otro lugar… salvándome de esta cárcel de penumbra, hambre y fío.

Y soledad… a pesar de que, a mi lado, andando el mismo camino al mismo paso mortecino, viene mi hijo… pobre… un chaval de nueve años blanco como la nieve que pisamos, de ojos claros y mirada triste… frágil, pero fuerte a la vez. Está obligado a serlo. Si no fuera así, haría tiempo que andaría realmente sólo…

No podré olvidar, a pesar de las penurias y del dolor que me causa, la noche de aquel Agosto… creo que era Agosto… cuando informaron por TV del enfriamiento del Sol… o eso me pareció entender, allí de pie, mientras agarrafa una cerveza de la nevera, antes de cenar con mi esposa…

Ruth… ha pasado tanto… he pasado… bueno… hemos pasado tanto… Esforzándome, algunas noches, mientras yacemos acurrucados en cualquier rincón para intentar dormir un rato, me viene al recuerdo tu cara, difuminada… tu pelo sedoso… tus labios… tus manos… esas manos que se escurrieron de las mías hace ya una eternidad, cruzando aquel maldito puente… Se fue… Cayó… y yo sigo gritando, alargando mi mano, mientras la veo caer… viendo sus ojos aterrorizados clavados en los míos. Joaquín, que apenas tenía tres años, no recuerda nada de su madre… tampoco su cara… y cuando veo su mirada azul y su silencio perpetuo, se me rompe el alma… ¡Lo amaba tanto! ¡Mi pequeñín… mi tesoro!, decías mientras girabas y girabas, montada en tu propio tiovivo, cogiéndolo en brazos, bañados los dos en carcajadas y felicidad.

Mi hombretón olvidó tu hermosa faz… y yo no recuerdo tus risas. Ninguna. Ni las suyas.

Intentamos huir… correr… y eso fue lo que nos salvó. El fenómeno, consistente en una reducción de la actividad del Sol, trajo una bajada de las temperaturas justo cuando, desde hacía varios años, el bombardeo mediático protagonizado por el Calentamiento Global del planeta Tierra estaba en pleno apogeo. Por doquier aparecían expertos y asociaciones de científicos que alarmaban sobre el aumento de las temperaturas, la desaparición de los casquetes polares, agujeros en la capa de ozono, la radicalización de los climas… sequías, hambrunas, enfermedades de la piel…

… y, una noche… esa noche que tanto gusta de pasear por mi recuerdo, todos los noticiarios, fueran de TV o de radio, adelantaron la noticia que sería primera página en todos los diarios del mundo: El Sol se enfriaba. Entraba en un periodo menos activo. Ardía menos. Y todos respiraron tranquilos, pues las plagas bíblicas iban a retroceder, como las temperaturas, y el hombre podría sentirse a salvo… había salvado la Tierra.

Pero las plagas vinieron en forma de alteraciones en el clima… y frío. Aquel Agosto no brilló el Sol… estaba, pero no calentaba… y todo se volvió loco: las lluvias, los huracanes en el Mediterráneo, los ríos desbordados… y un prematuro Invierno. Aquellos que conocemos la agradable sensación que producen los rayos del Sol cuando, una tarde de lluvia, asoman tímidos tras las nubes, supimos que aquello era malo... y lo fue, pues el Invierno se quedó. Vino con sus nieves y sus hielos... y éstos no se han ido aún.

Cosechas arruinadas, hambre, guerras… revoluciones… nada de aquello lo vieron nuestros ojos. Ya andábamos. Llevamos andando… cuatro… ¿cinco años?... no sé. Algunos días, cuando pasábamos cerca de un pueblo, nos enterábamos de lo acaecido leyendo viejos periódicos y preguntando a quien veíamos cuerdo… pero, poco a poco, nos fuimos encontrando solos.

La cordura había desaparecido… al igual que el calor.

Ahora, aquí sentado, en esta vieja granja de pollos… vacía… escribo esta nota… tranquilo, después de todo. El chaval duerme, el pobre… y hace bien. Mañana será un día duro. Si todo va como tengo planeado, llegaremos al Refugio del Sur antes de que se ponga este triste Sol… espero encontrar a alguien… aunque no tengo muchas esperanzas. Podría ir al Oeste… pero allí también han llegado los hielos… ¡Y el Sur!... ¡Todo es hielo en esta tierra dura!... no sé… veremos qué sucede.

Posiblemente no andemos más… total… ¿qué podemos hacer los hombres ante esto?... estaría bien encontrar alguna casita, por muy pequeña que fuera… ¡vaya lujo comparado con estos años!... y podernos quedar allí, viviendo… quemando madera y comiendo raíces… esto no puede durar, ¿no?... encender un fuego cada noche… que el niño viva algo, también… y hablarle de su madre. De ti, Ruth. Intentar que recuerde tu cara… y tu aliento.

Estaría bien.

2 comentarios:

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

¡Hola Herep! Otro de esos relatos tuyos maravillosos en donde la ficción se funde con la realidad...me quedo con un regusto a desesperanza pero lo he disfrutado...
¡Un abrazo, genio!
Asun

Herep dijo...

Buenas, Asun
Para escribirlo, pensé en una película que se llama The Road, de Viggo Mortensen... aunque nunca la he visto del todo...
Y que no te moleste el regusto...la desesperanza y la esperanza son dos caras de una misma moneda.

Un saludo, bloguera.